El nicho «a perpetuidad» dura 99 años y el hilo se parte en dos
En dos días el hilo cambia de tema sin pedir permiso. El
19 de octubre todavía se compara lo que cuesta morirse; el
21 ya se discute si hay algo que dure más de un siglo y si merece la pena intentarlo. El empujón lo da una frase sobre la letra pequeña del nicho. A partir de ahí, tres frentes: los que quieren permanencia, los que prefieren desaparecer y los que pasan de todo porque estarán muertos.
Qué se ha sabido
El dato que ordena el tramo:
99 años. Es el plazo que, según un participante, figura en la letra pequeña de los nichos vendidos como propiedad a perpetuidad, y sostiene que los ayuntamientos aplican plazos aún más cortos porque ahora se alquilan por periodos breves. Otro forero afina el cálculo por su cuenta: su nicho, dice, lo vaciarán «en 50 años como mucho».
De ahí salta a las hemerotecas. Se cita la revista
Interviú y lo ocurrido en
1958 en Tarfaya y el antiguo Protectorado marroquí: nichos abiertos y restos esparcidos tras la retirada de las tropas. Como contraste, el mismo mensaje recuerda que en
1969, al abandonarse Sidi Ifni, los restos se exhumaron y se enviaron a Canarias, y que en
1976 se hizo lo mismo con lo que quedaba. A eso se suma Kosovo como ejemplo reciente de cementerios arrasados.
En el capítulo de alternativas, uno propone la criogenización. La respuesta llega con una búsqueda: la comunidad científica considera que no tiene base biológica. La réplica: en
50 o 100 años puede que sí. Alguien apunta la vía barata, congelar esperma para perpetuar el linaje, y el que abrió el hilo remata que por ese dinero prefiere eso antes que el congelador.
Dónde está la bronca
Aquí se parte en dos. Un bando defiende permanencia con papeles o con ladrillo: panteón familiar, nicho con nombre, hueso que quede. El otro contesta que esa permanencia no existe, porque el nicho caduca y el ataúd se cobra a precio de madera fina.
El choque se afina en lo simbólico. Un participante descarta el nicho compartido y propone incinerar y enterrar las cenizas en un sitio bonito. Enfrente, quien reivindica la incineración por higiene y por no acabar pasto de gusanos, y quien responde que enterrado al menos quedas para los tuyos: si tienes hijos, dice, saben que estás ahí.
Entra también la experiencia propia. Un forero cuenta que vio incinerar a su madre y que sigue dándole mal rollo; prefiere panteón, y admite que, como no paga la funeraria, lo mismo acaba en una fosa común. Y una tercera postura, que no estaba al principio del hilo: mejor no estar en ningún sitio. Miles de cementerios en pueblos casi vacíos, sin nadie que los defienda, y la conclusión de que si el riesgo es real, ni huesos ni cenizas.
Qué cambia respecto a antes
Que el precio desaparece de la conversación. Nadie discute ya qué tanatorio es más barato: se discute qué sobrevive. La criogenización se da por descartada y se reabre como apuesta a medio siglo. Entra un asunto nuevo, el cementerio civil para quien es agnóstico pero lleva cruz por la familia. Y entra el estado del que abrió el hilo: se le pregunta sin rodeos si ha ido al médico, si sus hermanos saben cómo está y si ha contado a sus psicólogos lo del vídeo de despedida. No hay respuesta clara. Sigue con las listas para el velatorio.
Disecarse, la sopita y el epitafio
El tramo tiene su parte de guasa. Uno propone disecarse y acabar en el recibidor con las manos en cruz para colgar abrigos, y lamenta que no haya taxidermista que se preste. Otro pide hueso que conserve pellejo para hacer sopita. Se piden epitafios con retranca. Y aparece el entierro tibetano, con aves de por medio, y el recuerdo de Numancia, dejar el cuerpo a la puerta de la ciudad. El vídeo que se enlaza en mitad del debate va por ahí, por rituales ajenos al ataúd y al nicho:
Nadie ha decidido nada. El que abrió el hilo sigue mirando nicho en Ciudad Real y avisa de que el suyo llevará paisaje de playa al atardecer. Sin cruz.