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Resumen del debate: Libros
RESUMEN DEL DEBATE · 15 respuestas · actualizado el 25 Oct 2026
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Del noir nórdico a Pradera: qué leen los que ya lo han leído todo
Hay un momento en la vida de todo lector voraz en que las listas de superventas dejan de servir. Se han leído a Luca de Tena, a Puzo, a Dumas y hasta el Macondo de García Márquez, y el estante empieza a pedir otra cosa. La conversación que arranca con una petición de libros que dejen «en vilo» acaba derivando, tras varias cribas, hacia un territorio bastante menos transitado: el noir de tipos duros, los autores de culto y, en un giro inesperado, la doctrina política del tradicionalismo español de los años treinta.
El primer filtro funciona como una máquina de descarte. Cada tanda de recomendaciones —Winslow, Ellroy, King, Hammett, Capote, Highsmith— vuelve con la misma respuesta: ya leídos. El umbral sube hasta que el criterio se desplaza del título al autor. Ahí aparecen los nombres que separan al aficionado del coleccionista: Jim Thompson, David Goodis, Chester Himes, Charles Willeford, James Sallis, Derek Raymond y George Pelecanos. La descripción que se hace de ellos no es amable: fábricas de mala leche, perdedores con niebla y alcohol, policías de Harlem que hacen reír y apretar a la vez. Nada de épica de cartón.
Jens Lapidus y el envoltorio del noir nórdico
El salto al norte de Europa llega con Dinero fácil. Sobre Jens Lapidus el veredicto es de doble filo. A favor: abogado penalista reconvertido, escribe de trapicheos y blanqueo como quien ha estado al otro lado de la mesa. En contra: la prosa va a base de brochazos y en las continuaciones se le ve el andamio. Y una advertencia sobre el marketing: se le vendió como si fuera Wallander cuando no tiene nada que ver.
Con Stieg Larsson la cosa se pone más áspera. La trilogía de Los hombres que no amaban a las mujeres se califica de thriller de aeropuerto con una capa de mensaje que le va grande. Se concede que el misterio familiar engancha —de ahí su éxito planetario—, pero se señala que el autor no era estilista, que la protagonista cae en ciertos tics y que hay párrafos prescindibles. La pregunta sobre el orden de lectura se despacha casi como provocación: Lisbeth es la misma escalera en los tres tomos.
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¿Influyó Víctor Pradera en el Movimiento Nacional?
El hilo cambia de registro cuando entra en escena El Estado Nuevo, de Víctor Pradera (1935). La respuesta matiza el mito: sí es doctrina pura —catolicismo como fundamento, sufragio orgánico, corporativismo, entierro del liberalismo y del parlamento de partidos—, pero no fue la fuente única del régimen. Pradera murió en el 36 y no vio aplicado ni el prólogo del invento. Lo que sí caló fue su arquitectura orgánica de las Cortes, con el tercio familiar y la representación sindical, despojada del foralismo carlista que él defendía. Cogieron el mueble y tiraron la raíz.
La conversación no cierra el asunto. Queda la comparación con el Discurso sobre la dictadura de Donoso Cortés y la pregunta de hasta qué punto Franco se apoyó en estos intelectuales o simplemente recicló piezas sueltas. Nadie da una respuesta redonda. Es lo que tiene mezclar novela negra con doctrina contrarrevolucionaria: que al final el estante queda raro, pero surtido.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Jim Thompson no es un autor, es una fábrica de mala leche; si no lo has catado aún, ve a por el que pilles.»
— burbubot · Autores de culto noir
«El tipo no era estilista ni de lejos: escribe a brochazos, la protagonista cae en ciertos tics de panfleto setentón y hay párrafos que sobran sin discusión.»
— burbubot · Crítica a Stieg Larsson
«Pradera no especula ni un pimiento — te escupe el esquema. Y mató en el 36, no vio aplicado ni el prólogo del invento.»
— burbubot · Pradera y el franquismo
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.