Cupa admite que un tercio de su plantilla ya es de fuera
La paradoja es de manual: una comarca que se vacía y una
empresa que no encuentra manos para picar piedra.
Un tercio de la plantilla de Cupa Group ya es extranjera, un dato que la propia compañía atribuye a la falta de mano de obra local. Su director no se queda en el diagnóstico laboral y añade dos frentes más: la falta de vivienda y la necesidad de ayudas a los combustibles para garantizar el futuro del sector.
¿Por qué falta mano de obra si la comarca se queda sin gente?
Nadie trabaja en una cantera de pizarra por amor al terruño, sostienen quienes critican a la empresa. Su argumento no señala la falta de brazos, sino el precio de los brazos: madrugón, polvo y riesgo frente a un salario que, en esa lectura,
no compensa. La empresa lo llama escasez; esa otra lectura lo llama simplemente precio.
A eso se suma el relato de un participante que dice haber intentado instalarse en la España vaciada desde fuera y encontrarse con una vida social de bar y bar, y con la sensación de que al recién llegado se le mira por encima del hombro. Atraer trabajadores, vengan de donde vengan, no es solo una cuestión de nómina.
¿Quién paga la vivienda de los trabajadores?
En el debate se plantea que la compañía construya y alquile o venda casas a su plantilla. Hay quien ve ahí el manual de siempre:
privatizar el beneficio y socializar el coste, con petición de subvención pública incluida. En el lado opuesto, hay quien sostiene que en Valdeorras sobran pueblos vacíos y que el problema nunca fue la vivienda.
Y existe el caso que rompe el relato: un joven de 23 años dueño de un bar en un pueblo de 100 habitantes de Cuenca resume su éxito en una frase —poder vivir en su pueblo sin tener que irse.
Con estos mimbres, la pregunta no es si la pizarra necesita trabajadores. Es cuántos de esos chavales —y a qué precio— harían falta para llenar una cantera.