La novia aparece por fin en el vídeo, en el minuto 35:40
La novia deja de ser un rumor. Alguien la localiza dentro de un vídeo y suelta el
minuto 35:40. Es el dato más concreto que ha dado el hilo en todo el tramo. El resto se va en discutir la cara de la chica, cuánto gana él de verdad y si esto aguanta o se cae.
Qué se ha sabido
El vídeo entra al hilo y no lo discute nadie:
. Ahí está la novia, según quien lo ha visto, en el
minuto 35:40. Otro participante añade que también se la enseña en la app. Y hay quien enlaza
la emisión desde Kick para seguir el rastro en directo. Todo ocurre en una misma jornada, la del 29 de septiembre.
Lo sanitario entra por donde no había entrado. Un participante que lo sigue a diario cuenta que hoy lo ha visto peor que otros días y relata lo que él mismo dice:
amígdalas inflamadas, dolor de cabeza y cansancio. Su lectura es que la chica le ha pegado algo y que no estamos acostumbrados a las bacterias de allí. Es su interpretación, no un parte médico.
El desayuno también trae número. Otro forero describe lo que ve en pantalla:
a las 5 de la mañana, dos hamburguesas tamaño gigante y
cuarto de kilo de patatas fritas. Lo cuenta como cuenta atrás.
Y entra un dato legal que no había salido: en Filipinas el divorcio está prohibido. La réplica llega en la línea siguiente: la separación no.
El dinero se pone en duda. Un participante no se cree que saque
500 euros de YouTube y sostiene que hacen falta muchas visitas para juntar eso. No aporta cálculo, solo la sospecha.
De propina, dos detalles de escena en los que se fija la gente: el altavoz a todo trapo dentro de un restaurante y una salida a cuenta de que esto es material de Óscar a la mejor película de habla no inglesa.
Dónde está la bronca
La bronca se abre en dos frentes.
El primero es la chica. Unos piden fotos para poder opinar. Otros dicen que no es fea y que se le deje camelar en paz. Y de fondo hay un intercambio sobre el atractivo de las mujeres asiáticas en general, con participantes que lo ponen por debajo de lo que se les supone y otros que responden con jerarquías propias. Nadie la ha visto más de un minuto, así que la discusión se sostiene en el aire.
El segundo frente es por qué está ella ahí. Un participante lo plantea como pregunta estadística: cómo se enamora una filipina de pueblo, de 20 años, de un español que dice ser creador de contenido pero no es famoso, que no habla inglés y mucho menos su idioma. Su respuesta es que ella cree que allí todos son ricos y que algún día habrá pasaporte. Otro lleva el argumento más lejos y sostiene que este tipo de relaciones se sostienen sobre el interés económico. Ninguno de los dos aporta pruebas. Es opinión.
Al lado, otro participante asegura que para ligar hace falta un carisma fuera de lo común o dinero, y que sin lo uno ni lo otro no hay nada que hacer. Y hay quien clasifica a las mujeres del país por origen y educación para concluir que las mejor situadas ya están emparejadas o son caras. Y una parte se engancha a comparar: deja caer que el carácter de las españolas es complicado, sin más argumento que la experiencia propia.
En medio, el que pasa. Un forero resume la postura de la indiferencia: que se le deje, que a su edad está viviendo como nunca lo ha hecho, y que los demás sigan en la rueda como un hámster. Frente a eso, el que no se lo cree: 500 euros de YouTube son mentira y esa vida se paga con el dinero de otros. Y un tercero hace voto de quedarse en España sin nada, para poder contar después que no era para tanto.
El hilo además se distrae. Hay una tanda de mensajes que se va a anécdotas de pueblo sin relación ninguna con Filipinas, y no son pocos.
Los pronósticos
Uno tiene fecha:
tres meses. Un participante sostiene que, al ritmo de desayuno que describe, no dura ni eso sin un susto serio. Otro apunta en sentido contrario en el tiempo: dice que volverá en cuanto ella le proponga matrimonio, porque a un cincuentón en esa situación no lo ha visto salir corriendo nunca.
Qué cambia respecto a antes
La novia deja de ser una silueta. Antes era que se la ha visto pasar; ahora hay un minuto concreto y una app donde se la enseña. Sigue sin nombre y sin presentación en cámara, pero ya hay marca de tiempo.
El riesgo sanitario cambia de forma. Ya no se discute como una prima de seguro que no se paga, sino como unos síntomas que alguien cree ver en directo, con amígdalas y con cansancio. Lo cuenta un forero. No hay médico.
Entra un asunto nuevo: el divorcio. Que allí no exista y que la separación sí deja una conversación que antes no estaba sobre la mesa.
Y entra la sospecha sobre la cifra. Hasta ahora se hablaba de lo que entra y de lo que sale; a partir de hoy hay quien directamente no se lo cree.