Gana el PP, pero no logra la alianza con Vox: la carambola de 2023 vuelve a estar sobre la mesa
La duda no es si el Partido Popular será el más votado. La duda es si ese triunfo en las urnas se traducirá en un gobierno. El escenario que se plantea es idéntico al de 2023: el PP gana en votos y escaños, pero no alcanza la mayoría absoluta y la suma con Vox no llega a los 176 diputados. La aritmética, no la política, decide quién manda.
Según un cálculo que circula en el análisis electoral, el bloque de la derecha rondaría el 50% de los votos, lo que se traduciría en algo más de 190 escaños. Si esa cifra se confirma, la investidura estaría garantizada. Si se queda en el 45% que sumaron PP y Vox en las últimas generales, los 170 diputados no bastan. La horquilla entre ambos escenarios es la que decide si hay carambola o hay repetición electoral.
El 2% que se va a la basura y los nueve escaños que cambian de manos
El factor que más distorsiona el reparto es la irrupción de un partido que no estaba en el tablero en 2023. Ese espacio, que en las últimas elecciones no existía, capta ahora un porcentaje del voto que se traduce en un puñado de escaños. Según un cálculo que circula, ese 2% residual se traduce en aproximadamente nueve escaños que dejan de engrosar las filas del PP y de Vox. La resta es simple: lo que uno gana, el otro lo pierde.
La paradoja del sistema electoral español es que castiga a los partidos pequeños cuando su voto está uniformemente distribuido y premia a los que concentran apoyos en determinadas provincias. Un partido de ámbito estatal necesita superar el 15% para que su porcentaje de escaños iguale al de votos. Por debajo de ese umbral, el sistema le paga menos de lo que le da. Por encima, le paga más. Vox, con un 12% de voto en las últimas generales, se benefició de tener pocos votantes en unas zonas y muchos en otras. Con un 12% uniformemente repartido habría obtenido muchos menos escaños.
¿Por qué las encuestas hablan de 200 escaños si Cataluña no se toca?
Hay un dato que no cuadra. Las encuestas que otorgan al bloque de la derecha cifras cercanas a los 200 escaños chocan con una realidad: sin rascar casi nada en Cataluña, es imposible llegar a esas cifras. La suma de PP y Vox en las últimas elecciones fue de 170 diputados con un 45% del voto. Para pasar de 170 a 200 hace falta crecer mucho en territorios donde el voto no se mueve. Algunos análisis sostienen que esas encuestas están infladas para movilizar al votante de izquierdas. Otros creen que el crecimiento en provincias pequeñas puede compensar la sequía catalana.
La mayoría absoluta está en 176 escaños. Con esa cifra, el Gobierno de PP y Vox estaría garantizado, como ya ha ocurrido en comunidades autónomas donde ambas formaciones gobiernan en coalición. Sin ella, el escenario se complica. No es descartable que el actual presidente del Gobierno siga en funciones durante meses si la investidura no sale. La paradoja es que quien gana las elecciones puede no gobernar, y quien las pierde puede seguir en La Moncloa.
El bloque de la izquierda y sus socios: la alternativa que nadie descarta
La otra carambola posible es la que ya se dio tras las elecciones de 2023: un bloque de izquierdas y nacionalistas que suma más que la derecha. La suma de PSOE, Sumar, Podemos, ERC, Junts, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria podría volver a superar los 176 escaños. Es la aritmética que permitió la investidura de Pedro Sánchez y la que podría repetirse si el PP no logra la mayoría absoluta.
El problema para la derecha no es solo Vox. Es que la fragmentación del voto conservador en un partido emergente puede dejar al PP sin socios suficientes. La pregunta que sobrevuela el análisis es si el PP preferiría gobernar con Vox o dejar gobernar a la izquierda antes que ceder a las exigencias de sus socios. La historia reciente dice que la coalición es posible, pero no gratuita.
Con estos números, la carambola de 2023 no es una hipótesis remota. Es un escenario que encaja con la aritmética actual. La diferencia entre gobernar y quedarse en la oposición depende de un puñado de escaños que se mueven en provincias pequeñas. Y de un 2% de voto que, en el sistema español, vale más de lo que parece.