¿Lo dejamos todo por el sexo? Debate sobre valores actuales

¿Lo dejamos todo por el sexo? Debate sobre valores actuales
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La sustitución de la risa y el trato distendido por el sexo como valor central no es una anécdota: responde a un mercado digital que ofrece gratificación inmediata y a una dificultad creciente para sublimar el deseo. El resultado es una erosión del vínculo social que también tiene coste económico.

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La sustitución de la risa y el trato distendido por el sexo como valor central no es una anécdota: responde a un mercado digital que ofrece gratificación inmediata y a una dificultad creciente para sublimar el deseo. El resultado es una erosión del vínculo social que también tiene coste económico.

Hay una escena que se repite en bares, oficinas y sobremesas: alguien suelta una gracia y el silencio responde. No es que el chiste sea malo. Es que reírse del otro se ha vuelto sospechoso, como si mostrar agrado ante la otra persona fuera una cesión. La risa compartida, esa que antes se transmitía de padres a hijos con el aviso de «no te rías tanto, que hay quien se ha muerto de reír», se sofoca. Y en su lugar, según se observa en conversaciones cotidianas, emerge un único valor que lo coloniza todo: el sexo.

La risa como bien relacional que se apaga

La risa no es solo una emoción. Es un bien relacional, un lubricante social que reduce la fricción en las interacciones y abarata el coste de cooperar. Cuando se apaga, las relaciones se vuelven más caras: cada encuentro exige más cálculo, más defensa, menos espontaneidad. Hay quien interpreta cualquier gesto de agrado como debilidad, como si la vida social fuera una batalla en la que no doblegarse al otro otorgara ventaja. Esa lectura convierte la distensión en riesgo.

El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado. La risa se ha vuelto un recurso escaso en un ecosistema que premia la confrontación y la pose. El humor que antes unía ahora se lee como amenaza. Y mientras tanto, el sexo ocupa el espacio que deja la risa: se viraliza en internet, se convierte en el vehículo de una competición difusa, en la que nadie sabe muy bien qué se gana pero todos parecen participar.

Internet y la gratificación sexual inmediata

Nunca en la historia de la humanidad había sido tan fácil para un hombre alcanzar el éxtasis en minutos. Internet ofrece recursos infinitos, gratuitos y disponibles a cualquier hora. Esa accesibilidad tiene una consecuencia económica clara: el deseo sexual se ha convertido en un mercado de gratificación inmediata, con oferta ilimitada y coste marginal casi nulo. El problema es que el deseo no funciona como un grifo. Se enciende tantas veces que resulta imposible darle expresión todas las veces que aparece.

Ahí entra un concepto que Freud puso sobre la mesa: la sublimación. Todo impulso sexual que no encuentra expresión tiende a canalizarse hacia otra cosa, sea trabajo, arte o cualquier actividad socialmente aceptada. La sexualidad, después de Freud, se ha hallado en total expansión. Pero la sublimación exige un esfuerzo que el muchachito corriente, expuesto a la gratificación instantánea, rara vez hace. El deseo se acumula sin salida y la impotencia, real o inducida, deja de importar.

El coste de una competición sin norte

Hay una frase que se repite en conversaciones sobre el tema: «llega cuanto antes». Como si el sexo fuera una batalla que hay que ganar y el otro, un rival al que doblegar. Pero ¿qué batalla? ¿Qué competición? Nadie lo sabe. El rumor de la brisa trae canciones en otro idioma, mucho más soez, que hablan de lo mismo. La gente joven sofoca una sonrisa mofona ante esas moles que se atribuyen una virilidad de caballo de hierro. La pose sustituye al hecho.

El resultado es una economía del deseo sin norte. Internet lo llena todo, también lo que antes se resolvía en la calle. Y mientras el sexo se convierte en el único valor visible, la risa compartida, ese bien relacional que abarataba la convivencia, se queda sin mercado. No es una tragedia. Es un cambio de modelo. Pero conviene saber qué se gana y qué se pierde cuando el deseo desplaza al vínculo.

