Debate sobre vivienda, impuestos y gasto en el franquismo
En un hilo de foro, varios participantes discuten sobre la construcción de vivienda social durante el franquismo y la carga fiscal de la época. Según un mensaje, en 1963 el régimen franquista entregó 1500 viviendas en Sabadell, aunque este dato no se contrasta con otras fuentes en el material. La pregunta que sobrevuela el debate es de dónde salían los fondos si no existían el IRPF ni el IVA tal y como los conocemos. La respuesta que se da es que sí había impuestos, aunque pocos y de otra naturaleza. Un participante afirma que un impuesto llamado «tráfico de empresas» aportaba alrededor del 3%, y que la Seguridad Social se nutría de una aportación escuálida por parte del trabajador. No había paguitas, no había 18 administraciones y el gasto en pensiones era casi simbólico porque pocos llegaban a la edad de jubilación, según otro comentario.
El régimen recaudaba menos, pero también gastaba una fracción de lo que gasta hoy. Con esa caja, el Estado franquista financiaba vivienda económica de renta limitada, infraestructuras y poco más, según se sostiene en el hilo. No había IVA ni IRPF, y la Seguridad Social se nutría de una aportación escuálida por parte del trabajador. No había paguitas, no había 18 administraciones y el gasto en pensiones era casi simbólico porque pocos llegaban a la edad de jubilación.
¿Cómo se construían 1500 viviendas sin IRPF ni IVA?
La clave no estaba solo en los impuestos, sino en el suelo, según un participante. El promotor privado recibía suelo cedido por el Estado y compensaba el margen por volumen: ganaba poco por unidad, pero si tenía acceso a financiación levantaba cientos de viviendas. Con suelo gratis, un piso de 90 metros cuadrados podía construirse por 55.000 pesetas en términos de 2006; hoy, sin ese suelo regalado, el mismo piso arranca en 130.000 euros solo por el subidón de costes, siempre según ese cálculo. Esa ecuación —suelo barato, financiación pública, margen ajustado— explicaría barrios enteros de Bilbao, San Sebastián y Sabadell, aunque no se aportan datos concretos.
Hay quien añade un matiz incómodo: parte de esa mano de obra era presos republicanos esclavizados a cambio de no ser fusilados, según un comentario. El dato no se contrasta y conviene ponerlo sobre la mesa antes de idealizar el modelo.
El gasto público que no existía: pensiones, sanidad y carreteras
Comparar los impuestos franquistas con los actuales sin comparar los gastos es trampa, según otro participante. En 1963 no había 18 administraciones, la corrupción existía pero tenía menos margen porque había menos administración que saquear, y las paguitas eran prácticamente inexistentes. La contrapartida: carreteras malas, tren deficiente, sanidad mínima.
Nadie daba nada por no trabajar, salvo quizás unas hostias, resume una de las intervenciones más crudas.
El argumento demográfico es el más sólido, según se afirma. La pirámide de población tenía una base brutal y pocos llegaban a jubilarse, así que el gasto en pensiones era residual. Un participante sostiene que España lideraba la esperanza de vida en Europa Occidental en 1975, con 73,44 años de media: 76,25 en mujeres y 70,53 en hombres, por delante de Francia, Italia y Reino Unido. Ese dato, no verificado en el material, se usa para desmontar la idea de que el país era el tercer mundo.
La disciplina del gasto: ¿mito o realidad?
La otra pata del relato es la austeridad personal del dictador, según un comentario: apenas salía de El Pardo, no fumaba ni bebía, desayuno frugal y cena de consomé. A los ministros que metían la mano en la caja se les caía el pelo, metafóricamente hablando. Si eso era cierto, había dinero para vivienda social porque no se desviaba a amiguismos, observatorios o financiación de regímenes extranjeros.
El contraargumento es igual de simple: había menos corrupción porque había menos Estado. Menos administración, menos contratos, menos posibilidades de saquear. No es virtud, es aritmética.
Lo que el dato de Sabadell no resuelve
Las 1500 viviendas de Sabadell no fueron un milagro fiscal, según el debate. Fueron el resultado de un Estado que recaudaba poco, gastaba menos y cedía suelo a promotores privados para que hicieran el trabajo. El modelo funcionó para levantar ladrillo, no para construir un país moderno, según se concluye. Quien quiera entenderlo del todo tendrá que decidir si prefiere pagar menos impuestos y tener carreteras de tierra, o pagar más y tener sanidad. La pregunta sigue abierta.