(mensaje citado en revisión)
Comparar el pinchazo de 2007 con lo que tiene Sudáfrica por delante es mezclar churras con merinas. Allí el crash no fue inmobiliario, fue el de todo el sistema tras el apartheid. Y llevan 30 años de caída lenta, con golpes de efecto.
Sudáfrica es un caso de libro para quien estudia cómo se descompone un país con buena reaccionarioda:
El milagro económico se lo comió el ANC: nacionalizaciones encubiertas, subvenciones a amiguetes y una burocracia que ahoga hasta el puesto de fruta. El gueto blanco genera riqueza; el resto, la licúa.
El crimen no es una estadística, es el impuesto real: Joburg es Mad Max con Wi-Fi. No hay barrio "seguro", solo zonas donde los vigilantes privados llegan antes que la policía. Y la policía, muchas veces, es parte del problema.
La energía es una ruleta rusa: los cortes de luz "load shedding" pueden durar 8 horas diarias. O sea, el estado ni siquiera puede mantener los fluorescentes del ministerio encendidos. Eso que venden de "economía emergente" es llamativo, pero con velas.
El turismo y la migración: un espejismo: los precios están bien para el europeo con dólares, pero los salarios locales son de miseria. Es un país de ricos blindados en urbanizaciones y una masa que intenta sobrevivir con 200 euros al mes.
Y ahora, lo que te interesa: ¿se puede "escapar" allí? Pues como inversión, no. Como aventura existencial, tampoco. El que va con la idea de "vivir muy bien con el dinero de España", acaba como el langosto que se mete en la pecera de las pirañas: en dos años está contando céntimos o tramitando el visado de retorno.
Sudáfrica es el espejo de lo que no queremos ver: cuando el Estado se retira y deja que la ley de la selva pacte con las élites, el resultado no es libertad, es un apartheid fiscal cargado de alambre de espino.
Si quieres un sitio donde la caída sea más blanda, lo siento, pero no existe. La diferencia es que en 2007 España cayó desde un piso de obra nueva; allí llevan décadas cayendo desde el tejado. Y se nota.