El hilo de «fachapobre» se parte: de la teoría al caso personal
El debate deja el diccionario y se mete en la vida de los foreros. Durden dice que no es de izquierdas y enumera qué cabe, a su juicio, bajo el término. Luego cuenta que se marchó del país, que se esforzó y que ahora vive mejor. La respuesta no tarda: otro participante le contesta con insultos en vez de con argumentos. El hilo se rompe en dos.
Qué se ha sabido
Entre el 20 y el 21 de septiembre aparecen dos vídeos de YouTube pegados en el hilo:
También se enlaza dos veces un hilo del foro
burbuja.info: una vez lo pone Gothaus y otra lo pone un usuario que avisa de que el suyo «le va a gustar».
Durden, que se presenta como no izquierdista, sostiene que la etiqueta describe a un grupo grande y reparte subgrupos: gente que cobra
1000 euros al mes y va de ejecutivo, quien vive del postureo con ropa de medio pelo y la nevera de marca blanca, y quien critica las ayudas de otros por miedo a perder la suya. Gothaus le contesta que en esa lista cabe cualquiera, de cualquier ideología.
Gothaus pone ejemplos de lo que llama izquierda caviar: Rafael Alberti, Picasso, Machado, José Bono, el presentador Wyoming, el señor Monzón y Pablo Iglesias «y sus mariachis». Su tesis:
para ser comunista es necesario ser rico. Y remata: lo de rojorrico le parece más acertado que lo de fachapobre.
Otro forero aporta su versión del neologismo por acumulación: «Fachapobre, tecnooligarcas, los greatest hits de la sincronizada».
Dónde está la bronca
El choque es entre Gothaus y Durden. Gothaus defiende que «fachapobre» no quiere decir nada: un señor de derechas que es pobre, ¿y qué? Su pregunta es si ser pobre obliga a votar a la izquierda. Añade que el término nació porque «facha» ya no hacía efecto y hacía falta comprimir el reproche clasista en una palabra. Como prueba de que la cosa va de bolsillos y no de ideas, señala que el neologismo lo usa gente que se dice de valores tradicionales.
Durden no entra en la etiqueta: entra en su vida. Cuenta que cambió de país buscando oportunidades, que se esforzó, que ahora tiene un trabajo que le gusta, un sueldo y un barrio decente, y que no tiene complejo ninguno por su origen. «Ni rojo, ni rico. Normalito. Currante. Ningun politico, nigun partido, ninguna ideologia me libra de madrugar, currar y sacar a mi familia adelante», resume. Y lanza el reto: que cada cual cuente su historia.
Contra Durden se lanzan dos usuarios. Uno le responde con insultos y sin entrar en ningún dato. El otro le acusa de encasillar a la gente y defiende que sin etiquetas todo es más simple. Durden contesta con ironía, ofreciéndole que vote a un partido para hacerse rico. El otro responde que no busca eso, y el intercambio se queda ahí, sin acuerdo.
A mitad de pelea, un forero pide cerrar el hilo con un argumento curioso: si el término molesta, no hay que dar el gusto de ver que escuece. Es decir, callar para no alimentarlo.
Qué cambia respecto a antes
Se acaba la fase de definir la palabra. Ya no se discute qué significa fachapobre, sino quién es un fachapobre. El hilo pasa de la etiqueta al vecino.
La idea que gana peso en estos mensajes es la de que el término no es nuevo, sino un reciclaje: alguien dice que siempre se han reído del trabajador que vota a la derecha y que ahora solo se le ha puesto un nombre corto. Otro lo ve como un reconocimiento de derrota: la palabra sería la prueba de que la izquierda ha perdido el contacto con la masa laboral. Y se repite la advertencia de que el día que llegue una crisis y la etiqueta apunte a los trabajadores, se dará la vuelta sola.
Los dos vídeos y el enlace al foro se discuten poco: sirven de munición, no de tema. Nadie entra en su contenido, se usan para reforzar posturas.
La experiencia que ordena el hilo
El tramo se ordena alrededor de un relato personal: el de Durden. Emigró, encontró trabajo, mejoró. Lo cuenta como respuesta directa a que se le llame fachapobre. No niega la etiqueta por ideología, la niega por biografía. Ese movimiento, del argumento al currículum, es lo que más cambia el tono: los demás dejan de discutir sobre clases y empiezan a preguntarse por la vida del otro.
No hay cifras de paro, de salarios ni de encuestas. El único número que aparece en todo el tramo es el de un mensaje suelto:
1000 euros al mes.