Un experimento con perfiles falsos en una aplicación de citas dio 128 'likes' a un hombre atractivo y desempleado frente a 74 a uno rico. El resultado sugiere que el dinero no basta por sí solo y que el estatus o la fama pueden inclinar la balanza.
El experimento que midió 'likes' y no carteras
Un perfil de hombre atractivo y sin empleo acumuló 128 'likes' en una aplicación de citas. El mismo perfil, presentado como rico, se quedó en 74. La diferencia es de casi el doble y va en la dirección contraria a la que sugiere el sentido común. El dato circula atribuido a una publicación en X y no procede de un estudio académico revisado, así que conviene tomarlo como una anécdota, no como una ley.
Lo que muestra ese ejercicio es limitado: una foto, una biografía y un contador de interacciones. No dice nada sobre relaciones duraderas, convivencia ni proyectos de vida. Solo mide el primer clic.
El estatus y la fama como moneda de cambio
Hay un factor que compite con la apariencia y a veces la supera: el estatus. Ser reconocido por algo, que otros te admiren, funciona como un activo social que no aparece en la cuenta corriente. Un músico con 50.000 seguidores en Instagram, aunque no llegue a fin de mes con eso, puede generar más interés inicial que alguien con dinero y sin proyección pública.
La fama, incluso la modesta, tiene un efecto de validación. Si mucha gente sigue a alguien, ese alguien parece importante. Y la importancia percibida pesa en la atracción, a veces más que el saldo bancario.
La personalidad también juega su carta
El atractivo no lo decide solo la cara ni el patrimonio. Rasgos como la seguridad, el misterio o una reputación de tipo duro también suman. Un perfil con antecedentes penales, por ejemplo, puede despertar curiosidad en un entorno de citas rápidas, aunque sea una señal problemática en la vida real.
Eso no significa que el dinero no importe. Significa que no es el único interruptor. En el mercado de las citas, como en casi todo, lo que pesa es una combinación: aspecto, estatus, carácter y contexto. Reducirlo a una sola variable suele llevar a conclusiones equivocadas.