Hay una cosa que me llama muchísimo la atención de toda esta familia de ganaderos y youtubers: después de haber visto cientos de vídeos suyos, sigo sin tener ni idea de cómo se vive realmente de las ovejas. Y eso que, por lo visto, llevan años dedicándose a ello.
Mucho vídeo mirando al cielo porque no llueve, mucho lamentarse de que no hay hierba, que si las alpacas están carísimas, que si el campo está abandonado, que si los políticos no ayudan, que si los animales tienen hambre. Pero a la hora de enseñar el oficio, los números y el funcionamiento de una explotación ganadera, ahí se acaba la programación.
Porque yo no quiero ver a una persona salir de casa, ponerse delante de la cámara y contarme por enésima vez que lleva dos semanas sin llover. Eso ya lo sé mirar por la ventana. Lo que quiero saber es cómo se gana la vida con las ovejas.
¿Cuánto cuesta mantener un rebaño durante un año? ¿Cuánto gastan en alimentación? ¿Cuánto cuesta una alpaca de heno? ¿Cuántas necesitan para pasar el invierno? ¿Cuánto se paga realmente por un cordero? ¿Qué margen queda después de descontar pienso, veterinario, combustible, seguros, instalaciones, maquinaria y demás gastos? ¿Cuántas ovejas hacen falta para que una explotación sea rentable? ¿Cuántas horas de trabajo requiere? ¿Qué ayudas reciben? ¿Qué inversión inicial necesita alguien que quiera empezar?
Silencio administrativo.
De todo eso, que es precisamente lo que podría resultar útil para alguien que quisiera dedicarse a la ganadería, parece que hay bastante menos contenido que de mirar al horizonte y anunciar que se avecina una desgracia.
Y no será por falta de oportunidades. Tienen animales, explotaciones, experiencia y canales con los que podrían enseñar el trabajo diario. Podrían explicar cómo se organiza una paridera, cómo se seleccionan los animales, cómo se gestiona la alimentación, qué enfermedades son habituales, cómo se calcula la rentabilidad, cómo se negocia con los compradores o qué errores cometieron cuando empezaron.
Pero no. Parece que el gran conocimiento ganadero que vamos a recibir hoy es que las ovejas necesitan comer y que, si no llueve, crece menos hierba. Dentro de poco nos explicarán que las gallinas ponen cigot y que los gorrinos no suelen hacer la declaración de la renta.
Lo más llamativo es que siempre están con el mismo discurso: el campo está fatal, no hay futuro, los costes se disparan, los políticos nos abandonan, nadie valora nuestro trabajo y la ganadería está al borde del abismo.
Pero luego los ves con sus canales, sus vídeos, sus seguidores y su actividad en redes sociales, y parece que el negocio audiovisual tiene bastante más protagonismo que la divulgación del oficio. No digo que no trabajen ni que no tengan problemas económicos, porque eso no lo sabemos. Lo que digo es que, si pretenden representar la vida ganadera, podrían enseñar algo más que el catálogo de dificultades de cada temporada.
Porque una cosa es explicar las dificultades del sector y otra muy distinta es utilizar las dificultades del sector como argumento permanente para producir contenido.
Y hay una contradicción que me resulta llamativa: se pasan el día diciendo que vivir del campo es durísimo, que nadie debería meterse en esto sin saber dónde se mete y que la situación es insostenible. Perfecto. Pues explicadlo con datos. Enseñad las cuentas. Mostrad los ingresos y los gastos, aunque sea de manera aproximada. Contad qué parte de la renta familiar procede de la ganadería y qué parte de otras actividades. Explicad qué hace viable vuestra explotación.
Porque si alguien ve cien vídeos vuestros y sigue sin saber cómo se puede vivir de las ovejas, habéis conseguido algo bastante extraordinario: convertir la ganadería en un misterio.
Y luego está el asunto de las redes sociales. Da la impresión de que algunos canales familiares se han convertido en una especie de patio de vecinos digital. Mucha indirecta, mucho comentario, mucho protagonismo y mucha competición por ver quién tiene más razón, más seguidores o más visitas.
Lo que empezó supuestamente para enseñar el mundo rural termina pareciendo un programa de tertulia de dehesa.
El espectador entra buscando información sobre ganadería y acaba encontrándose con un episodio de la guerra de los canales familiares. Que si uno dijo, que si el otro hizo, que si aquel tiene más seguidores, que si este se ha molestado, que si el otro ha publicado una indirecta... Solo falta que pongan una pantalla partida con los tres reaccionando al vídeo del cuarto.
Mientras tanto, las ovejas esperando a que alguien les explique cómo funciona el negocio.
Es que resulta hasta irónico. Se supone que son personas que han elegido vivir de una actividad tradicional, que conocen el campo desde dentro y que podrían aportar muchísimo conocimiento práctico. Sin embargo, sus canales no parecen estar especialmente interesados en enseñar a nadie a seguir sus pasos.
No hay una guía completa de cómo empezar. No hay una explicación seria de la rentabilidad. No hay una serie dedicada a los costes reales de una explotación. No hay un análisis de los distintos modelos de negocio. No hay una explicación detallada de cómo comercializan sus animales. No hay una transparencia mínima que permita al espectador hacerse una idea de si aquello da para vivir o si se sostiene gracias a otras fuentes de ingresos.
Eso sí, para contar que no llueve siempre hay tiempo.
Yo no les estoy pidiendo que regalen su trabajo ni que publiquen sus declaraciones de Hacienda. Pero entre enseñar absolutamente todo y no enseñar prácticamente nada existe un término medio. Se puede divulgar sin revelar secretos comerciales ni poner las cuentas bancarias encima de la mesa.
Y si no quieren enseñar el oficio, estupendo. Que hagan entretenimiento, que cuenten su vida y que suban los vídeos que les dé la gana. Pero entonces que no vendan la película de que están transmitiendo los secretos de la vida rural a las nuevas generaciones.
Porque después de cientos de vídeos, lo único que he aprendido es que:
- Si no llueve, no crece la hierba.
- Si no hay hierba, las ovejas tienen hambre.
- Si las ovejas tienen hambre, hay que comprar alpacas.
- Si compras alpacas, te quejas de que son caras.
- Si tienes un canal, grabas todo lo anterior y vuelves a empezar.
Eso no es enseñar a vivir de la ganadería. Es hacer una serie documental sobre cómo mirar al cielo y enfadarse con él.
Y lo llamativo es que todos parecen tener una opinión sobre cómo está el campo, cómo debería funcionar el país, qué hacen mal los demás y quién tiene la culpa de sus problemas. Pero cuando llega el momento de explicar con números cómo se sostiene una explotación ganadera, parece que se ha ido la cobertura.
En definitiva, mucho discurso sobre la dignidad del trabajo rural, mucha reivindicación y mucho presumir de vida auténtica, pero poca información útil para quien quiera aprender el oficio.
A mí me gustaría ver menos vídeos de gente discutiendo por Internet y más vídeos enseñando a trabajar. Menos tertulia familiar y más ganadería. Menos mirar al cielo y más enseñar las facturas, los animales, los procesos y las cuentas.
Porque el campo no necesita otra tertulia de youtubers enfadados. Necesita gente que explique cómo se trabaja, cuánto cuesta, qué se gana y qué dificultades reales tiene montar una explotación.
Y si después de cientos de vídeos sigo sin saber cómo se puede vivir de las ovejas, igual el problema no es que yo no haya prestado atención.
Igual es que me he tragado cientos de horas de televisión rural y todavía estoy esperando el primer tutorial.