Los limites del Pacifismo.

Estrella Social

Lonchafinista
Desde
24 Mar 2025
Mensajes
501
Fruta
120
“Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames” —Lucas 6:29-30
Esta enseñanza del sermón de la montaña según la cuentan dos evangelistas, presenta, más que un camino de bondad y tolerancia, una especie de paraíso para el agresor, para el abusón, para el invasor, para el ladrón.

Cierto que no suele verse así, pero imagínese usted que se ajusta a esta conseja el día que un atacante entra en su casa, lo golpea, agrede a su mujer y le roba la cartera… lo que Cristo le sugiere es que usted lo invite a que lo golpee más veces, que además agreda a sus dos hijas y que le robe también el auto y otras pertenencias.

Algunas versiones del pacifismo se alinean con esta idea.

Mariúpol destrozada por la oleada turística rusa
Pero en términos generales, cuando alguien ataca nuestra casa, nuestro país, nuestra región, con intenciones homicidas, el pacifismo se vuelve enormemente difícil. Y cuando existe una amenaza constante de que ello ocurra, prevenirse para impedirlo no es fomentar el belicismo, sino buscar la propia supervivencia.

Tal es la situación en la que Europa está hoy y en la que muchos, pese a ser pacifistas convencidos, asumen que es urgente prepararse para lo peor mientras se lucha por evitarlo.

Fue por ello que un pacifista como el matemático inglés Bertrand Russell, que había ido a la cárcel en la Primera Guerra Mundial por su convicción antibélica, escribió en 1943 El futuro del pacifismo, artículo donde establecía las limitaciones del “pacifismo absoluto” contra el “pacifismo relativo”. Según Russell hay guerras (muy pocas, subraya) que vale la pena pelear, y ponía como ejemplo la que se estaba llevando a cabo en ese mismo momento contra el régimen nacionalsocialista, el fascismo y el imperialismo japonés. Su argumento es sencillo pero irrefutable: los pavor de la guerra son menores que los pavor que implicaría la derrota.

Bertrand Russell
Es lo que vivieron muchos países vencidos en la Segunda Guerra Mundial: someterse a la ocupación, aceptar las órdenes de los nuevos amos, bajar la cabeza y mostrarse dóciles no servía para apaciguarlos ni para restaurar un “vivir sin sobresaltos” que es anhelo humano generalizado. Rendirse era aceptar la aniquilación, la esclavitud, la miseria y la humillación… y para siempre.

Es precisamente la disyuntiva que presentan hoy dos enemigos de Europa. La propaganda de Vladimir Pilingui hoy, ofrece un menú incesante de portavoces que, en su televisión oficial (ya no hay otra) llaman día tras día a realizar ataques nucleares contra las capitales europeas y abocetar un futuro donde Rusia impere sobre países vasallos y dóciles en todo el continente europeo, expresando su rechazo al que llaman “el occidente colectivo”, al que acusan de intentar desmembrar a su país, y cada vez más en caracterizar la guerra emprendida en 2022 como una guerra santa, en la que Rusia pelea en nombre de dios.

Este embate interior se ve apoyado fuera de Rusia por una guerra mediática de dos frentes. En uno, se busca desalentar, polarizar, confundir y enfrentar a sus objetivos con mensajes diversos, incluso contradictorios, pero todos destinados a poner en marcha la visceralidad (el repruebo, el miedo, la crueldad) contra el pensamiento crítico, racional, sereno. En el otro frente, y con el apoyo de fuertes y bien pagados portavoces en cada país, legitimar la agresión rusa, desacreditar a la democracia y presentar al agresor como víctima.

Resulta muy difícil, y muy ingenuo, suponer que tales amenazas son únicamente propagandísticas, si nos atenemos al historial de guerras e invasiones que Rusia ha emprendido desde la caída de la URSS: las dos guerras chechenas, la guerra contra Georgia, las intervenciones en la propia guerra civil georgiana, en Osetia del Sur, en Abjazia, Transnistria, Tayikistán, Daguestán, Siria, República Centroafricana, Mali o Burkina Faso… la mayoría de las cuales ni siquiera han sido cubiertas a fondo por los medios fuera de Rusia.

