Del «vago» al «que reviente todo»: el hilo del IMV se radicaliza
El hilo sobre la subida del IMV ha entrado en una fase de máxima hostilidad. Entre el 20 y el 21 de octubre de 2026, los mensajes ya no discuten cifras ni requisitos: se cruzan descalificaciones personales, se propone retirar el derecho al voto a los perceptores y se relatan experiencias personales que mezclan la crítica al sistema con la tentación de abandonar el empleo. La conversación se ha partido en dos bloques que ya no hablan entre sí.
Qué se ha sabido
En este tramo no aparecen fuentes nuevas ni datos oficiales. Los únicos números que se manejan son los que ya estaban sobre la mesa: la subida del **11%** que repite MaGiVer, los **30 euros** de incremento que menciona Antiparras y los **400 y pico** euros de una paga antigua que cita Radhei. Nefersen aporta un dato de comparación: en Inglaterra, según su experiencia, las oficinas de empleo tardan **día y medio** en colocarte. Frente a eso, describe las españolas como «cementerios de funcicharos navegadoras de Facebook». No hay enlaces ni noticias nuevas. El único contenido externo es una imagen de Iñigo Errejón que se enlaza sin comentario y que queda fuera de la discusión.
Dónde está la bronca
El choque ya no es entre partidarios y detractores del IMV, sino entre quienes creen que el sistema está roto y quienes creen que los perceptores son el problema. Midelburgo y fluffy defienden abiertamente que **«el que cobra paguita pierde derecho a voto»**. La idea se repite sin matices: si tienen que elegir, ya sabemos qué van a elegir. Es la propuesta más extrema del tramo y no encuentra réplica directa.
ATARAXIO ataca por otro lado: sostiene que subir el salario mínimo deja fuera del mercado laboral a «inútiles incapaces» y que solo consigue inflación, «robar la mitad de los ahorros» y una «quita bancaria encubierta». Su argumento es economicista, pero el tono es de desprecio hacia quien no alcanza esos niveles de productividad.
La respuesta más dura llega de quienes se sienten señalados. Trabajar para el enemigo acusa a los perceptores de «robar el dinero de los curritos que madrugan» y añade que en España «no cabe un lame manos más». Calzonazos y Burubux vierten amenazas e insultos que no se reproducen aquí. Gpm y Vázquez de Coronado acusan al autor del mensaje inicial de ser un parásito y un traidor, y le auguran que el «chollo» se acaba. Felson, que se presenta como extranjero, intenta un argumento distinto: si le suben el sueldo pero le suben más lo que tiene que pagar para ir a trabajar, no le compensa.
En el otro extremo, blancoyenbotella defiende que si se ha «tercermundizado» el país y se ha traído a gente de fuera para reemplazar a los trabajadores locales, es justo que se dé un IMV a los españoles afectados. Es la única intervención que introduce el factor migratorio como argumento a favor de la prestación, no en contra.
Qué cambia respecto a antes
La discusión sobre el porcentaje de subida ha desaparecido. Ya nadie discute si es un 11% o un 14%. El terreno se ha desplazado a la legitimidad moral de cobrar y a la conveniencia de trabajar. Radhei, que antes se limitaba a corregir cálculos, ahora cuenta el caso de una prostituta que cobraba una paga y luego pidió el IMV, y concluye que prefiere que cobre y deje en paz a los enfermos. También anuncia que él mismo se ha pasado a listas de oposiciones y que, cuando reforme su casa, piensa «pasar al lado de cobrar sin trabajar y que reviente lo que tenga que reventar». Es un giro personal que resume el tono del tramo: el hastío se impone a la argumentación.
Nefersen aporta la única propuesta constructiva: que el IMV se otorgue con obligación de búsqueda activa de empleo y con oficinas de empleo que crucen ofertas y demandas como, según él, ocurre en Inglaterra. Pero su diagnóstico de las oficinas españolas como cementerios de funcionarios que navegan en Facebook coincide con el desprecio general hacia la administración.
El hilo no se cierra. La conversación sigue atascada en el insulto y en la descalificación, sin que nadie haya respondido a la propuesta de quitar el voto a los perceptores ni a la de reformar las oficinas de empleo.