El 15M II nace pinchado: 20 tiendas y pocos asistentes en Sol
¿Cuánta gente hay realmente en la Puerta del Sol? La respuesta que dan las cámaras de televisión y la que se ve a pie de calle no coinciden. Lo que se presentó como una nueva ola de indignación contra la crisis de vivienda se quedó, según quienes estuvieron allí, en
una veintena de tiendas muy espaciadas, algunas vacías, y una asistencia menor de la que el plano corto sugiere. La mayoría de los presentes, sostienen, eran
simples curiosos atraídos por el evento, no activistas convencidos.
El diagnóstico se repite en distintos tramos de la conversación: no hay masa crítica. Frente a aquel 15M de 2011, este intento de reedición llega sin el volumen humano que lo hizo imparable. Y sin gente, el relato se sostiene solo con producción televisiva.
¿Cuántas tiendas hay en la acampada de Sol?
La cifra que se maneja es de
no más de 20 tiendas, distribuidas con espacios entre ellas y varias sin ocupantes. Esa disposición, señalan, busca aparentar mayor afluencia de la real. La comparación con el 15M original es inevitable y sale perdiendo: allí había un campamento denso y continuo; aquí, una escenografía.
El argumento se refuerza con un detalle material: las tiendas son
todas iguales entre sí, lo que alimenta la sospecha de suministro coordinado y no de espontaneidad. La pregunta que sobrevuela es quién paga el material y por qué.
¿Es una cortina de humo para tapar otros asuntos?
Una parte del análisis sostiene que el timing no es casual. La acampada coincide con la actualidad de
Ceuta y con otros frentes abiertos, y serviría para desplazar el foco informativo. La tesis se apoya en la coincidencia de agendas más que en pruebas, y conviene tratarla como lo que es: una hipótesis de intención.
Otra corriente apunta a un problema de dirección política. Si el culpable de la crisis de vivienda es el Gobierno y su
Ley de Vivienda, la protesta debería dirigirse a Moncloa o al ministerio correspondiente, no a la Puerta del Sol. Protestar contra el Ejecutivo desde el kilómetro cero de Madrid tiene una lógica difusa.
Vivienda: construir o intervenir el mercado
El núcleo económico del asunto aparece pronto. Una postura defiende que las crisis de vivienda se han resuelto históricamente
construyendo: liberar suelo y levantar vivienda protegida a gran escala. Desde ahí se critica que no exista una voz relevante en la izquierda que pida más VPO, y se habla de un mecanismo de opinión sincronizada que evita ese terreno.
Enfrente, la lectura de que el problema es de precios y de rentas, no de ladrillo. El parque de vivienda protegida se ha reducido y la demanda presiona al alza. El resultado, en cualquier caso, es el mismo: alquileres que expulsan a los jóvenes de las ciudades.
¿Quién está detrás del sindicato de inquilinas?
La composición de los convocantes genera dudas. Se apunta a que el
Sindicato de Estudiantes tiene una media de edad alejada de la estudiantil, y a que la Coordinadora Juvenil Socialista defiende posiciones sobre migración que la alejan del grueso del electorado. De ahí la conclusión de que el fracaso está cantado.
También se señala la paradoja de que un Gobierno de izquierda sea el destinatario de la protesta mientras se reclama la aplicación de una norma de los años cincuenta que el propio PSOE derogó en los noventa. El chiste se cuenta solo, dicen.
El desalojo, la lluvia y el final anunciado
El operativo policial entra en la ecuación. Se denuncia que la Delegación del Gobierno en Madrid no disolvió la ocupación por considerarla pacífica, y que la decisión quedó en manos del Ayuntamiento. Los sindicatos policiales lo desmintieron de inmediato y calificaron el desalojo de ilegal.
El factor meteorológico hizo el resto. Con la llegada de
lluvia y frío, la previsión mayoritaria era la desbandada. Las revoluciones, ironizan, cada vez duran menos: cuatro días de acampada y a casa. La pregunta ahora es cuántas tiendas quedan en pie.
Con estos mimbres, el 15M II no parece destinado a repetir el recorrido del original. Le falta gente, le falta relato y le sobra coreografía.