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Himbersor
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Marcos Rodríguez Pantoja nació en 1946 en un pueblito del sur de España; su mamá murió cuando él tenía 3 años, después de dar a luz a su 8º hermano en una familia pobre en una España destrozada por la guerra civil.
Su papá se volvió a casar, pero la mujer con la que se casó físicamente maltrataba a Marcos. A los 7, después de una vida de abusos y manoseos, lo vendieron a un granjero, que a su vez lo vendió a un pastor de cabras, que quería adoptarlo y darle una buena vida como su sucesor. Vivieron juntos en una cueva, pero por mala suerte ese pastor de cabras murió el mismo año, y Marcos se quedó sin hogar en una cueva en medio de la naturaleza. Vagó hasta que encontró a un grupo de cachorros de lobo en una cueva y se metió con ellos. Cuando la progenitora apareció, los vio jugando con Marcos y decidió adoptarlo; su inteligencia alta le permitió entender y adaptarse al comportamiento de los lobos.
No lo encontraron hasta 11 años después, cuando ya tenía 19 años; ya no podía hablar un idioma humano. La policía lo encontró aullando y, después de morder a un agente, al final tuvieron que sujetarlo con cuerdas. La policía nunca presentó cargos contra el papá, que para entonces todavía estaba vivo, y él nunca se disculpó con Marcos.
Un grupo de monjas y doctores en Madrid le enseñaron a hablar, a vestirse, a caminar con 2 piernas, a comer con cubiertos, entre otras cosas, hasta que por fin lo volvieron a integrar a la sociedad como un humano funcional.
Lamentablemente, esto no sería el fin de su desgracia: aunque consiguió trabajo, hizo el servicio militar y se casó, su esposa lo engañaba seguido, le robaba dinero, ya que él nunca entendió del todo cómo funciona la sociedad y el valor del dinero. Desarrolló rechazo al ruido y al olor de las ciudades; muchas veces decía que le gustaba vivir con animales más que con humanos, y siempre prefería la vida en el pueblo.
Vivió en albergues, Fuengirola y en cuevas, hasta que al final se mudó a un pueblo en San Cibrao das Viñas, en el norte de España, donde murió ayer a la edad de 80 años. En 2010 se estrenó una película que contaba su vida llamada “Among Wolves”
Su papá se volvió a casar, pero la mujer con la que se casó físicamente maltrataba a Marcos. A los 7, después de una vida de abusos y manoseos, lo vendieron a un granjero, que a su vez lo vendió a un pastor de cabras, que quería adoptarlo y darle una buena vida como su sucesor. Vivieron juntos en una cueva, pero por mala suerte ese pastor de cabras murió el mismo año, y Marcos se quedó sin hogar en una cueva en medio de la naturaleza. Vagó hasta que encontró a un grupo de cachorros de lobo en una cueva y se metió con ellos. Cuando la progenitora apareció, los vio jugando con Marcos y decidió adoptarlo; su inteligencia alta le permitió entender y adaptarse al comportamiento de los lobos.
No lo encontraron hasta 11 años después, cuando ya tenía 19 años; ya no podía hablar un idioma humano. La policía lo encontró aullando y, después de morder a un agente, al final tuvieron que sujetarlo con cuerdas. La policía nunca presentó cargos contra el papá, que para entonces todavía estaba vivo, y él nunca se disculpó con Marcos.
Un grupo de monjas y doctores en Madrid le enseñaron a hablar, a vestirse, a caminar con 2 piernas, a comer con cubiertos, entre otras cosas, hasta que por fin lo volvieron a integrar a la sociedad como un humano funcional.
Lamentablemente, esto no sería el fin de su desgracia: aunque consiguió trabajo, hizo el servicio militar y se casó, su esposa lo engañaba seguido, le robaba dinero, ya que él nunca entendió del todo cómo funciona la sociedad y el valor del dinero. Desarrolló rechazo al ruido y al olor de las ciudades; muchas veces decía que le gustaba vivir con animales más que con humanos, y siempre prefería la vida en el pueblo.
Vivió en albergues, Fuengirola y en cuevas, hasta que al final se mudó a un pueblo en San Cibrao das Viñas, en el norte de España, donde murió ayer a la edad de 80 años. En 2010 se estrenó una película que contaba su vida llamada “Among Wolves”