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Carta de una cortesana arrepentida a sus clientes
Queridos clientes:
Hoy me atrevo a escribir estas palabras con el corazón en la mano, después de mucho tiempo guardando silencios, lágrimas y sentimientos que nunca me atreví a expresar.
Durante una etapa de mi vida, muchos de vosotros me conocisteis por mi cuerpo, por el dinero que recibía y por los momentos que compartimos. Quizá para algunos fui simplemente una mujer a la que acudir para satisfacer un deseo, una compañía pasajera o un secreto que jamás contaríais a nadie. Pero detrás de aquella mujer había una persona, con sentimientos, sueños, heridas y una historia que pocos llegaron a conocer.
No os escribo para juzgaros ni para haceros responsables de mis decisiones. Cada uno de nosotros tiene su propia historia y sus propias debilidades. Os escribo porque hoy miro atrás y siento la necesidad de cerrar una etapa de mi vida que me dejó profundas huellas.
Durante mucho tiempo confundí la necesidad con la libertad, el dinero con la tranquilidad y la atención con el cariño. Hubo momentos en los que sonreía por fuera mientras por dentro me sentía vacía. Aprendí a separar mi cuerpo de mis emociones para poder seguir adelante, pero no siempre pude evitar que mi alma se llenara de tristeza.
No todos conocisteis mi sufrimiento, ni todos sabíais qué me llevó hasta allí. Algunos quizá pensasteis que yo era feliz con aquella vida. Otros tal vez nunca os preguntasteis qué sentía cuando terminaba un encuentro y me quedaba sola conmigo misma.
Hoy no quiero vivir atrapada en el pasado. Me arrepiento de las decisiones que me alejaron de la paz, de las veces que me olvidé de mi propio valor y de haber permitido que mis heridas me hicieran creer que merecía menos de lo que realmente valgo. No me arrepiento de haber sobrevivido como pude, sino de no haber sabido antes que también merecía cuidarme, respetarme y buscar una vida diferente.
A vosotros, que formasteis parte de aquella etapa, os digo adiós. No guardo repruebo en mi corazón. Tampoco deseo que me recordéis únicamente por lo que hice o por el dinero que recibisteis o me entregasteis. Detrás de aquella mujer existía un ser humano que necesitaba comprensión, dignidad y, sobre todo, aprender a quererse a sí mismo.
Hoy quiero recuperar mi paz, reconstruir mi vida y caminar con la cabeza en alto. Quiero aprender a perdonarme, dejar de castigarme por mi pasado y demostrarme que mi historia no termina en los errores que cometí.
Si alguna vez me recordáis, recordad también que ninguna persona puede reducirse a una sola etapa de su vida. Todos merecemos la oportunidad de cambiar, de sanar y de comenzar de nuevo.
Esta carta no es una invitación a regresar, ni una petición de compasión. Es una despedida. Una manera de cerrar una puerta que durante mucho tiempo permaneció abierta en mi corazón.
Me voy con las lecciones aprendidas, con las cicatrices que poco a poco irán sanando y con la esperanza de encontrar una vida en la que no tenga que fingir una sonrisa para ocultar mis lágrimas.
Hoy elijo mi dignidad, mi tranquilidad y mi futuro.
Adiós a vosotros, adiós a aquella etapa y, sobre todo, adiós a la mujer que fui cuando creía que no podía aspirar a algo mejor.
Con arrepentimiento por mis errores, compasión por mi pasado y esperanza en mi futuro.