Fe que no se traduce en obras: la advertencia de Pablo a los Gálatas
La liturgia católica de este martes 13 de octubre abre con la carta de san Pablo a los Gálatas y cierra con el evangelio de Lucas en el que Jesús come en casa de un fariseo y le dice que limpiar la copa por fuera mientras por dentro rebosa rapiña y maldad no es piedad.
El pasaje de Gálatas es una advertencia contra el yugo. Pablo escribe que
«para la libertad nos ha liberado Cristo» y avisa de que quien pretende justificarse cumpliendo la ley mosaica —circuncidarse incluido— rompe con Cristo y sale del ámbito de la gracia. La frase que sostiene todo el día es la del versículo 6: en Cristo nada valen circuncisión ni incircuncisión,
«sino la fe que actúa por el amor».
Qué significa «dad limosna de lo que hay dentro»
El evangelio de Lucas 11, 37-41 recoge la escena. Un fariseo invita a Jesús a comer, se escandaliza porque no se lava las manos antes de sentarse a la mesa, y recibe una respuesta:
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad». La conclusión no es un ritual más, sino una inversión: dar limosna de lo de dentro y entonces todo estará limpio.
La reflexión dominica que acompaña las lecturas insiste en ese punto. La limosna, dice, no es dar sino
darse. El comentario de Carlos Pérez Laporta lo lleva al terreno incómodo: hay que dar limosna desde la propia miseria, desde las heridas propias, y atender al enfermo desde los dolores propios. Solo así, sostiene, se ama con el mismo amor que no se dio.
El fariseísmo que sigue vivo en el cristianismo actual
El texto de la Fraternidad de Laicos Dominicos no se queda en el siglo I. Reconoce que el problema del cumplimiento vacío
«sigue hoy ocurriendo en muchas religiones y también en el cristianismo». Enumera, sin paños calientes, los rincones donde anida: envidias, rencores, odios, crisis, miedos y contradicciones que conviven con la práctica religiosa sin que nadie los audite.
Frente a eso, la propuesta es una conversión de dentro hacia fuera. La liturgia, los sacramentos, la devoción mariana y el cuidado de las formas solo tienen sentido, según esta lectura, si antes hay un corazón entregado. La crítica de Jesús al Templo y al sábado apunta en la misma dirección: la forma sin fondo es una carcasa.
Oración, apotegmas y una petición que no es teológica
La jornada litúrgica se completa con la coronilla de la Divina Misericordia a las 15.00, además del santoral y la homilía del padre Santiago Martín. Entre los materiales compartidos aparecen los apotegmas de los Padres del Desierto, esa colección de sentencias breves compilada en el siglo XVII por el jesuita Heribert Rosweyde.
Y una petición que rompe el tono doctrinal: oraciones por una mujer zaragozana a la que los médicos dan menos de dos meses de vida y que busca hogar para sus dos perros.
«Alguien que los adopte y los quiera mucho». La fe que actúa por el amor, en su versión más terrenal, también pasa por encontrar familia a dos animales antes de que se apague la luz.
Con estos mimbres, la predicción es incómoda: mientras el debate público siga midiendo la religiosidad por lo que se ve —la copa limpia, la mano lavada, la procesión en orden—, la brecha entre el dentro y el fuera seguirá siendo el único milagro que nadie discute.