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El día en que el combustible alcanzó su precio más alto registrado en España, la periferia sur de Madrid amanecía saturada de coches. Las terrazas están llenas, las reservas de restaurante para el fin de semana se agotan y hay cola para comprar un teléfono de 2.000 euros. Y, a la vez, una parte de la clase trabajadora sostiene que ya no le llega ni para una bolsa de pipas de 4 euros.
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Dadle las gracias a las patronales de ciertos sectores por llenar el país de trabajadores extranjeros.(mensaje citado en revisión)
Pues qué millonario más triste.Pero tú crees que los que tienen pasta en Madrid pasean por la calle para llegar a los sitios?
Esos cogen un mercedes en el aparcamiento privado de casa y lo meterían si pudieran dentro de la discoteca arrasando la puerta.
Para ellos el resto de la sociedad que pulula por las calles no son más que plebeyos a evitar.
Todo el que pisa la calle y va mirando escaparates en Madrid, o comiendo pipas en cualquier parque, no es más que un pobre de solemnidad en su gran mayoría.