El hilo se parte: Italia como espejo o como espejismo
El hilo se parte en dos. Unos cuentan que
Italia está hecha polvo y otros que España se cae a pedazos. La discusión arranca con un viaje de Nápoles a un pueblo de interior: una hora de trayecto, dos horas de retraso y
52 euros de billete. A partir de ahí, cada uno arrima el ascua a su experiencia.
Qué se ha sabido
Un participante detalla que la primera autopista italiana, la Milán-Laghi, se abrió en
1924, con unos
42 km, idea del ingeniero Puricelli. La Autostrada del Sole se empezó en
1956 y la inauguró Aldo Moro en
1964, ya en plena República. El viaducto Morandi de Génova, el que se cayó en
2018, es de
1967. Otro forero matiza que la primera autopista se inauguró en
1922 y que el desarrollismo italiano fue en los años
50 y 60, unos años antes que el español. Sobre alta velocidad, se repite que Italia rondaba los
1.100 km en
2023 y España anda cerca de los
4.000.
Un usuario cuenta que cogió un tren nocturno con una suciedad que llevaba meses sin limpiarse. Otro describe Milán como una ciudad con suciedad, grafitis, aceras de asfalto y alumbrado de suburbio. Frente a eso, se insiste en que las frecuencias italianas son la gran ventaja: pasan trenes cada pocos minutos, sacas el billete en la estación y en seguida sale otro. Eso descarga las carreteras.
Dónde está la bronca
La bronca es sobre si Italia está mejor o peor. Un bando sostiene que los aeropuertos italianos son todos una porquería y que el estado general de las ciudades es de abandono. Cuenta que los italianos que ven el centro de Valencia o el puerto de Alicante se quieren quedar a vivir. Otro añade que las noches italianas son una penumbra total, con faroles colgados de un hilo y pocos puntos de luz, y que las baldosas de las calles están penosas. Dice que el urbanismo recuerda a la España hecha mierda de los 90, antes de las olas remodeladoras de los últimos veinte años.
Enfrente, otro forero responde que los trenes son todos de Trenitalia y que no hay tantas diferencias entre el norte y el sur. Califica de cliché la idea de que el sur está peor. Sobre los aeropuertos, recuerda que el de Bérgamo sirve a una ciudad tres veces más pequeña que Alicante y que la ciudad es bonita. Y avisa de que en España, con el nulo mantenimiento, en
5 o 10 años estaremos igual.
Hay quien apunta que las grandes infraestructuras italianas vienen de la época de Mussolini. Un forero responde con sorna. Otro tercio del hilo sostiene que Italia vive de las rentas del motor de los 70 y que en todo lo demás está peor que España, excepto en los vagones de tren y en el sistema de salud, que según él no tiene listas de espera de cinco años. Varios coinciden en que las autovías y carreteras convencionales españolas están en un estado cochambroso.
La discusión deriva hacia la política. Un participante compara a Meloni con Ayuso y dice que a la italiana le importan sus ciudadanos y a la española no. Otro responde que el PIB italiano es un tercio superior al español y que los políticos son igual de malos en ambos países. Se cuela una discusión sobre si Italia y España deberían aliarse políticamente al estilo Benelux, con compañías participadas al 50%. Alguien propone que se siente como en casa en Marruecos, y otro responde con ironía sobre si allí también hay hermanos espirituales de Abascal.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el hilo iba de alta velocidad y aeropuertos. Ahora entra el mantenimiento urbano, el alumbrado, las aceras, la suciedad y la sensación de inseguridad. También entra la política comparada y la pregunta de si España aguantará cuando sus grandes obras cumplan años. La predicción que sobrevuela es que en
5 o 10 años España estará como Italia si no se mantiene lo construido. Nadie la refuta con datos. El hilo sigue partido y sin resolver.
Una experiencia personal que vale la pena
Un forero cuenta que tras solo
4 días en Italia sintió un soc al volver y dar una vuelta por el centro y el puerto de Alicante. Dice que todo estaba años luz por encima. Otro recuerda un tren nocturno con roña de meses. Y un tercero insiste en que las frecuencias italianas compensan cualquier otra carencia.