Datos clave
  • Freud situó la sublimación como el mecanismo por el que el impulso sexual sin expresión se canaliza hacia otras actividades.
  • Internet ofrece recursos infinitos para alcanzar el éxtasis en minutos, con coste marginal casi nulo para el usuario.
  • La risa compartida funciona como bien relacional que reduce el coste de cooperar en la vida social.
  • La sexualidad, después de Freud, se ha hallado en total expansión, según el material consultado.
  • El deseo sexual acumulado sin salida plantea un problema de sublimación que la gratificación inmediata no resuelve.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Airbag_307

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En el mundo en que crecí tíos, hermanos, hermanas y familiares nos llegábamos a decir "ten cuidado de reírte así que hay gente que se ha perecid de tanto reír". Para que dos personas compartan momentos de risa y distensión no hace falta más que la predisposición del uno por reír y el buen humor del otro que le haga risa:

Creo que hoy esa risa se sofoca; da igual que llegues cargado de buen humor y sueltes la gracia pertinente, o la ráfaga de gracias, la gente, parece que ha tomado por bandera el hecho de hacer comisuras rectas ante la risa. A tenor de mis observaciones cualquier gesto que demuestre agrado ante la otra persona -es una de mis pesquisas- es tomado como un gesto de debilidad de la persona que "no doblega a la otra" -son mis pesquisas sin más valor que la un muy particular- la gente sabrá bien, bien (o no) porque no se ríe, si es que trata de omitir taxativamente todo conato de reír el chiste ajeno, cuando hay una frase lapidaria que habla de una flor, una bota y un tacón...

¿Cuanto tiempo hace que no te encanas a reír o que no ves a nadie encanarse?
 
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Creo que el pago que nos da esta sociedad por toda esa riqueza perdida es el sesso, y quizá el no trabajar de los jóvenes o trabajar poco. Pero nunca lo van a decir, nunca lo van admitir para que tú te sientas en deuda con ellos o viceversa, para que ellos no se sientan en deuda contigo.
 
Pues ya he contado lo del led que sonó como dos tiros y lo de Valencia, antes la supuesta amenaza de dos tiros en mi casa delante de una webcam, la mujer valenciana salta en que vaya a su casa; no me consta, por lo demás, que la mujer se dedicase a ese oficio, bien podría entenderse que el sesgo de una profesional lo viese todo en estos términos, pero no de una chica, una buena chica llamemos decente o una chica normal.

El sesso se ha viralizado en Internet, existen infinitos recursos para que un hombre llegue al pastilla ilegal en minutos; nunca en la historia de la humanidad debió darse algo igual, lo que por lo demás y perteneciendo al género al que pertenezco debo agradecer, pero mi consideración, pese a mi edad, es tal que me hallo excitado tantas veces que sería casi imposible dar expresión a mi masculinidad todas las veces que me hallo erotizado.

La sensual después de Freud se ha hallado en total expansión y a poco me encontraba yo buscando una clave en la que veía reflejado mi inconsciente del placer sensual. Esto nos llega a excitar a los hombres, pero a pesar de ser la erotización un estado agradable del ser humano en su conjunto, la parte teórica de todo aquel impulso sensual que no halla expresión es la sublimación.

Sí, llegando a la parte teórica, todo aquel deseo que no encuentra expresión tiende a la sublimación; dudo mucho que el muchachito corriente sublime algo, poco o nada, de sus impulsos sensual.

Ya no hay tregua para el sesso; de común oigo de cerca escuchar alguna decir llega cuanto antes, como si esto supusiera el mermo de algo o de alguien, una batalla en la que se ha de ganar y el vehículo es el sesso. Pero, un momento, esto resulta abstruso: ¿qué batalla? ¿Qué competición? Solo es que el rumor de la brisa me trae estas canciones.

Bueno, ¿y a qué llegamos? Si es que queremos llegar a alguna parte, ¿o es que todo conduce a lo mismo? Ahora me encuentro a punto de descubrir lo serio de esta disertación que por lo demás parecía tan avanzada. Siempre se quiso ir muy deprisa con la mujer, pero siempre se fue muy despacio.

Ahora el acorde es el ciberespacio, en donde parece que las mujeres llenan vols, y en la calle también, pero solo si te sumas al inverosímil carro de la autoimpotencia o impotencia inducida. Al ver esas moles y pensar que deben tener una virilidad de caballo, de hierro. La gente joven sofoca una sonrisa mofona y burlesca.

