Del vídeo de YouTube al robot que vigila y denuncia
El hilo arranca con un vídeo de YouTube y en menos de dos páginas ya nadie habla de precio. Se habla de cámaras, de servidores del ministerio y de un modelo que, dicen, te denuncia por
violencia de género para dar más realismo. La conversación se ha desplazado de la cartera a la puerta de casa.
Qué se ha sabido
Aquí no hay cifras nuevas. El único material que entra es
, un vídeo que se comenta sin enlazar noticia, y un enlace a
una noticia sobre un robot con sexo oral que aparece en el tramo. Nada más. Ni precios, ni fechas, ni fuentes oficiales. Lo que sí se repite es la idea de que los términos de uso van a ser el campo de batalla: un participante pide que figure por escrito que si el robot "friendzonea" al cliente, hay devolución, y otro reclama un botón de reseteo a estado de fábrica para empezar de cero. La sospecha técnica se concreta: alguien avisa de que en vez de ojos llevarán cámaras y de que conviene revisar el wifi. La respuesta es la cinta aislante. Tapar todo lo que parezca una cámara. Es el consejo más repetido del tramo.
Dónde está la bronca
El choque ya no es entre negocio y prohibición. Es entre los que ven un electrodoméstico y los que ven un confidente. Un bando pide un robot que cocine, friegue, lave, planche y quite el polvo; lo de follar, dicen, está sobrevalorado. Otro responde que con que haga las labores de casa basta, que para lo demás ya se apañan. Y un tercero avisa de que el sexo está hecho para dar y recibir, que si solo das te quedas seco, y que esto intoxica a los más jóvenes. La discusión deriva hacia la competencia: alguien sostiene que por fin las mujeres tendrán competencia y tendrán que ser más simpáticas si quieren un hombre. Frente a eso, otro responde que prefiere mujeres empoderadas a morir atacado por una bestia o por el vecino que quiere su grano. La ironía se cruza con la política: un participante asegura que por normativa estarán conectadas 24/7 a los servidores del ministerio de igualdad y que a la mínima tendrás a la policía llamando a la puerta. Otro lo remata: van a sacar un modelo que te "viogeniza" para darle más realismo. Y un tercero añade que lo grabarán todo, sin decir por dónde va.
El tramo tiene su propia guerra de expectativas. Un participante dice que aún no se les ve realistas y pide que le avisen cuando no se sepa si son humanas o robots. Otro pide una mujer robot cocinera, amante y máquina de matar todo en uno. La respuesta llega rápida: saldría muy cara tanta versatilidad, será más difícil de reparar y el protocolo "cuidar ancianos" no es compatible con el de "máquina de matar". También entra la carcajada sobre las caras: alguien predice que legislarán para que no puedan tener caras aniñadas. Y el uso doméstico se impone en varios mensajes: lentejas, pañales, pastillas. Si hace buenas lentejas, uno pide dos, rubia y morena.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el debate del precio. Ya no se discute cuánto costará, sino quién mirará. La predicción del tramo anterior sobre la prohibición en Europa no se retoma; lo que entra es la vigilancia doméstica, la grabación permanente y la denuncia automática. El asunto nuevo es el control: cámaras, servidores, cinta aislante y un robot que puede denunciarte. La conversación sigue sin resolverse. Nadie ha dicho todavía si el robot discute por cualquier chorrada o si se queda callado.