Prácticamente toda la cúpula de ese partido, en su mayoría amiguísimos desde la universidad, han terminado o bien colocados o directamente viviendo vidas de marqueses. Algunos con varios descendientes, colegios privados para aislar a sus descendientes de la plebe y una larga lista de "vicios decadentes de la burguesía" que harían sonrojar a cualquier militante hace no tanto.
Se han convertido en aquello que juraron destruir. La más abyecta casta casposa y endogámica que no aporta nada productivo a la sociedad, solo consume recursos.
Pero lo peor no es eso. Hace menos de un siglo, cualquier dirigente de izquierdas se cuidaba muy mucho de guardar las apariencias, sabían perfectamente que la disonancia cognitiva que generaban sus contradicciones podían dejarles fuera de la carrera política. Ahora hacen gala de ellas con total chulería y desvergüenza.
Fiel retrato de la sociedad actual.