Asturias estalla por el himno minero usado en la protesta por vivienda
La escena tiene su lógica interna: un grupo de dirigentes busca una canción que emocione sin parecer demasiado ideológica. Descartan La Internacional. Descartan a Sabina. Alguien recuerda que su abuelo sindicalista cantaba una en el pueblo, muy bonita, que no pega ni con cola. Y ahí acaba todo. Lo que sonaba en la marcha por la vivienda de Madrid era
«En el Pozo María Luisa», el himno que en la cuenca minera asturiana se canta cuando mueren mineros. No cuando se okupa un piso en el centro.
La reacción no tardó. Hijos, nietos y biznietos de mineros cargaron contra lo que consideran una apropiación. «Como asturiano, hijo, nieto y biznieto de minero, esto es inadmisible», resume uno de los mensajes más repetidos. Y añade un detalle que casi nadie había corregido: el himno no se llama así. Se llama
«Santa Bárbara bendita». Patrona de los mineros. El Pozo María Luisa es el escenario, no el título.
Qué es realmente «Santa Bárbara bendita»
La confusión no es menor. La canción narra la explosión de grisú en el Pozo María Luisa, en Langreo, el
14 de junio de 1949. Habla de mineros muertos picando, de mujeres que esperan, de un pozo que se lleva a los hombres. En la cuenca se canta en funerales y homenajes. Ponerla en una marcha por el alquiler no es un guiño: es cambiarle el significado a un símbolo funerario.
«Es una canción que habla del accidente por una explosión de gas grisú en el Pozo María Luisa, en Langreo el 14 de junio de 1949. Luego ya te puedes hacer la paja mental que elijas», resume un mensaje que circula con miles de interacciones. La frase condensa el cabreo: no es que la canción sea de izquierdas o de derechas. Es que es de los muertos.
La funcionaria, el piso y el relato que se cae
El caso de Mari Carmen, funcionaria desahuciada en Madrid, se convirtió en bandera. Pero el relato se agrieta cuando se mira el detalle. «Una funcionaria que vive en un sitio privilegiado de Madrid que no se podrían comprar nuestros abuelos con el sueldo de la mina en dos vidas», apunta un mensaje. Otro va más lejos: «El padre del dueño original del bloque que parasitó Paquita era minero asturiano». La paradoja es incómoda: el símbolo minero se usa para defender a quien ocupa una vivienda cuyo propietario original salió de la mina.
El argumento de fondo no es si el desahucio es justo o no. Es quién tiene autoridad moral para invocar a los mineros. «No defienden al oprimido ni a la clase trabajadora; reniegan de sus ancestros y su legado», sostiene una corriente del análisis. Enfrente, otra responde: «Los mineros del 34 estarían hoy con los acampados en Sol y no con los rentistas y sus matones». Dos lecturas del mismo símbolo, ninguna dispuesta a ceder.
La mina que cerró el PSOE y la mina que nadie pisó
El pasado minero tampoco sale bien parado. «Si los que acabaron con la revolución minera fue un gobierno socialista», recuerda un mensaje. «En mayo la izquierda fuera», añade otro, mezclando el cierre de las cuencas con la política actual. La acusación de hipocresía es transversal: «Como hija, sobrina y nieta de mineros me parece bastante hipócrita usar un himno reivindicativo minero cuando te apetece. Luego de los derechos de los mineros y de las cuencas abandonadas no se acuerda nadie».
La crítica más repetida no va contra la canción. Va contra quién la canta. «Ninguno de esos ha bajado a una mina en su puta vida. De hecho, más de la mitad no ha cotizado un solo minuto», dice un mensaje. «Escoria que no ha doblado el lomo en su vida, subvencionada por el poder», añade otro. El tono es duro, pero el argumento se repite: la distancia entre el escenario y el símbolo.
El folclore vacío y la psyop que se les fue
Hay una lectura más fría, casi estructural. «Lo que retrata esta polémica es en qué se ha convertido la historia del movimiento obrero, un folclore de himnos y símbolos vaciado de lo que lo produjo, la conciencia obrera», apunta un análisis que ha circulado ampliamente. La tesis: los símbolos sobreviven sin la sustancia que los creó. Se cantan sin saber qué se canta.
La operación, si era una operación, salió mal. «La psy OPS se les está yendo de las manos», resume un mensaje que parodia la escena: «En el bingo María Luisas, los cartones van cantando, línea, bingo, línea, bingo, ay Carmela». La burla no es solo política. Es cultural: se ríen de quien no distingue un himno funerario de un jingle.
El cierre lo pone el dato que descoloca. La canción no se llama «En el Pozo María Luisa». Se llama «Santa Bárbara bendita». Quien la usó ni siquiera acertó con el título.