Tiene razón. Soy de los que piensan que una bofetada a tiempo a un descendiente previene muchos males futuros. Y lo afirmo en base a mi experiencia como descendiente. No estoy hablando de maltrato físico ni de torturas, pero un bofetón, entendido como una amonestación o una forma de marcar límites, es una práctica que se lleva haciendo desde hace milenios y con eficacia probada.
Actualmente impera el modelo educativo permisivo, que a la larga provoca incluso muchos más problemas en los descendientes (carencias de control y límites, inmadurez, baja tolerancia a la frustración, falta de habilidades psicosociales, problemas emocionales...) que el "clásico" modelo represivo-autoritario en el que se criaron nuestros padres y abuelos. Un modelo educativo que por cierto, también genera sujetos disfuncionales y dependientes.
No obstante, una cosa está clara, y es que los cachetes a los descendientes sólo funcionan hasta cierta edad, a partir de ahí es un error (por su inutilidad) seguir haciéndolo. Posiblemente muchos de nosotros, de una forma u otra, hemos sido testigos de compañeros de colegio que recibían verdaderas caricia en el hogar como forma rutinaria de regañina. ¿Quién no se acuerda de chavales que estaban tan acostumbrados a los guantazos que su cuerpo ya no reaccionaba de la misma forma al dolor? ¡habían desarrollado tolerancia!, y al igual que cuando se abusa del consumo de antibióticos. Y cuando ocurre esto, entonces la bofetada hay que darla aún más fuerte, y entonces se genera un círculo vicioso y una dinámica de maltrato doméstico.