Noticia: La dificultad de irse a trabajar a Madrid o BCN: Los altos precios de la vivienda frenan la movilidad laboral y ensanchan la desigualdad

Vlad_Empalador

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Los altos precios de la vivienda frenan la movilidad laboral y ensanchan la desigualdad​


El FMI considera que los elevados costes de la vivienda están dificultando que los trabajadores se trasladen a lugares más productivos. El encarecimiento, además, está ensanchando la desigualdad entre inquilinos y propietarios​


(imagen visible para usuarios registrados) Vista de un organización incivil de 'Se vende' en un portal de un edificio en Madrid. (Europa Press/Eduardo Parra)

Por
Carlos Sánchez

03/09/2026 - 05:00



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El análisis se refleja en sendos estudios —aquíy aquí— del Fondo Monetario Internacional (FMI), y las conclusiones son similares: el aumento de los precios de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, está frenando la movilidad laboral, históricamente uno de los fundamentos de la asignación eficiente de la mano de obra.

Uno de los trabajos se refiere a España y el otro a la Unión Europea, y el resultado vuelve a ser el mismo: la ampliación de la brecha de ingresos y riqueza entre propietarios e inquilinos, precisamente por el alza de los precios de la vivienda, se ha visto agravada por el coste de eficiencia derivado de la menor movilidad laboral. "Los elevados costes de la vivienda dificultan que los trabajadores se trasladen a lugares más productivos", sostiene el primero de los trabajos. Es decir, tiene un claro efecto sobre la desigualdad en la medida en que el encarecimiento supone una limitación a la posibilidad de que un trabajador que vive en un territorio desfavorecido pueda trasladarse a otro de mayor renta.

El estudio sobre España parte de una primera evidencia: la movilidad laboral es un incentivo para que los trabajadores se trasladen de regiones con menor productividad y mayor desempleo a zonas con mejores oportunidades laborales, lo que, en última instancia, eleva la productividad, reduce el desempleo estructural y ayuda a las economías locales a adaptarse a los ciclos económicos. Y es aquí donde el mercado inmobiliario juega un papel clave, ya que, sin una vivienda asequible, las dificultades para cambiar de localidad, provincia o región son mayores.

Los autores del artículo, cuatro economistas del FMI, estiman que unos costes de vivienda más elevados "desalientan significativamente" la migración interna. En concreto, un incremento del 10 % en los precios de la vivienda en la localidad de destino del trabajador reduce la migración interna en torno a un 4 %. Por el contrario, unos costes de vivienda más elevados en la localidad de origen actúan como un factor de expulsión, ya que un aumento del 10 % en los precios de la vivienda incrementa la emigración en torno a un 2,8 %.

Efecto expulsión​


Es decir, se produce un efecto expulsión, sobre todo en el caso de las personas jóvenes nacidas en el extranjero, con un aumento del 6,2 % y del 7,9 % en los flujos migratorios hacia el exterior en respuesta a un aumento del 10 % en el precio de la vivienda en el lugar de origen. Esto se explica porque también este colectivo es el que tiene una menor tasa de propiedad de vivienda y una mayor flexibilidad en la elección de ubicación, lo que los hace más sensibles a las presiones del mercado inmobiliario.

En el caso del alquiler, no de la propiedad, el efecto es, incluso, dos o tres veces mayor, sostiene el estudio. Estos patrones, dice el 'paper' publicado por el FMI, sugieren que el coste de la vivienda "es un factor importante en las decisiones migratorias y que las limitaciones de asequibilidad pueden ser un obstáculo mayor para las poblaciones más jóvenes y nacidas en el extranjero".

Es más, según sus investigaciones, si los precios de la vivienda en las provincias de alta productividad —Madrid, Barcelona o las provincias vascas— no hubieran crecido más rápido que la inflación entre 2017 y 2023, aproximadamente 63.000 personas más en edad laboral habrían emigrado a estas provincias, en comparación con las apenas 1.700 (en términos netos) que lo hicieron en la práctica.

