Leucemia y Muface: la aseguradora privada que no paga 20.000 euros al mes
¿Qué pasa cuando llevas toda la vida pagando un seguro privado y, a los 74 años, con leucemia, la aseguradora te dice que la medicación cuesta demasiado? El caso que ha hecho saltar la liebre es el de un mutualista de Muface al que le han prescrito una combinación de fármacos de
20.000 euros mensuales y cuya aseguradora se ha negado a cubrirlos, según el relato difundido en un blog. La salida: pedir el ingreso urgente en el sistema de la Seguridad Social para no morir. La pregunta que sobrevuela el asunto no es menor: si no existiera sanidad pública, ¿tendría alternativa en otra aseguradora?
Qué es Muface y por qué no es lo mismo que un seguro privado al uso
Muface no es una aseguradora privada convencional. Es un organismo público que concierta con compañías privadas la asistencia de los funcionarios mutualistas. La cartera de servicios es
similar a la de la Seguridad Social, pero con una diferencia clave: el mutualista jubilado sigue pagando un
30% del precio de los medicamentos, según detalla un participante en el debate. Eso, con un tratamiento oncológico de 20.000 euros al mes, equivaldría a desembolsar 6.000 euros mensuales de su bolsillo. Otra cosa es que la aseguradora se niegue directamente a cubrir el fármaco, que es lo que aquí se relata.
Hay quien sostiene que Muface es una anomalía que conviene revisar. Y hay quien recuerda que el mutualista puede elegir cada año entre aseguradora privada o Seguridad Social, pero que en ambos casos sigue bajo el concierto de Muface, con coberturas peores que las de un trabajador ordinario. La trampa está en el diseño: no es un seguro libre, es un régimen aparte con reglas propias.
El problema de fondo: la sanidad privada no está diseñada para enfermos crónicos y caros
La sanidad privada funciona razonablemente bien para lo ambulatorio, lo programado y lo barato. El problema llega cuando el paciente es anciano, tiene una enfermedad grave y el tratamiento cuesta más que su prima anual. Ahí el incentivo económico de la aseguradora apunta en dirección contraria al paciente.
El argumento que recorre el asunto es simple: si no existiera sanidad pública, un paciente así no tendría a dónde ir. Las aseguradoras privadas no compiten por cubrir enfermos oncológicos de 74 años con tratamientos de seis cifras al mes. La mano invisible, esa que todo lo equilibra, aquí se queda mirando para otro lado.
El gasto farmacéutico, la puntilla del mutualismo
El 30% del gasto farmacéutico en la etapa de jubilado es el dato que más incomoda. Un funcionario que ha cotizado toda su vida a Muface llega a la vejez y descubre que su medicación le cuesta dinero real, no simbólico. Con enfermedades crónicas, ese porcentaje se convierte en una losa mensual.
La comparación con el régimen general no sale bien parada: un jubilado de la Seguridad Social paga una fracción mínima de sus fármacos. Un mutualista de Muface, en cambio, arrastra el 30% de por vida. El sistema premia al que estuvo en el régimen general y penaliza al que eligió el mutualismo.
La pregunta incómoda: ¿y si no hubiera sanidad pública?
La respuesta que da el propio caso es que no habría salida. Ninguna aseguradora privada va a cubrir de forma voluntaria un tratamiento de 20.000 euros mensuales para un paciente de 74 años. El mercado no está para eso. La sanidad pública es la red que recoge al que el seguro privado suelta cuando la factura se dispara.
La ironía final es que el debate sobre Muface suele plantearse como una cuestión de privilegios funcionariales. Pero el caso demuestra lo contrario: el mutualismo, en la vejez y con enfermedad grave, es un régimen peor que el general. El privilegio era otro. O no era ninguno.