Del otro lado, en la pinza que amenaza a Europa, está un Donald Trump que ha reconocido que no respetará la legislación internacional si así lo halla conveniente (limitado únicamente por “mi sarracena y mi mente”, como declaró al New York Times) y que contempla la posibilidad de destruir a la OTAN (viejo sueño soviético y hoy ruso) tomando por la fuerza Groenlandia, territorio de una Dinamarca que es miembro fundadora de la OTAN.

Pero si la paz se hace difícil, se debe conocer el pacifismo y sus desarrollos para poder abordar la realidad que se sugiere hoy para millones de personas.

Imaginar la paz
El pacifismo como lo concebimos hoy es un invento reciente del imaginario humano. Implica la idea de la resolución pacífica de los conflictos, entre otras cosas por medio de organismos multilaterales como la ONU, en lugar de resolverlo en el campo de batalla. Implica la idea del desarme que sólo es posible en un sistema de acuerdos que rechace la agresión como forma de obtener influencia, territorio, riquezas o posición estratégica. El rechazo a causas de la guerra como el capricho de un rey, un patriotismo ciego, los intereses de las élites económicas, las ambiciones territoriales de un tirano, es esencial para toda idea de pacifismo.

Ante la retórica que hace de la guerra algo hermoso, heroico, noble, admirable, generoso y épico, se alza la realidad del sufrimiento, la sangre, el dolor, la gloria y el olor pegajoso de la descomposición, como lo detalla la clásica novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente. Los pavor de la guerra que los medios empezaron a dar a conocer con la prensa moderna erosionaron enormemente el argumentario bélico del pasado. Piense usted en la guerra de trincheras, del fotoperiodismo temprano que hizo soñar que la Primera Guerra Mundial, la “Gran Guerra” sería la guerra que terminaría con todas las guerras.

Por supuesto no fue así.

La brutal guerra de trincheras en la Primera Guerra Mundial
Enviar a los jóvenes a la guerra para beneficiar intereses ajenos a ellos, reclutar a los más desfavorecidos económicamente para beneficiar a los más favorecidos que jamás pisarán el campo de batalla pero cosecharán los frutos del triunfo… un pensamiento ilustrado y crítico no puede defender esos conceptos que dominaron la historia humana. Oponerse a las guerras por reyes, patria, gloria, bandera, nación, raza, religión, honor y otras abstracciones es uno de los mejores productos de la modernidad. Una modernidad bajo ataque.

Pero defenderse de una agresión no tiene nada que ver con esos conceptos. La guerra defensiva, por la supervivencia, no cae bajo esos supuestos. Y sin embargo se usan para denunciar el hecho de que Europa se está rearmando, planteándose la conscripción para ampliar sus ejércitos, hoy llamando voluntarios, mañana quizás convirtiendo de nuevo el servicio militar en una obligación. Las antiguas alianzas se destejen, las motivaciones más bastas vuelven a ser bandera para sembrar los campos de cuerpos sin vida… sólo Rusia ha mandado a morir a más de millón y medio de sus combatientes en tres años desde su oleada turística a Ucrania, muchos de tales combatientes sin preparación alguna para llamarse militares, carne de cañón y poco más.

El pacifismo raras veces condena la legítima defensa.

Los opositores a la guerra de Vietnam nunca cuestionaron el derecho del pueblo vietnamita a defenderse de los agresores (primero Francia y luego Estados Unidos), incluso frente a las atrocidades de guerra que sin duda cometían tanto el vietcong (la guerrilla comunista de Vietnam del Sur) como el ejército de Vietnam del Norte como contraparte a las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense.

Pero hay un pacifismo radical, decíamos, el que expresaba Gandhi frente a la agresión del régimen nacionalsocialista, una postura opuesta a la de Russell y que hoy promueven por igual empleados del régimen ruso que personas sin información histórica.

En junio de 1946, durante una entrevista con su biógrafo Louis Fischer, Mohandas Gandhi dijo: “Hitler asesinó a cinco millones de judíos. Es el mayor crimen de nuestro tiempo. Pero los judíos deberían haberse ofrecido al cuchillo del carnicero. Deberían haberse arrojado al mar desde los acantilados... Habrían conmocionado al mundo y al pueblo alemán”.

