El avión, siendo una actividad más peligrosa por definición, está sujeto a fuertes estándares y regulaciones internacionales. Ningún país quiere ser el patito adefesio de la aviación internacional, entre otras cosas porque va a perder pasajeros, compañías, turismo y vuelos.
Hasta los estados con menos recursos subcontratan los mantenimientos e instalaciones del sistema a terceros a precios elevados si es necesario (aeropuertos, aviones, balizas de navegación...).
El sistema ferroviario es diferente, y como los políticos lo perciben como menos arriesgado, lo usan para colocar a familiares y afines.
Con los resultados que ya hemos visto.