Como ganen los azulyverdes, ir preparando el petate
Un forero sostiene que el gasto militar español se ha multiplicado por cuatro desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa. Ese es el dato que sobrevuela una discusión encendida en el subforo de Economía, donde se cruzan el miedo a un reclutamiento forzoso, la sospecha de que el sistema quiere quitarse de encima a los varones de entre 30 y 60 años y un cálculo que haría temblar a cualquier ministro de Hacienda. La tesis del mensaje que abre el fuego es simple: si gobiernan las derechas, los ciudadanos de esa franja de edad acaban en el frente ucraniano y el problema de las pensiones se resuelve de un plumazo.
El gasto militar se multiplica por cuatro
El argumento más repetido no es ideológico, es contable. España tiene un ejército profesional y hace casi tres décadas que no existe servicio militar obligatorio, recuerda un participante, así que la idea de una leva masiva de civiles no se sostiene. Pero la cifra que se lanza en el debate apunta en otra dirección: según un participante, el gasto en defensa pasó de entre 10.000 y 11.000 millones de euros a multiplicarse por cuatro en apenas unos años, hasta situarse en el octavo año de gobierno socialista. ¿Por qué semejante subida si no hay intención de usar la fuerza?
La respuesta que da el hilo es incómoda: si los que mandan dan la orden, cualquier partido que gobierne acaba enviando tropas. No importa el color. Y ahí entra el segundo cálculo, el que desmonta la teoría del ahorro en pensiones: si se elimina a la población que cotiza, la ratio entre pensionistas y trabajadores se dispara, no se arregla. Un pensionista por cada cotizante ya es insostenible; con cincuenta por cada uno, el sistema simplemente se hunde.
¿Por qué se dice que España va a mandar gente a la guerra?
Porque el gasto en defensa se ha disparado sin que nadie haya explicado para qué. Ese es el núcleo del miedo. Hay quien sostiene que el destino real de los nuevos reclutas no es Ucrania sino la frontera sur, y que el ejército ya tiene parte de sus efectivos desplegados en Lituania. La discusión deriva hacia Ceuta, hacia la presión migratoria y hacia la sospecha de que los recién nacionalizados acaben siendo la carne de cañón mientras el españolito de a pie se queda en la reserva pagando la factura con sus impuestos.
El contraargumento es demoledor: España no tiene servicio militar desde hace casi treinta años. Cualquiera que afirme lo contrario, zanja un participante, demuestra el mismo nivel de rigor que quien dice haber trabajado en Londres cobrando en dólares. La discusión se atasca en ese punto: unos hablan de reclutamiento, otros de simple aumento del gasto, y nadie aporta el documento oficial que aclare cuál de las dos cosas es cierta.
El cálculo que desmonta el ahorro en pensiones
Si el objetivo fuera aligerar la carga de las pensiones, mandar al frente a los que cotizan sería el peor negocio posible. La lógica es aplastante: cada trabajador que desaparece deja detrás una pensión que sigue cobrándose. El resultado no es un sistema más sostenible, es uno quebrado. La objeción se lanza con dureza y sin adornos, y nadie en la discusión ha conseguido rebatirla con números.
Lo que sí aparece es una propuesta alternativa, igual de polémica: bajar las pensiones un 50% y recortar las prestaciones sociales al 100% para incentivar a los jóvenes a trabajar. Es la otra cara del mismo miedo, la de quienes creen que el problema no es la guerra sino el reparto de la tarta entre generaciones.
El síndrome de Estocolmo del votante conservador
Hay un fenómeno que varios participantes detectan y que resulta más interesante que el ruido: cuando se atisba el final de un ciclo político, parte del electorado empieza a justificar al que lleva años criticando. Se vota al malo conocido con la mano en la nariz, se admite que es un psicópata pero se añade que es nuestro psicópata, y se cierra la fila. La frase que resume esa resignación es la de votar al perro con la mano en la nariz porque es mejor puto amo que amo puto.
El argumento de fondo es que los dos partidos que se disputan el poder son igual de serviles ante los mismos intereses: fondos de inversión, contratos estatales de vivienda, gestoras que arrancan contratos millonarios mientras el gobierno las llama fondos buitre. La pregunta que flota es si votar al menos malo es una estrategia o una rendición.
Lo que nadie discute: el gasto sigue subiendo
Mientras la discusión se enreda en quién manda a quién al frente, el dato que no cambia es el del presupuesto de defensa. Se multiplicó por cuatro. Los despliegues exteriores existen. La frontera sur presiona. Y el sistema de pensiones sigue sin una solución que no pase por recortar o por endeudarse. Con ese panorama, la predicción más honesta es que el próximo gobierno, sea del color que sea, mantendrá el gasto y no tocará las pensiones. Lo demás es campaña.