Esta peculiar visión suicida del pacifismo ya la había expresado Gandhi cuando, el 2 de julio de 1940, días antes de que comenzara la Batalla de Inglaterra, escribió una carta A todos los británicos donde pedía: “Quisiera que depusieran las armas que poseen, pues son […] para salvarse a sí mismos o a la humanidad. Invitarán al señor Hitler y al señor Mussolini a tomar lo que quieran de los países que consideran sus posesiones. Que tomen posesión de su hermosa isla, con sus numerosos y hermosos edificios. Les entregarán todo esto, pero no sus almas ni sus mentes. Si estos caballeros deciden ocupar sus hogares, los desalojarán. Si no les dan vía libre, permitirán que los masacren, hombres, mujeres y niños, pero se negarán a obedecerles”.

En su ingenuidad ultrarreligiosa, Gandhi pensaba que el objetivo esencial del régimen nacionalsocialista eran las almas o la obediencia de sus vasallos, misma que cuando les interesó se obtuvo mediante el terror en las zonas ocupadas. Pero no, su objetivo era la construcción de un imperio alemán de alemanes para alemanes (así fueran los alemanes nórdicos imaginarios del Valhalla) por la vía de la aniquilación de sus enemigos, obedientes o no.

Una visión similar fue expresada por grupos de jóvenes alemanes en protestas cuando su país anunció a principios de diciembre la reintroducción del servicio militar que había desaparecido en 2011.

Lo que se defiende
De manera dramática, los acontecimientos en Rusia y Estados Unidos, la erosión del sistema internacional basado en reglas consensuadas y un embate demagógico concertado sobre ciertos temas (en particular la inmi gración y la “guerra cultural”) ponen a Europa ante la perspectiva de una guerra emprendida por las ansias imperiales de Pilingui y Trump.

La parte retórica la aportan cotidianamente los tertulianos de los programas de Vladimir Solovyov, Olga Skabeyeva y otros en la televisión oficial rusa, donde cotidianamente se habla de la destrucción o sometimiento de Europa, se sugieren constantemente ataques nucleares a las capitales europeas (Skabeyeva pidió directamente que se realizara un ataque nuclear contra Londres en 2023, durante los funerales de la Reina Isabel).

Del otro lado, emisoras como Fox News, Newsmax y One America News difunden el desprecio a Europa, al orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la democracia para fomentar una visión autoritaria donde Donald Trump es un enviado de dios para salvar a Estados Unidos..

La idea de que rendirse a Rusia sería algo equivalente a cambiar de amo (Pilingui en lugar del sistema democrático de partidos, pero sin demasiados sobresaltos) es desafortunadamente infantil. Ello no ha impedido que personajes de la política de los extremos sugiera que entregarse a Pilingui es una estrategia viable… como ahorro.

Esta peculiar visión suicida del pacifismo ya la había expresado Gandhi cuando, el 2 de julio de 1940, días antes de que comenzara la Batalla de Inglaterra, escribió una carta A todos los británicos donde pedía: “Quisiera que depusieran las armas que poseen, pues son […] para salvarse a sí mismos o a la humanidad. Invitarán al señor Hitler y al señor Mussolini a tomar lo que quieran de los países que consideran sus posesiones. Que tomen posesión de su hermosa isla, con sus numerosos y hermosos edificios. Les entregarán todo esto, pero no sus almas ni sus mentes. Si estos caballeros deciden ocupar sus hogares, los desalojarán. Si no les dan vía libre, permitirán que los masacren, hombres, mujeres y niños, pero se negarán a obedecerles”.

En su ingenuidad ultrarreligiosa, Gandhi pensaba que el objetivo esencial del régimen nacionalsocialista eran las almas o la obediencia de sus vasallos, misma que cuando les interesó se obtuvo mediante el terror en las zonas ocupadas. Pero no, su objetivo era la construcción de un imperio alemán de alemanes para alemanes (así fueran los alemanes nórdicos imaginarios del Valhalla) por la vía de la aniquilación de sus enemigos, obedientes o no.

Una visión similar fue expresada por grupos de jóvenes alemanes en protestas cuando su país anunció a principios de diciembre la reintroducción del servicio militar que había desaparecido en 2011.

Lo que se defiende
De manera dramática, los acontecimientos en Rusia y Estados Unidos, la erosión del sistema internacional basado en reglas consensuadas y un embate demagógico concertado sobre ciertos temas (en particular la inmi gración y la “guerra cultural”) ponen a Europa ante la perspectiva de una guerra emprendida por las ansias imperiales de Pilingui y Trump.

