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Resumen del debate: Por fin se empieza a decir la verdad: la GENÉTICA y no solo la clase social crea grandes desigualdades. Esto tiene implicaciones en la inmi gración.
RESUMEN DEL DEBATE · 25 respuestas · actualizado el 18 Oct 2026
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La genética también crea desigualdad: el debate que incomoda a la izquierda
¿Cuánto de lo que consigues depende de ti y cuánto de la lotería de nacer con unas capacidades, en un sitio y en una familia? La filósofa política Jahel Queralt (Alcanar, 1982) sostiene en el ensayo «Nadie merece nada» que la izquierda ha olvidado la meritocracia y que le cuesta asumir que la genética, y no solo la clase social, genera grandes desigualdades. La afirmación, que la autora plantea como correctivo al relato de la hormiguita y la cigarra, ha abierto una discusión que va del determinismo biológico a la política migratoria.
Queralt no niega el esfuerzo. Lo desactiva como explicación única. «Incluso la capacidad de esfuerzo nos viene dada», argumenta, y recuerda que quien sube desde abajo suele olvidar a los que nacieron en su mismo lugar y no llegaron «por falta de carisma o porque entraron dos minutos tarde a una entrevista». El azar de la frontera, el entorno, la familia y las capacidades dadas pesan tanto como la voluntad. La consecuencia incómoda: si el punto de partida no es homogéneo, exigir resultados idénticos es una ficción.
De la meritocracia a la inmigración: el salto del debate
El paso de la filosofía a la política migratoria lo da una parte de la discusión, que lee en esa tesis un aval para replantear los flujos: si las poblaciones difieren en capacidades y ritmos de adaptación, importar millones de personas no igualaría resultados a largo plazo. Es la lectura que defiende quien abre el intercambio, para quien la inmigración «nunca ayuda si no son poblaciones parecidas». La afirmación no es un dato, es una hipótesis política que el ensayo no formula y que conviene separar del texto de Queralt.
Porque la filósofa habla de individuos, no de países. Su meritocracia se apoya en dos pilares: eficiencia —elegir al mejor para el puesto— y justicia —si al mirar a los mejores solo hay hombres o blancos, el criterio está legitimando un privilegio—. De ahí su reproche a las élites, más que a la derecha: el relato del «nos lo hemos ganado» presenta la posición propia como legítima y consuela al de abajo con un «si te esfuerzas, podrás» que no siempre se cumple.
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El determinismo genético y sus límites
La discusión derivó pronto hacia el terreno resbaladizo de las razas y la herencia. Frente a quienes niegan cualquier diferencia entre poblaciones, otra corriente del intercambio sostiene que el determinismo biológico es una evidencia silenciada por corrección política. El problema de ese salto es doble: confunde diferencias individuales con jerarquías colectivas y convierte una observación sobre el azar en una excusa para no corregir el entorno. La propia Queralt advierte contra la cara B del orgullo, el lenguaje de la culpa que señala al que se queda atrás por no esforzarse.
Hay un detalle que ilustra la trampa. La autora cuenta que intentó preguntar a Michael Sandel, crítico de la tiranía del mérito, cómo encaja su crítica a los privilegios heredados con las ventajas que él mismo transmite a sus hijos. Sandel sonrió, prometió responder al final y dejó correr el reloj. No hubo un después. Cuando el privilegio toca de cerca, casi nadie quiere mirar.
Qué queda del esfuerzo si el punto de partida no es igual
La pregunta de fondo no es si la genética importa, sino qué se hace con eso. Convertirla en coartada para cerrar fronteras es tan tramposo como negarla para no tocar las oportunidades. Queralt defiende seleccionar al más capacitado en un contexto de oportunidades justas, y ahí el debate sigue abierto: nadie ha demostrado todavía cómo se iguala lo que la naturaleza reparte desigual.
El resultado es una incomodidad compartida. Unos acusan a la izquierda de ignorar la biología; otros, a los deterministas de disfrazar de ciencia una jerarquía. Mientras tanto, la meritocracia sigue vendiéndose como ascensor y funcionando como filtro. La hormiguita trabajadora, resulta, también tuvo suerte.
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La genética pesa y hay que asumirlo45%
Solo hay una raza y el entorno manda30%
La tesis se usa para cerrar fronteras25%
📌 DATOS
Jahel Queralt nació en Alcanar en 1982
Es profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿La genética determina el éxito económico según este planteamiento?
No de forma determinista. Queralt afirma que las capacidades y hasta la facilidad para esforzarse vienen dadas en parte, pero insiste en corregir el entorno y las oportunidades. La genética sería un factor entre varios, no una sentencia sobre lo que cada persona puede lograr.