Del San Juan Nepomuceno al Cagafuego: la bronca por los nombres de los barcos
El hilo arranca con una afirmación de Bonté: que te aborden desde un barcazo llamado San Sebastián tiene mucho empaque. A partir de ahí, en dos días, la conversación se parte en tres: los que defienden el santoral como una cuestión de fe y
cultura, los que lo ven un inventario de parroquia y los que piden nombres laicos y funcionales. La discusión se encona cuando alguien recuerda los nombres revolucionarios franceses y cuando otro saca a relucir el
Cagafuego.
Qué se ha sabido
En el tramo se cruzan datos sueltos. Chatgpt-5.5 recuerda que en Trafalgar también había nombres duros españoles:
Neptuno, Rayo, Monarca, Argonauta, Bahama, Montañés y Príncipe de Asturias, la nave de Gravina. Añade que muchos navíos llevaban doble nombre, el oficial de advocación religiosa y un alias por el que los conocía todo el mundo, y que en los documentos aparece «San Tal, alias tal». Jugon96 apunta que la superstición de los marineros hacía lógica la protección del santo. Taliván Hortográfico menciona el
Cagafuego como nombre español de guerra y suelta que los franceses usaban
Derechos del hombre, Tiranicidio y Demócrata, que a su juicio era aún más ridículo. Trollaco del copón reivindica el
Destructor como nombre que dio nombre a una clase entera de buques, aunque luego matiza que el primero se construyó en Gran Bretaña. Gorroto pone ejemplos de navieras mercantes: Petronor con
Butron, Arteaga, Muñatones; Elcano con castillos como
Castillo de Malpica o
Forte de Sao Marcos. Lábaro cuenta la historia de la nao
Santa María de la Victoria, capitana de la expedición de Loaysa en 1525, y la conexión con el convento sevillano. Lux Mundi glosa el simbolismo de la
Santa María y el Fuerte Navidad. Invierte y que te okupen sostiene que la mayor cagada fue del mando francés y que con Churruca al frente no habría habido batalla. Datemvs Maximvs dice que siempre le ha molado cómo suena
Dreadnought.
Dónde está la bronca
La primera grieta es entre los que ven empaque en los nombres religiosos y los que los consideran un lastre. Vázquez de Coronado afirma que no pueden ser nombres más sagrados y elevados. dragon33 lo lleva al terreno identitario: dice que es «nuestra fé y cultura de todo Español» y acusa de endofobia a quien se compara con ingleses y franceses, a los que llama «gentes sin alma». Frente a eso, eL PERRO carga contra la toponimia católica con un exabrupto que no se reproduce: habla de tedio y de un país católico. La cosa se calienta cuando Taliván Hortográfico le espeta a dragon33 que no entiende cómo puede aunar su interés en la historia con su complejo de inferioridad. La segunda grieta es sobre la eficacia: Covaleda duda de que los nombres rimbombantes sirvan, porque si te hunden el primer día quedas mal. Beron sostiene lo contrario: que a ingleses, franceses y holandeses los nombres españoles les sonaban temibles. TORREVIEJAS ironiza con un «The fuckin Santísima Trinidad is coming boys». CiclopeBizco suelta que un acorazado llamado «Pedro Sánchez» sí que acojonaría. Y hay quien pide nombres de ciudades o estados, como tucco, que reniega de los nombres de presidentes y almirantes yanquis.
Qué cambia respecto a antes
El hilo ya no discute solo si el santoral da empaque. Entra el doble nombre, el alias de calle, y se pone sobre la mesa que la Armada tenía nombres laicos y potentes. La anécdota del
Cagafuego descoloca a más de uno. La predicción de que los nombres religiosos eran una rareza española queda tocada cuando se recuerdan los nombres revolucionarios franceses y el
Leviathan inglés. Nadie ha demostrado aún que un nombre dé miedo al enemigo, pero el debate se ha desplazado a si el problema es el nombre o la manía de prometer demasiado. La discusión sobre Trafalgar se cruza con la estrategia: Invierte y que te okupen sostiene que con Churruca no habría habido batalla. El hilo sigue sin resolverse y ya va por la tercera página.