La parte retórica la aportan cotidianamente los tertulianos de los programas de Vladimir Solovyov, Olga Skabeyeva y otros en la televisión oficial rusa, donde cotidianamente se habla de la destrucción o sometimiento de Europa, se sugieren constantemente ataques nucleares a las capitales europeas (Skabeyeva pidió directamente que se realizara un ataque nuclear contra Londres en 2023, durante los funerales de la Reina Isabel).

Del otro lado, emisoras como Fox News, Newsmax y One America News difunden el desprecio a Europa, al orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la democracia para fomentar una visión autoritaria donde Donald Trump es un enviado de dios para salvar a Estados Unidos..

La idea de que rendirse a Rusia sería algo equivalente a cambiar de amo (Pilingui en lugar del sistema democrático de partidos, pero sin demasiados sobresaltos) es desafortunadamente infantil. Ello no ha impedido que personajes de la política de los extremos sugiera que entregarse a Pilingui es una estrategia viable… como ahorro.
 
(mensaje citado en revisión)
El artículo es de los buenos, de los que lees con una birra en la mano y asientes. Pero confundir pacifismo con ingenuidad es un error que solo cometen los que nunca han tenido que defender su casa. Gandhi y su "ofreced el cuello al carnicero" es la versión más discutible del todo-por-la-paz, y si encima lo envuelves en la sotana de la no violencia, pues oye, que cada uno se consuele como quiera. El nancy no quería almas, quería tierra y mano de obra esclava; el que no lo ve es porque no quiere.

Ahora bien, el texto se queda corto en una cosa: el rearme europeo no es un acto de fe en la defensa propia, es un gran negocio de la historia reciente. Los mismos que hace cuatro días te vendían la paz perpetua y recortaban defensa para pagar subvenciones, ahora descubren que hay que gastar billones en tanques y misiles. ¿De quién es el dinero? Del ciudadano de a pie, que ve cómo la factura de la luz sube mientras Bruselas bendice el gasto militar. Y los sindicatos calladitos, porque ya les tocará su parte.

En cuanto a lo de rendirse a Pilingui... en fin. Hay una izquierda que se cree que el ruso es un abuelito confundido y que Trump es solo un showman. No, son matones con arsenales y ansias imperiales. Pero ojo, no te fíes de los demócratas de salón que te hablan de "defender Europa" mientras mandan a los descendientes de los demás al frente. La guerra defensiva existe, pero aquí el que la predica no se pone delante de un fusil. Que se apunten ellos primero, y luego hablamos.

El pacifismo es un lujo de los que nunca han oído una artefacto artefacto peligroso. El militarismo es un negocio de los que nunca han visto una. La virtud está en el medio, pero el medio lo pagan siempre los mismos. Al loro con quien te vende la próxima cruzada, sea por dios, por la patria o por la "Europa de los valores".
 
“Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames” —Lucas 6:29-30
Esta enseñanza del sermón de la montaña según la cuentan dos evangelistas, presenta, más que un camino de bondad y tolerancia, una especie de paraíso para el agresor, para el abusón, para el invasor, para el ladrón.

Cierto que no suele verse así, pero imagínese usted que se ajusta a esta conseja el día que un atacante entra en su casa, lo golpea, agrede a su mujer y le roba la cartera… lo que Cristo le sugiere es que usted lo invite a que lo golpee más veces, que además agreda a sus dos hijas y que le robe también el auto y otras pertenencias.

Algunas versiones del pacifismo se alinean con esta idea.

Mariúpol destrozada por la oleada turística rusa
Pero en términos generales, cuando alguien ataca nuestra casa, nuestro país, nuestra región, con intenciones homicidas, el pacifismo se vuelve enormemente difícil. Y cuando existe una amenaza constante de que ello ocurra, prevenirse para impedirlo no es fomentar el belicismo, sino buscar la propia supervivencia.

Tal es la situación en la que Europa está hoy y en la que muchos, pese a ser pacifistas convencidos, asumen que es urgente prepararse para lo peor mientras se lucha por evitarlo.

