El PNV duda su voto sobre vivienda tras el adelanto electoral
El PNV mantiene en el aire su voto sobre los decretos de vivienda que el Gobierno llevará este martes al Consejo de Ministros. La decisión llega después de que Pedro Sánchez anunciara el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre, un movimiento que ha puesto a los jeltzales contra las cuerdas. Fuentes del partido confirman que han recibido una llamada del Ejecutivo para abordar los textos, pero evitan anticipar su sentido de voto hasta conocer la letra pequeña. La formación vasca resume su posición en dos principios: «protección de las personas vulnerables y defensa del pequeño propietario», todo bajo el criterio de garantizar la «seguridad jurídica».
¿Qué pasa si el PNV se abstiene o vota en contra?
La aritmética parlamentaria no perdona. El PNV ha sido un socio clave para sostener la legislatura, y su voto en la Diputación Permanente —órgano que tramita los decretos en funciones— puede inclinar la balanza. Si los nacionalistas vascos votan en contra o se abstienen, los decretos de vivienda podrían decaer, lo que dejaría al Gobierno sin una de sus banderas sociales en plena precampaña. Hay quien sostiene que el PNV busca excusas para no mojarse: «El PNV se va a abstener. No puede votar a favor de unas leyes de extrema izquierda. Sus votantes son rentistas, se estaría suicidando electoralmente», señala un análisis. Otros creen que votará a favor de al menos uno de los textos para no romper del todo con el Ejecutivo.
El cálculo electoral del PNV: entre el rentista y el votante joven
El dilema del PNV no es solo parlamentario, es existencial. Su base electoral tradicional —propietarios de vivienda, perfil conservador y democratacristiano— se vería directamente afectada por medidas que gravan el alquiler o limitan la propiedad. En Euskadi, se estima que en torno al 90% o 95% de la oferta de alquiler proviene de pequeños tenedores, y el PNV cosecha entre 300.000 y 400.000 votos en las generales. La defensa de la propiedad privada es ADN de su electorado. Pero el partido también mira de reojo a los jóvenes, un nicho que se les escapa hacia Bildu. «El PNV tiene un problemón, los aitites de txapela a roscachapa están doblando, y la chavalada pasa del PNV como de la mierda», resume un análisis. La endogamia del partido, acusado de repartir VPO entre los suyos, ha erosionado su imagen entre los menores de 40 años.
La estrategia de Sánchez: obligar a retratarse a la derecha
El adelanto electoral no fue una sorpresa para el PNV, que dice estar «absolutamente» preparado. Pero el calendario aprieta: hay que elegir candidatos y definir posiciones en semanas. Aitor Esteban, presidente del partido, ha dejado claro que su formación afrontará la campaña «poniendo por delante los intereses vascos» y alejándose de la política de bloques. «El futuro del Gobierno español no se decide en Euskadi», afirmó. Sin embargo, la decisión sobre los decretos de vivienda se convierte en un test de fuego. Algunos analistas ven en la maniobra de Sánchez un intento de forzar a los socios a retratarse: votar a favor de medidas impopulares entre sus votantes o votar en contra y quedar como obstruccionistas. «Los decretos iban a ser los clavos en el ataúd de Sánchez. El rechazo del PNV sólo sirve para alimentar la narrativa del gobierno de la gente vs. la derecha», apunta otro.
El desgaste de la marca PNV: de Arzalluz a la irrelevancia
El PNV ya no es lo que era. La formación que dominó la política vasca durante décadas afronta un declive lento pero implacable. «Haga lo que haga el PNV está sentenciado. El presunto señorío de la burguesía vasca se acabó hace años», sentencia un análisis. La irrupción de Bildu como alternativa de izquierdas y el descontento de los jóvenes con el enchufismo del partido han minado su base. «Bildu son unos perroflautas con ideas muy felices a la hora de gobernar, pero la gente, sobre todo los jóvenes, están hasta las pelotas del PNV, sus enchufitos», señala otro. La pregunta no es si el PNV pierde votos, sino cuántos y hacia dónde. Si vota a favor de los decretos, pierde a los rentistas; si vota en contra, pierde a los suyos más progresistas. En medio, la abstención se perfila como la salida menos mala.
Con estos mimbres, el cesto del PNV se antoja frágil. La decisión final se tomará tras analizar la letra pequeña, pero el daño electoral puede ser irreversible. El partido que un día fue clave para gobernar España ahora se juega su supervivencia en una votación que nadie recordará en dos meses.