Las provincias citadas, junto a Baleares, son las que más han visto elevar el precio de los pisos en los últimos años, tanto en propiedad como en alquiler. Según sus cálculos, las ganancias directas en términos de PIB habrían sido "modestas", alrededor del 0,05 % durante ese periodo, aunque hay que tener en cuenta que dichas ganancias se acumularían con el tiempo. Sin embargo, matizan, es probable que esta cifra se haya subestimado, ya que no tiene en cuenta lo que los expertos denominan economías de aglomeración, cuyo principal efecto es un avance de la productividad debido a que la eficiencia se concentra en un mismo territorio. Precisamente, en las regiones más productivas. Además, sostienen, esa estimación tampoco refleja los beneficios potencialmente mayores que supondría atraer a las regiones más productivas a las recientes oleadas de forasteros internacionales.

Hay que tener en cuenta que, históricamente, los jóvenes, que son quienes tienen hoy las mayores dificultades para alquilar o comprar una vivienda, son también quienes más frecuentemente han cambiado de residencia geográfica. Desde luego, más que quienes han superado los 40-45 años. Así, por ejemplo, en 2023, las personas de entre 16 y 35 años representaron casi el 57 % de todos los traslados residenciales entre provincias en España, a pesar de constituir solo el 33 % de la población en edad laboral. Igualmente, las personas nacidas en el extranjero representaron el 47 % de los traslados, pero únicamente el 22 % de la población en edad laboral. Su conclusión no deja lugar a dudas: el aumento del precio de la vivienda "podría tener implicaciones sustanciales para la movilidad geográfica, dado que los grupos demográficos más sensibles a los precios de la vivienda también constituyen la mayor parte de los flujos migratorios internos del país".

Un problema europeo​


No se trata, en todo caso, de un fenómeno español. El otro trabajo del FMI encuentra evidencias de que el encarecimiento de la vivienda afecta de forma significativa a los flujos migratorios en el conjunto de la Unión Europea. El estudio, en concreto, y para el conjunto de la región, estima que las limitaciones de asequibilidad de la vivienda "podrían haber provocado que se cancelaran alrededor de un millón de traslados dentro de la UE durante la última década". El otro efecto tiene que ver, como en el caso español, con la desigualdad, y la conclusión a la que se llega es que se está ensanchando la brecha de riqueza entre propietarios e inquilinos. El descenso ha sido especialmente pronunciado entre los hogares sin reservas financieras para adquirir o alquilar una vivienda, cuya probabilidad de acceder a la propiedad se ha reducido a menos de la mitad respecto al nivel anterior a la crisis financiera mundial, en 2008.

En cuanto a la productividad, el informe acredita que la disminución de la asequibilidad de la vivienda tiene también consecuencias adversas para la eficiencia macroeconómica. Utilizando datos regionales de los distritos alemanes y de las regiones NUTS-1 europeas (la división oficial que usa la Unión Europea para organizar, comparar y publicar sus datos estadísticos regionales), el estudio concluye que los altos costes de la vivienda contribuyen a reducir la inmi gración a las regiones que experimentan choques positivos de demanda laboral. Es decir, la asequibilidad de la vivienda debilita el ajuste del mercado laboral y reduce la eficiencia de la asignación de mano de obra entre regiones, especialmente en áreas en expansión.

El análisis se refleja en sendos estudios —aquíy aquí— del Fondo Monetario Internacional (FMI), y las conclusiones son similares: el aumento de los precios de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, está frenando la movilidad laboral, históricamente uno de los fundamentos de la asignación eficiente de la mano de obra.
 

Los altos precios de la vivienda frenan la movilidad laboral y ensanchan la desigualdad​


El FMI considera que los elevados costes de la vivienda están dificultando que los trabajadores se trasladen a lugares más productivos. El encarecimiento, además, está ensanchando la desigualdad entre inquilinos y propietarios​


(imagen visible para usuarios registrados) Vista de un organización incivil de 'Se vende' en un portal de un edificio en Madrid. (Europa Press/Eduardo Parra)

Por
Carlos Sánchez

03/09/2026 - 05:00



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El análisis se refleja en sendos estudios —aquíy aquí— del Fondo Monetario Internacional (FMI), y las conclusiones son similares: el aumento de los precios de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, está frenando la movilidad laboral, históricamente uno de los fundamentos de la asignación eficiente de la mano de obra.