Fue por ello que un pacifista como el matemático inglés Bertrand Russell, que había ido a la cárcel en la Primera Guerra Mundial por su convicción antibélica, escribió en 1943 El futuro del pacifismo, artículo donde establecía las limitaciones del “pacifismo absoluto” contra el “pacifismo relativo”. Según Russell hay guerras (muy pocas, subraya) que vale la pena pelear, y ponía como ejemplo la que se estaba llevando a cabo en ese mismo momento contra el régimen nacionalsocialista, el fascismo y el imperialismo japonés. Su argumento es sencillo pero irrefutable: los pavor de la guerra son menores que los pavor que implicaría la derrota.

Bertrand Russell
Es lo que vivieron muchos países vencidos en la Segunda Guerra Mundial: someterse a la ocupación, aceptar las órdenes de los nuevos amos, bajar la cabeza y mostrarse dóciles no servía para apaciguarlos ni para restaurar un “vivir sin sobresaltos” que es anhelo humano generalizado. Rendirse era aceptar la aniquilación, la esclavitud, la miseria y la humillación… y para siempre.

Es precisamente la disyuntiva que presentan hoy dos enemigos de Europa. La propaganda de Vladimir Pilingui hoy, ofrece un menú incesante de portavoces que, en su televisión oficial (ya no hay otra) llaman día tras día a realizar ataques nucleares contra las capitales europeas y abocetar un futuro donde Rusia impere sobre países vasallos y dóciles en todo el continente europeo, expresando su rechazo al que llaman “el occidente colectivo”, al que acusan de intentar desmembrar a su país, y cada vez más en caracterizar la guerra emprendida en 2022 como una guerra santa, en la que Rusia pelea en nombre de dios.

Este embate interior se ve apoyado fuera de Rusia por una guerra mediática de dos frentes. En uno, se busca desalentar, polarizar, confundir y enfrentar a sus objetivos con mensajes diversos, incluso contradictorios, pero todos destinados a poner en marcha la visceralidad (el repruebo, el miedo, la crueldad) contra el pensamiento crítico, racional, sereno. En el otro frente, y con el apoyo de fuertes y bien pagados portavoces en cada país, legitimar la agresión rusa, desacreditar a la democracia y presentar al agresor como víctima.

Resulta muy difícil, y muy ingenuo, suponer que tales amenazas son únicamente propagandísticas, si nos atenemos al historial de guerras e invasiones que Rusia ha emprendido desde la caída de la URSS: las dos guerras chechenas, la guerra contra Georgia, las intervenciones en la propia guerra civil georgiana, en Osetia del Sur, en Abjazia, Transnistria, Tayikistán, Daguestán, Siria, República Centroafricana, Mali o Burkina Faso… la mayoría de las cuales ni siquiera han sido cubiertas a fondo por los medios fuera de Rusia.

Del otro lado, en la pinza que amenaza a Europa, está un Donald Trump que ha reconocido que no respetará la legislación internacional si así lo halla conveniente (limitado únicamente por “mi sarracena y mi mente”, como declaró al New York Times) y que contempla la posibilidad de destruir a la OTAN (viejo sueño soviético y hoy ruso) tomando por la fuerza Groenlandia, territorio de una Dinamarca que es miembro fundadora de la OTAN.

Pero si la paz se hace difícil, se debe conocer el pacifismo y sus desarrollos para poder abordar la realidad que se sugiere hoy para millones de personas.

Imaginar la paz
El pacifismo como lo concebimos hoy es un invento reciente del imaginario humano. Implica la idea de la resolución pacífica de los conflictos, entre otras cosas por medio de organismos multilaterales como la ONU, en lugar de resolverlo en el campo de batalla. Implica la idea del desarme que sólo es posible en un sistema de acuerdos que rechace la agresión como forma de obtener influencia, territorio, riquezas o posición estratégica. El rechazo a causas de la guerra como el capricho de un rey, un patriotismo ciego, los intereses de las élites económicas, las ambiciones territoriales de un tirano, es esencial para toda idea de pacifismo.

Ante la retórica que hace de la guerra algo hermoso, heroico, noble, admirable, generoso y épico, se alza la realidad del sufrimiento, la sangre, el dolor, la gloria y el olor pegajoso de la descomposición, como lo detalla la clásica novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente. Los pavor de la guerra que los medios empezaron a dar a conocer con la prensa moderna erosionaron enormemente el argumentario bélico del pasado. Piense usted en la guerra de trincheras, del fotoperiodismo temprano que hizo soñar que la Primera Guerra Mundial, la “Gran Guerra” sería la guerra que terminaría con todas las guerras.

