Más allá de criticar a las mujeres, el problema que observo es que todas las relaciones humanas que funcionan en la vida lo hacen bajo una jerarquía y distribución de funciones.
El estado, un ejército, una empresa y hasta hace poco una familia, funcionan cuando están bajo una jerarquía y una distribución de funciones.
En un ejército o una empresa, ninguna función es menor porque todas son necesarias, si no no se pagarían. Esas funciones se distribuyen según capacidades y habilidades. Eso aumenta la eficiencia y libera tiempo a todos.
No veremos al director barriendo pasillos 2 días a la semana, mientras el encargado de limpieza dirige la empresa los días impares. Sería absurdo y totalmente ineficiente.
Con el propósito de la destrucción social y de la familia, nos han convencido que, en nuestras vidas privadas, no debemos responder a otra jerarquía que la del estado, ni debemos distribuir las funciones según competencias y habilidades. Nos han convencido que tareas fundamentales son tareas humillantes y un abuso, solo porque no están remuneradas y el estado no puede sacar su tajada de ellas.
Mientras, las que beneficiaban al estado y a las élites, nos han convencido de que, por más que nos amarguen la vida y nos perjudiquen la salud, nos están realizando como seres humanos. Nos han convencido que todos somos iguales y que no debemos aceptar ninguna jerarquía, más que la del estado.
Eso está destruyendo todas las formas de convivencia. La convivencia se basa en la generosidad y el amor (no amor físico o sensual) y en respetar al otro.
A las mujeres las han confundido hasta el extremo. No las han escogido porque sí. Sabían que eran el eslabón débil de la cadena y que con su destrucción se destruía mucho más que la familia.
Nos han convertido (en general y con muchas excepciones) en seres realmente egoístas. La convivencia se ha vuelto complicada, como la convivencia con adolescentes, que no aceptan jerarquía ni responsabilidades, viven en su mundo, no saben lo que quieren, aspiran a absurdos, culpan y responsabilizan al mundo de sus problemas y solo son buenos para la fiesta. Una infantilización total. Nos han perjudicado, mientras creíamos que era por nuestro bien.