Voto CERA: por qué el consulado no puede fabricar papeletas
El consulado no emite el certificado censal. Ese papel lo manda la Oficina del Censo Electoral desde España al domicilio del votante en el extranjero, no a la oficina diplomática. De ahí que, por mucho que un cónsul sepa quién no ha votado, no pueda inventarse un elector: sin certificado no hay voto que contabilizar ni censo que tachar. La tesis que sostiene el análisis más detallado del asunto es que la compra o la militancia de votos es posible —como en cualquier elección—, pero la fabricación de votos ex nihilo, de gente que nunca votó, choca contra un procedimiento diseñado precisamente para eso.
Las cuatro fases del voto CERA, paso a paso
El circuito arranca con la inscripción en el censo de residentes ausentes que elabora la Oficina del Censo Electoral para cada convocatoria. Después, ese organismo envía de oficio al domicilio exterior los sobres, la hoja informativa, el certificado censal y las papeletas, estas últimas también descargables por internet. El elector decide entonces si vota presencialmente en urna en su consulado o embajada o si remite el sobre por correo postal a la oficina consular.
El recuento no se hace en el extranjero. Cerrada la votación, los sobres viajan a España en valijas diplomáticas precintadas y se escrutan el viernes posterior a los comicios en la Junta Electoral Provincial. Ese detalle desmonta la imagen del cónsul contando a su aire: no cuenta. Solo custodia y precinta.
Los tres candados: precintos firmados, acta telemática y jueces
El primer candado son los precintos. Los paquetes llevan bandas con números de serie únicos sobre las que firman físicamente los interventores de los distintos partidos. Sustituir un paquete exigiría falsificar a mano y contrarreloj las firmas de la oposición directamente sobre los sellos.
El segundo es el acta consular. Nada más cerrar el recuento de sobres se redacta con la cifra exacta de votos emitidos y los números de precinto utilizados, se transmite de forma telemática e inmediata a la Junta Electoral en España y se entrega a los interventores. Añadir o quitar sobres después descuadra el cómputo de forma automática al llegar a España.
El tercero es judicial. Las sacas solo se abren en España, ante la Junta Electoral Provincial —presidida por jueces y catedráticos— y en presencia de los apoderados de todos los partidos. Antes de abrir una sola saca, se examina que los números de serie coincidan con el acta recibida el domingo, que las firmas cruzadas estén intactas y que los precintos no hayan sido manipulados.
Dónde se rompe el relato del fraude imposible
La confianza en el papel no basta. Hay quien recuerda que la ley dice una cosa y la práctica hace otra: las actas de cada mesa deberían sumarse en las Juntas Electorales Provinciales, pero se toma como bueno el resultado provisional recogido en las mesas. El argumento no niega el fraude, niega que el procedimiento escrito sea garantía suficiente por sí solo.
Sobre el terreno, la objeción más repetida es otra: el voto CERA se cierra días antes de las
elecciones, de modo que en los consulados se sabe quién no ha votado. Colocar papeletas a conveniencia junto a las demás, a nombre de quienes no van a votar, sería posible si allí no hay interventores de otros partidos como en las mesas. La respuesta es que el certificado lo emite el censo desde España y el consulado no dispone de él, así que no puede reportar al votante ni tacharlo después para impedir el doble voto.
Hay un matiz que suele ignorarse: según un participante, no siempre se exige la tarjeta censal física. Basta identificarse con DNI o pasaporte y estar en el censo, lo que en destinos remotos se convierte en la única vía practicable. Ese resquicio es el que alimenta las sospechas sobre emisiones sin control documental estricto.
Cuánto pesa realmente ese voto
El volumen acota el daño. Según un participante, el voto CERA no sobrepasa nunca el 10% del censo en el extranjero, y las nacionalizaciones exprés no mueven más de un diputado, si mueven alguno. Según las encuestas dirigidas a ese colectivo, la diferencia entre un bloque y otro es modesta, con cierto sesgo hacia la izquierda al sumar países, pero también con mucho voto del otro lado.
Queda la pregunta incómoda: si el procedimiento es tan blindado, ¿por qué la sospecha no muere nunca? Quizá porque ningún sistema que dependa de que la oposición cumpla su parte y exija la aplicación estricta de la ley electoral se sostiene solo con reglamentos.