El hilo salta del «multiarrendador» a los zulos de Franco
El 3 de octubre el hilo cambia de tercio. Se abandona la pelea por una palabra y entra la pregunta de fondo: por qué no se construye vivienda barata. La primera respuesta que llega no habla de oferta ni de demanda, habla de zulos. A partir de ahí, cuarenta mensajes y un salto al franquismo, al suelo público y a si algún partido va a mover algo.
Qué se ha sabido
Un participante abre la jornada con una pregunta directa: cómo se construye vivienda barata con la normativa, las calidades y los impuestos que pesan sobre ella. La respuesta de otro pasa por
quitarlos todos: calidades baratas, pisos de 30 metros, suelo casi gratis y construcción en altura. Lo resume así: «Es mejor infravivienda que ninguna vivienda».
Del terreno de las cifras se rescatan tres. Uno sostiene que el suelo supone
entre el 30% y el 50% del coste de las nuevas viviendas y que quien lo controla y se lleva las plusvalías es el Estado. Otro asegura que el parque de alquiler en manos de pequeños propietarios
ronda el 80% y el 90%. Y un tercero apunta que, si no se construye, con la entrada de
1,3 millones de personas al año que se citan en el hilo el precio «no parará de subir».
En el plano de las fuentes, se pega el
titular del 3 de octubre sobre el sindicato de inquilinas, que reduce su presencia en la puerta del Sol porque, según esa versión, la movilización ya no le necesita. También cae un
que se comenta de pasada, sin que nadie se ponga de acuerdo en lo que enseña.
Dónde está la bronca
Aquí el choque ya no es de porcentajes. Es de causa.
Un bloque sostiene que todo es decisión política. «Y como se construye vivienda barata con la cantidad de normativa, calidades, impuestos que hay que pagar sobre ella?», pregunta uno. La respuesta de este lado es que no interesa: el ladrillo es el depósito de valor y conviene que sea escaso. «En este país el depósito de valor es el LADRILLO, para que ese ladrillo siga manteniendo e incrementando su valor es necesario que sea un bien escaso e inaccesible», escribe otro. De ahí que «ningún partido vaya a solucionar nada», porque mucha gente, también la que se manifiesta, acabará heredando tochos. Y alguien lo cierra con un escueto «a trabajar y ahorrar».
El otro bloque se agarra al pronóstico del titular. «España es un país de propietarios. Por eso fracasará.» Y añade que el movimiento está orquestado desde los partidos que gobiernan, con un sindicato que se describe como subvencionado. En este lado, la consigna es que el problema es de oferta y demanda, y que la demanda se ha disparado también por la inmigración. Frente a eso, media docena de mensajes repiten que la salida pasa por un parque de vivienda pública «a escala industrial» y por mover el stock con impuestos.
El suelo enciende a los dos. «¿Quien controla el suelo? El Estado», zanja uno. Y de ahí pasa a la trampa: si controla el suelo, quien se apropia de las plusvalías es él, que es «cómplice y receptor de la especulación».
El tramo se lleva la pelea al franquismo. Hay quien defiende que entonces se construían viviendas que un sueldo pagaba, y se le responde con la sospecha de si lo que piden son leyes de aquella época «aplicadas a TODO». La discusión se corta sola y vuelve a la burbuja. «En España durante la burbuja se construyeron millones de viviendas, dónde están? bajaron acaso los precios entonces?», pregunta uno. La réplica: bajaron cuando se hundió la demanda y se cerró el grifo del crédito. «Lo que realmente hizo desplomarse el precio de la vivienda fue la amplia oferta y la escasa demanda», concede el otro, y ahí los dos bajan el volumen.
Qué cambia respecto a antes
La pelea por la palabra «multiarrendador» se deja a medias. Nadie la cierra, simplemente se la salta. El hilo entra en el ladrillo, en quién controla el suelo y en si el franquismo construía más. Vuelve el pulso entre contar cuotas y contar capacidad de fijar precios. «Si controlar el 10%, quiere decir que no controlar el 90% del mercado», suelta uno. Y vuelta.
La novedad de este tramo es doble. Por un lado, la retirada del sindicato de inquilinas de la puerta del Sol, fechada el 3 de octubre y leída por unos como síntoma de que la protesta se sostiene sin sus organizadores y por otros como prueba de que pierde fuelle. Por otro, la predicción que se repite sin matices: esto no tumba nada, gobierne quien gobierne. Nadie la discute. El hilo sigue.