Del «paquismo» al becario indio: el hilo se desmadra
La comparecencia de Óscar Puente se merienda el hilo. El ministro no construye relato, según varios foreros, y eso dispara las teorías. Un participante abre con el
paquismo como diagnóstico: un sistema crítico no puede depender de un corte de suministro ni del fallo de un servidor. A partir de ahí, el hilo se parte en dos: los que buscan culpable fuera y los que lo buscan dentro.
Qué se ha sabido
Poco y contradictorio. Un forero que dice trabajar en el sector suelta la explicación técnica más concreta del tramo: en una autorización de rebase de señal la velocidad máxima no puede pasar de
40 km/h, menos aún si hay agujas, y si no opera un sistema de seguridad como el LZB se establece un bloqueo degradado. Nunca, dice, se puede dar orden de marcha normal al tren. Es su versión, no un comunicado oficial.
Otro participante apunta a la sala de control de ADIF en Atocha: según su lectura de la comparecencia, el ministro habría señalado que desde allí se dio orden de circular con normalidad al AVE de Renfe, mientras despachaba rápido lo de la avería que tumbó los sistemas de seguridad. Y deja dos versiones sobre la mesa: que el AVE reinició la marcha de forma errónea o que fue el Iryo el que no lo hizo.
Quién de los dos la cagó, a saber.
Aparece Stuxnet como precedente: un forero recuerda que fue el primer gusano diseñado para sabotear infraestructuras físicas críticas, atacando controladores lógicos programables de Siemens en instalaciones nucleares, y detectado en junio de 2010. Su conclusión: si alguien pincha un USB infectado, a saber qué entra. También se menciona, sin más recorrido, al becario que según un mensaje jodió Bankinter días atrás.
Dónde está la bronca
El choque es de arquitectura, no de política. Un participante zanja que un sistema crítico no debe tener acceso a redes externas, así que lo del hackeo con IA no cuela. La respuesta llega por el flanco humano: el aislamiento no sirve si alguien conecta un USB o si el personal usa esos equipos para lo que no debe. Ahí entra la desconfianza en el factor interno, con un forero imaginando el escenario doméstico de equipos críticos usados para tareas ajenas.
La otra bronca es sobre la comparecencia. Un mensaje la califica de pésima, sin relato, con un ministro nervioso, y anuncia dimisión para hoy mismo. Frente a eso, otro recoge lo que le cuentan sus compañeros: que no tiene por qué renunciar, con el argumento de que por el Yak 42 tampoco renunció nadie. La exigencia de responsabilidad se mezcla con la sospecha de que se está encalomando el asunto a un trabajador de la sala de control. Y la frase del principio —los accidentes ferroviarios como excepcionalidad en este país— se repite con retintín:
cuántos llevamos ya.
El resto es la lista de culpables en modo sátira. Franco desde una dimensión paralela, Rusia, la ultraderecha, Elon Musk, el cambio climático, los hackers del apagón, China, Israel. Un forero resume el cansancio:
¿qué más queréis joder?. Otro añade a los Reyes Católicos y a Vito Quiles. La ironía se agota a sí misma y vuelve al principio: nadie ha cerrado si fue bug o intrusión.
Qué cambia respecto a antes
Entra el detalle técnico del rebase y del bloqueo degradado, que desplaza la discusión del «quién» al «qué protocolo se saltó». También entra Stuxnet como precedente real de sabotaje a PLC, lo que da munición a la vía del USB infectado. Y aparece la sala de control de Atocha como posible origen de la orden. La predicción de dimisión inmediata queda lanzada, sin confirmación en el tramo. El hilo sigue sin resolver lo esencial: si el fallo fue informático o provocado.