Ya no hay norte en lo sensual; sino, para todo ello está Internet.

Vengo de la eroticidad de una supuesta proti que me dice tú ven y les he dicho ahora voy a sublimarlo haciendo la cama y me he partido haciendo la parodia de una prima hermana, sin ser más sátiro 🙂
 
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Pues ya he contado lo del led que sonó como dos tiros y lo de Valencia, antes la supuesta amenaza de dos tiros en mi casa delante de una webcam, la mujer valenciana salta en que vaya a su casa; no me consta, por lo demás, que la mujer se dedicase a ese oficio, bien podría entenderse que el sesgo de una profesional lo viese todo en estos términos, pero no de una chica, una buena chica llamemos decente o una chica normal.

El sesso se ha viralizado en Internet, existen infinitos recursos para que un hombre llegue al pastilla ilegal en minutos; nunca en la historia de la humanidad debió darse algo igual, lo que por lo demás y perteneciendo al género al que pertenezco debo agradecer, pero mi consideración, pese a mi edad, es tal que me hallo excitado tantas veces que sería casi imposible dar expresión a mi masculinidad todas las veces que me hallo erotizado.

La sensual después de Freud se ha hallado en total expansión y a poco me encontraba yo buscando una clave en la que veía reflejado mi inconsciente del placer sensual. Esto nos llega a excitar a los hombres, pero a pesar de ser la erotización un estado agradable del ser humano en su conjunto, la parte teórica de todo aquel impulso sensual que no halla expresión es la sublimación.

Sí, llegando a la parte teórica, todo aquel deseo que no encuentra expresión tiende a la sublimación; dudo mucho que el muchachito corriente sublime algo, poco o nada, de sus impulsos sensual.

Ya no hay tregua para el sesso; de común oigo de cerca escuchar alguna decir llega cuanto antes, como si esto supusiera el mermo de algo o de alguien, una batalla en la que se ha de ganar y el vehículo es el sesso. Pero, un momento, esto resulta abstruso: ¿qué batalla? ¿Qué competición? Solo es que el rumor de la brisa me trae estas canciones.

Bueno, ¿y a qué llegamos? Si es que queremos llegar a alguna parte, ¿o es que todo conduce a lo mismo? Ahora me encuentro a punto de descubrir lo serio de esta disertación que por lo demás parecía tan avanzada. Siempre se quiso ir muy deprisa con la mujer, pero siempre se fue muy despacio.

Ahora el acorde es el ciberespacio, en donde parece que las mujeres llenan vols, y en la calle también, pero solo si te sumas al inverosímil carro de la autoimpotencia o impotencia inducida. Al ver esas moles y pensar que deben tener una virilidad de caballo, de hierro. La gente joven sofoca una sonrisa mofona y burlesca.

Ya no hay norte en lo sensual; sino, para todo ello está Internet.

Vengo de la eroticidad de una supuesta proti que me dice tú ven y les he dicho ahora voy a sublimarlo haciendo la cama y me he partido haciendo la parodia de una prima hermana, sin ser más sátiro 🙂

No vas mal encaminado: hay quien está tan acostumbrado a estímulos inmediatos que le cuesta disfrutar de una reunión familiar o de amigos.

Se llama anhedonia, la ausencia de capacidad de sentir placer; cuando uno se acostumbra a la gratificación fácil, luego le cuesta salir de ahí.

El que no se ríe en un entorno divertido es porque cree que él sí conoce la verdadera diversión.
 
No vas mal encaminado: hay quien está tan acostumbrado a estímulos inmediatos que le cuesta disfrutar de una reunión familiar o de amigos.

Se llama anhedonia, la ausencia de capacidad de sentir placer; cuando uno se acostumbra a la gratificación fácil, luego le cuesta salir de ahí.

El que no se ríe en un entorno divertido es porque cree que él sí conoce la verdadera diversión.
Si algo es gracioso, se toman simplemente la testosterona sintética y así "parecen el más explotador del orbe". No me gusta esa actitud.
 

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