No es ninguna cortina de humo. Es un refuerzo.
Tenemos miedo, repruebo, ira, desolación. La posibilidad de que nos roben colma todas las copas pero pienso que más que nunca se hace necesario mostrar el orgullo y el amor por nuestra tierra.
La pasión que mueve nuestro mundo español, tan criticado, tan insultado, nos rebaja en lo que creo que es nuestra principal fortaleza cuando se vuelve oscura y vengativa e incapaz de volver a lanzar esa mirada de quien ve más allá que un reto o un revés.
Los ciudadanos que sufren y ante los que los políticos realizan su cálculo electoral, necesitan conocer que los sentimos españoles desde el primero al último. Sin matices, sin descartes y con todo el corazón que una nación diversa y completa es capaz de demostrar como legítima y espontanea seña de identidad española.
Esa es su grandeza y no el más aquello que esto, o el ser más bajo que alto o de más norte que al sur. Hay algo telúrico, subterráneo, estratosférico y conmovedor que yace dormido después de derrotas y traiciones que a decir verdad, nunca supimos perdonar.
Esa pasión espera su momento pero vigilen que no los conduzcan al matadero de las criaturas sin carácter. Vienen tiempos peligrosos y por tanto, respiren este calor asfixiante recordando que otros, bajo trajes de hierro candente, cabalgaron las estepas y los valles sin darle oportunidad al miedo.