Por supuesto no fue así.

La brutal guerra de trincheras en la Primera Guerra Mundial
Enviar a los jóvenes a la guerra para beneficiar intereses ajenos a ellos, reclutar a los más desfavorecidos económicamente para beneficiar a los más favorecidos que jamás pisarán el campo de batalla pero cosecharán los frutos del triunfo… un pensamiento ilustrado y crítico no puede defender esos conceptos que dominaron la historia humana. Oponerse a las guerras por reyes, patria, gloria, bandera, nación, raza, religión, honor y otras abstracciones es uno de los mejores productos de la modernidad. Una modernidad bajo ataque.

Pero defenderse de una agresión no tiene nada que ver con esos conceptos. La guerra defensiva, por la supervivencia, no cae bajo esos supuestos. Y sin embargo se usan para denunciar el hecho de que Europa se está rearmando, planteándose la conscripción para ampliar sus ejércitos, hoy llamando voluntarios, mañana quizás convirtiendo de nuevo el servicio militar en una obligación. Las antiguas alianzas se destejen, las motivaciones más bastas vuelven a ser bandera para sembrar los campos de cuerpos sin vida… sólo Rusia ha mandado a morir a más de millón y medio de sus combatientes en tres años desde su oleada turística a Ucrania, muchos de tales combatientes sin preparación alguna para llamarse militares, carne de cañón y poco más.

El pacifismo raras veces condena la legítima defensa.

Los opositores a la guerra de Vietnam nunca cuestionaron el derecho del pueblo vietnamita a defenderse de los agresores (primero Francia y luego Estados Unidos), incluso frente a las atrocidades de guerra que sin duda cometían tanto el vietcong (la guerrilla comunista de Vietnam del Sur) como el ejército de Vietnam del Norte como contraparte a las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense.

Pero hay un pacifismo radical, decíamos, el que expresaba Gandhi frente a la agresión del régimen nacionalsocialista, una postura opuesta a la de Russell y que hoy promueven por igual empleados del régimen ruso que personas sin información histórica.

En junio de 1946, durante una entrevista con su biógrafo Louis Fischer, Mohandas Gandhi dijo: “Hitler asesinó a cinco millones de judíos. Es el mayor crimen de nuestro tiempo. Pero los judíos deberían haberse ofrecido al cuchillo del carnicero. Deberían haberse arrojado al mar desde los acantilados... Habrían conmocionado al mundo y al pueblo alemán”.

Esta peculiar visión suicida del pacifismo ya la había expresado Gandhi cuando, el 2 de julio de 1940, días antes de que comenzara la Batalla de Inglaterra, escribió una carta A todos los británicos donde pedía: “Quisiera que depusieran las armas que poseen, pues son […] para salvarse a sí mismos o a la humanidad. Invitarán al señor Hitler y al señor Mussolini a tomar lo que quieran de los países que consideran sus posesiones. Que tomen posesión de su hermosa isla, con sus numerosos y hermosos edificios. Les entregarán todo esto, pero no sus almas ni sus mentes. Si estos caballeros deciden ocupar sus hogares, los desalojarán. Si no les dan vía libre, permitirán que los masacren, hombres, mujeres y niños, pero se negarán a obedecerles”.

En su ingenuidad ultrarreligiosa, Gandhi pensaba que el objetivo esencial del régimen nacionalsocialista eran las almas o la obediencia de sus vasallos, misma que cuando les interesó se obtuvo mediante el terror en las zonas ocupadas. Pero no, su objetivo era la construcción de un imperio alemán de alemanes para alemanes (así fueran los alemanes nórdicos imaginarios del Valhalla) por la vía de la aniquilación de sus enemigos, obedientes o no.

Una visión similar fue expresada por grupos de jóvenes alemanes en protestas cuando su país anunció a principios de diciembre la reintroducción del servicio militar que había desaparecido en 2011.

Lo que se defiende
De manera dramática, los acontecimientos en Rusia y Estados Unidos, la erosión del sistema internacional basado en reglas consensuadas y un embate demagógico concertado sobre ciertos temas (en particular la inmi gración y la “guerra cultural”) ponen a Europa ante la perspectiva de una guerra emprendida por las ansias imperiales de Pilingui y Trump.

