El hilo se enciende: «La expulsión es legal si hay voluntad política»
La conversación deja de lado los cálculos económicos y se mete en el terreno legal. Un participante sostiene que la expulsión de nacionalizados es posible si hay voluntad política y otro le responde que en un Estado de derecho no se puede hacer lo que uno quiera. El choque sube de tono y varios mensajes derivan en descalificaciones hacia grupos de migrantes.
Qué se ha sabido
En este tramo no aparece ningún dato nuevo sobre el plan de Sellner. Los mensajes se centran en la legalidad de las expulsiones y en la cobertura mediática. Un forero enlaza un tuit de
@Carlos Luaces Saavedra con el texto «Dura limpieza» y una imagen que no se detalla. Otro comparte un tuit de
@NaniAro sobre los **3.539 millones de euros** en premios no repartidos de Loterías y Apuestas del Estado. Un tercero pega un tuit de
LA GACETA en el que un premio nacional de Medicina denuncia el «insostenible»
turismo sanitario. También se enlaza la hemeroteca de El País del 6 de noviembre y la ficha del autor Cristian Segura. El vídeo de YouTube
se comparte sin que nadie lo comente en detalle.
Dónde está la bronca
El choque principal es jurídico. Un participante afirma que «tan legal es la expulsión como la nacionalización» y que lo que se da se puede quitar. Añade que si no hay acuerdo con el país de origen se puede enviar a los expulsados a un tercer país africano. Otro le responde que la expulsión solo es legal cuando hay motivos legales y pregunta a dónde se manda a las segundas y terceras generaciones que solo tienen papeles europeos. El primero insiste en que es «una cuestión de voluntad política» y en que se puede sacar una ley para revertir lo que considera ilegalidades. El segundo zanja: «En un estado de derecho no puedes hacer lo que quieras». La discusión deriva en un tercer participante que sostiene que solo queda «ganar una
guerra y saltarte el estado de derecho».
Otro frente es el económico. Un forero defiende que si desaparece la mano de obra migrante barata, los empleadores tendrán que pagar más y los autóctonos aceptarán esos trabajos. Le responden que así lo único que se consigue es que los empleadores sigan teniendo mano de obra barata. La discusión sobre quién cubre los puestos queda en segundo plano.
También hay choque por la cobertura mediática. Varios participantes califican el artículo de El País de «publirreportaje» y de «propaganda», y sostienen que la noticia les da esperanza en lugar de miedo. Uno llega a decir que la prensa publica estos reportajes pensando que son una advertencia y en realidad son «
publicidad, una promesa, un aleluya». Frente a ellos, otro participante ironiza con que votará a un partido para protegerse «de este Adolfo sin bigotito».
Qué cambia respecto a antes
El debate económico sobre salarios y sectores pierde peso y el eje se desplaza a la legalidad de las expulsiones y a la posibilidad de retirar la nacionalidad. La predicción de que sin decisión europea no habrá deportaciones masivas no se discute en este tramo; en su lugar aparece la idea de que basta una ley nacional para revertir nacionalizaciones. También entra con fuerza la sospecha sobre la intención del artículo: varios foreros lo leen como propaganda y no como advertencia. La experiencia personal de tramos anteriores desaparece de la conversación.
El cálculo que se discute
Un participante sostiene que si se expulsa a los migrantes que trabajan por un «cuenco de arroz», los empleadores tendrán que subir salarios para que los autóctonos acepten recoger tomates. Otro le responde que eso es precisamente lo que busca: que los empleadores sigan teniendo mano de obra barata. No se aporta ninguna cifra concreta de coste de expulsión ni de salario alternativo.
La lectura política
Varios mensajes coinciden en que ni PP ni Vox llevarán a cabo las expulsiones. Uno afirma que «mientras no interese no lo harán» y que cuando interese «hasta Podemos apoyará la expulsión». Otro sentencia que «de aquí ya no se sale votando» y que no entiende los estudios para convencer a la gente. La desconfianza hacia los partidos sustituye a la discusión sobre la ventana de Overton.