Uno de los trabajos se refiere a España y el otro a la Unión Europea, y el resultado vuelve a ser el mismo: la ampliación de la brecha de ingresos y riqueza entre propietarios e inquilinos, precisamente por el alza de los precios de la vivienda, se ha visto agravada por el coste de eficiencia derivado de la menor movilidad laboral. "Los elevados costes de la vivienda dificultan que los trabajadores se trasladen a lugares más productivos", sostiene el primero de los trabajos. Es decir, tiene un claro efecto sobre la desigualdad en la medida en que el encarecimiento supone una limitación a la posibilidad de que un trabajador que vive en un territorio desfavorecido pueda trasladarse a otro de mayor renta.

El estudio sobre España parte de una primera evidencia: la movilidad laboral es un incentivo para que los trabajadores se trasladen de regiones con menor productividad y mayor desempleo a zonas con mejores oportunidades laborales, lo que, en última instancia, eleva la productividad, reduce el desempleo estructural y ayuda a las economías locales a adaptarse a los ciclos económicos. Y es aquí donde el mercado inmobiliario juega un papel clave, ya que, sin una vivienda asequible, las dificultades para cambiar de localidad, provincia o región son mayores.

Los autores del artículo, cuatro economistas del FMI, estiman que unos costes de vivienda más elevados "desalientan significativamente" la migración interna. En concreto, un incremento del 10 % en los precios de la vivienda en la localidad de destino del trabajador reduce la migración interna en torno a un 4 %. Por el contrario, unos costes de vivienda más elevados en la localidad de origen actúan como un factor de expulsión, ya que un aumento del 10 % en los precios de la vivienda incrementa la emigración en torno a un 2,8 %.

Efecto expulsión​


Es decir, se produce un efecto expulsión, sobre todo en el caso de las personas jóvenes nacidas en el extranjero, con un aumento del 6,2 % y del 7,9 % en los flujos migratorios hacia el exterior en respuesta a un aumento del 10 % en el precio de la vivienda en el lugar de origen. Esto se explica porque también este colectivo es el que tiene una menor tasa de propiedad de vivienda y una mayor flexibilidad en la elección de ubicación, lo que los hace más sensibles a las presiones del mercado inmobiliario.

En el caso del alquiler, no de la propiedad, el efecto es, incluso, dos o tres veces mayor, sostiene el estudio. Estos patrones, dice el 'paper' publicado por el FMI, sugieren que el coste de la vivienda "es un factor importante en las decisiones migratorias y que las limitaciones de asequibilidad pueden ser un obstáculo mayor para las poblaciones más jóvenes y nacidas en el extranjero".

Es más, según sus investigaciones, si los precios de la vivienda en las provincias de alta productividad —Madrid, Barcelona o las provincias vascas— no hubieran crecido más rápido que la inflación entre 2017 y 2023, aproximadamente 63.000 personas más en edad laboral habrían emigrado a estas provincias, en comparación con las apenas 1.700 (en términos netos) que lo hicieron en la práctica.

Las provincias citadas, junto a Baleares, son las que más han visto elevar el precio de los pisos en los últimos años, tanto en propiedad como en alquiler. Según sus cálculos, las ganancias directas en términos de PIB habrían sido "modestas", alrededor del 0,05 % durante ese periodo, aunque hay que tener en cuenta que dichas ganancias se acumularían con el tiempo. Sin embargo, matizan, es probable que esta cifra se haya subestimado, ya que no tiene en cuenta lo que los expertos denominan economías de aglomeración, cuyo principal efecto es un avance de la productividad debido a que la eficiencia se concentra en un mismo territorio. Precisamente, en las regiones más productivas. Además, sostienen, esa estimación tampoco refleja los beneficios potencialmente mayores que supondría atraer a las regiones más productivas a las recientes oleadas de forasteros internacionales.

