Roeben Gisbert y el petróleo que, según la tesis, no existe
No hay petróleo. Así, sin matices. La afirmación que se atribuye a Roeben Gisbert ha reabierto una discusión que se daba por cerrada: la del crudo que se agota. El detalle incómodo es que llegó con el barril cotizando, no con el barril a cero. Si de verdad no hay petróleo, alguien tendría que explicar por qué el mercado sigue pagando por él.
Aceite de piedra: la etimología como argumento
La vieja traducción rusa del petróleo —«aceite de piedra»— se esgrime como prueba de que el crudo brota de la Tierra por sí solo, sin organismo fosilizado de por medio. La versión del zumo de dinosaurio fermentado durante millones de años sigue siendo la dominante, aunque no cierra todos los interrogantes. Hay quien sostiene que la escasez es una obra de ingeniería política, con la Agenda 2030 como horizonte y el precio sostenido a fuerza de restringir oferta. En contra pesa un argumento simple: lo que se fabrica a voluntad no se paga tan caro.
El pico del petróleo, contado bien
Aquí está la aportación más fina del asunto: el crudo no se acaba, se acaba la capacidad técnica de extraerlo. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez —hay muchísimo petróleo bajo tierra y, al mismo tiempo, el que se puede sacar a coste razonable mengua—. Esa distinción, que casi nunca aparece en los titulares, cambia por completo el diagnóstico. No es un problema de agotamiento geológico; es un problema de ingeniería y de rentabilidad.
Y sin embargo la consigna vuelve cada cierto tiempo, con Trump, Putin, Zelenski o Irán de fondo. Nadie ha explicado todavía cómo se compagina que no haya petróleo con que haya precio. La respuesta más elegante la dio, sin querer, el propio argumento: si de verdad no existiera, cotizaría a 0€.