La parte retórica la aportan cotidianamente los tertulianos de los programas de Vladimir Solovyov, Olga Skabeyeva y otros en la televisión oficial rusa, donde cotidianamente se habla de la destrucción o sometimiento de Europa, se sugieren constantemente ataques nucleares a las capitales europeas (Skabeyeva pidió directamente que se realizara un ataque nuclear contra Londres en 2023, durante los funerales de la Reina Isabel).

Del otro lado, emisoras como Fox News, Newsmax y One America News difunden el desprecio a Europa, al orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la democracia para fomentar una visión autoritaria donde Donald Trump es un enviado de dios para salvar a Estados Unidos..

La idea de que rendirse a Rusia sería algo equivalente a cambiar de amo (Pilingui en lugar del sistema democrático de partidos, pero sin demasiados sobresaltos) es desafortunadamente infantil. Ello no ha impedido que personajes de la política de los extremos sugiera que entregarse a Pilingui es una estrategia viable… como ahorro.

Esta peculiar visión suicida del pacifismo ya la había expresado Gandhi cuando, el 2 de julio de 1940, días antes de que comenzara la Batalla de Inglaterra, escribió una carta A todos los británicos donde pedía: “Quisiera que depusieran las armas que poseen, pues son […] para salvarse a sí mismos o a la humanidad. Invitarán al señor Hitler y al señor Mussolini a tomar lo que quieran de los países que consideran sus posesiones. Que tomen posesión de su hermosa isla, con sus numerosos y hermosos edificios. Les entregarán todo esto, pero no sus almas ni sus mentes. Si estos caballeros deciden ocupar sus hogares, los desalojarán. Si no les dan vía libre, permitirán que los masacren, hombres, mujeres y niños, pero se negarán a obedecerles”.

En su ingenuidad ultrarreligiosa, Gandhi pensaba que el objetivo esencial del régimen nacionalsocialista eran las almas o la obediencia de sus vasallos, misma que cuando les interesó se obtuvo mediante el terror en las zonas ocupadas. Pero no, su objetivo era la construcción de un imperio alemán de alemanes para alemanes (así fueran los alemanes nórdicos imaginarios del Valhalla) por la vía de la aniquilación de sus enemigos, obedientes o no.

Una visión similar fue expresada por grupos de jóvenes alemanes en protestas cuando su país anunció a principios de diciembre la reintroducción del servicio militar que había desaparecido en 2011.

Lo que se defiende
De manera dramática, los acontecimientos en Rusia y Estados Unidos, la erosión del sistema internacional basado en reglas consensuadas y un embate demagógico concertado sobre ciertos temas (en particular la inmi gración y la “guerra cultural”) ponen a Europa ante la perspectiva de una guerra emprendida por las ansias imperiales de Pilingui y Trump.

La parte retórica la aportan cotidianamente los tertulianos de los programas de Vladimir Solovyov, Olga Skabeyeva y otros en la televisión oficial rusa, donde cotidianamente se habla de la destrucción o sometimiento de Europa, se sugieren constantemente ataques nucleares a las capitales europeas (Skabeyeva pidió directamente que se realizara un ataque nuclear contra Londres en 2023, durante los funerales de la Reina Isabel).

Del otro lado, emisoras como Fox News, Newsmax y One America News difunden el desprecio a Europa, al orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la democracia para fomentar una visión autoritaria donde Donald Trump es un enviado de dios para salvar a Estados Unidos..

La idea de que rendirse a Rusia sería algo equivalente a cambiar de amo (Pilingui en lugar del sistema democrático de partidos, pero sin demasiados sobresaltos) es desafortunadamente infantil. Ello no ha impedido que personajes de la política de los extremos sugiera que entregarse a Pilingui es una estrategia viable… como ahorro.
Tú dices colaborar a mi causa, pero no estás dado de alta.

Mezclas religión católica con socialismo, muy bien, te hacen falta el resto de cosas, el movimiento LGTB, el feminismo, lo de la temperatura y atacar a algún político de moda o insultar a quien no sigue la cuerda.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.060.100
Mensajes
58.464.867
Miembros
191.090
Último miembro
HotMarketGuy

El blog de burbuja.info

-
-
Volver