Hay que tener en cuenta que, históricamente, los jóvenes, que son quienes tienen hoy las mayores dificultades para alquilar o comprar una vivienda, son también quienes más frecuentemente han cambiado de residencia geográfica. Desde luego, más que quienes han superado los 40-45 años. Así, por ejemplo, en 2023, las personas de entre 16 y 35 años representaron casi el 57 % de todos los traslados residenciales entre provincias en España, a pesar de constituir solo el 33 % de la población en edad laboral. Igualmente, las personas nacidas en el extranjero representaron el 47 % de los traslados, pero únicamente el 22 % de la población en edad laboral. Su conclusión no deja lugar a dudas: el aumento del precio de la vivienda "podría tener implicaciones sustanciales para la movilidad geográfica, dado que los grupos demográficos más sensibles a los precios de la vivienda también constituyen la mayor parte de los flujos migratorios internos del país".

Un problema europeo​


No se trata, en todo caso, de un fenómeno español. El otro trabajo del FMI encuentra evidencias de que el encarecimiento de la vivienda afecta de forma significativa a los flujos migratorios en el conjunto de la Unión Europea. El estudio, en concreto, y para el conjunto de la región, estima que las limitaciones de asequibilidad de la vivienda "podrían haber provocado que se cancelaran alrededor de un millón de traslados dentro de la UE durante la última década". El otro efecto tiene que ver, como en el caso español, con la desigualdad, y la conclusión a la que se llega es que se está ensanchando la brecha de riqueza entre propietarios e inquilinos. El descenso ha sido especialmente pronunciado entre los hogares sin reservas financieras para adquirir o alquilar una vivienda, cuya probabilidad de acceder a la propiedad se ha reducido a menos de la mitad respecto al nivel anterior a la crisis financiera mundial, en 2008.

En cuanto a la productividad, el informe acredita que la disminución de la asequibilidad de la vivienda tiene también consecuencias adversas para la eficiencia macroeconómica. Utilizando datos regionales de los distritos alemanes y de las regiones NUTS-1 europeas (la división oficial que usa la Unión Europea para organizar, comparar y publicar sus datos estadísticos regionales), el estudio concluye que los altos costes de la vivienda contribuyen a reducir la inmi gración a las regiones que experimentan choques positivos de demanda laboral. Es decir, la asequibilidad de la vivienda debilita el ajuste del mercado laboral y reduce la eficiencia de la asignación de mano de obra entre regiones, especialmente en áreas en expansión.

El análisis se refleja en sendos estudios —aquíy aquí— del Fondo Monetario Internacional (FMI), y las conclusiones son similares: el aumento de los precios de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, está frenando la movilidad laboral, históricamente uno de los fundamentos de la asignación eficiente de la mano de obra.

Este mecanismo no es una ocurrencia del FMI, lleva años documentado fuera y conviene saberlo porque cambia el diagnóstico.

En Estados Unidos, durante más de un siglo, las rentas de los estados pobres convergían con las de los ricos: la gente se mudaba a donde se pagaba más y eso igualaba. Ganong y Shoag documentaron que esa convergencia se paró, y que se paró de forma desigual: sigue funcionando en los estados con normativa urbanística laxa y se ha detenido en los que tienen la regulación más restrictiva. El motivo es el que dice el artículo: cuando el sueldo extra se lo come entero el alquiler, al trabajador de menor cualificación deja de compensarle el traslado, y de hecho empieza a moverse en dirección contraria.

Hsieh y Moretti intentaron ponerle precio a eso en producción perdida por trabajadores que no llegan a las ciudades productivas. Su estimación fue enorme y ellos mismos publicaron después una corrección a la baja, así que la magnitud está discutida. El mecanismo, no.

Y el dato español del artículo es el mismo cuadro: 63.000 personas que se habrían mudado frente a 1.700 que lo hicieron.
 

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