El orden posterior a 1945 estaba apuntalado por EEUU como superpotencia con capacidad de decisión rápida, instituciones multilaterales con legitimidad operativa (ONU, OTAN, FMI, GATT/OMC), y una arquitectura de tratados que limitaba el comportamiento depredador entre potencias.
Hoy la superpotencia sigue ahí pero opera unilateralmente desde Truth Social, las instituciones multilaterales son irrelevantes operativamente (¿alguien recuerda la última vez que el Consejo de Seguridad evitó algo?) y los tratados como UNCLOS los abusa potencias regionales sin coste alguno.
Lo que viene no es Westfalia, aunque se le parezca de lejos. Westfalia era soberanía formal con igualdad jurídica entre Estados, y eso no está en el menú. Lo que se está armando es algo más cercano al Concierto Europeo del XIX, un sistema fragmentado sin árbitro creíble, potencias regionales reclamando esferas de influencia formales, superpotencia naval haciendo de policía intermitente, y uso de la fuerza como instrumento normal de política exterior.
El antecedente es 1900-1914.
Cada punto de estrangulamiento global fruta bajo el mismo modelo de declaraciones unilaterales y coaliciones improvisadas: hoy Ormuz, mañana el Mar de China, Báltico, Mediterráneo oriental, Ártico.
El XIX tampoco era un orden, era una hegemonía donde la Royal Navy garantizaba libertad de navegación para los flujos del centro y guerras del opio, hambrunas en India y cañoneras para la periferia. El patrón oro reducía costes de transacción para Londres y los financiaba con deflación crónica en los países exportadores de materias primas.
La diferencia es que ellos podían externalizar el coste del sistema y hoy no hay periferia disponible donde externalizarlo, la fragmentación llega sin ancla y sin desagüe.
El XIX dice hacia dónde vamos pero no cómo llegamos, y aquí es donde la cosa se pone interesante porque el periodo 1965-1971 es la mejor analogía histórica disponible para entender la fase en la que estamos, de transición hacia el evento que todavía no ha ocurrido.
Desde que De Gaulle empieza a convertir dólares en oro en 1965 hasta que Nixon cierra la ventanilla, seis años de fractura pogre, con eventos discretos aparentemente manejables, la salida británica del London Gold Pool en 1968, el sistema de dos precios, la devaluación de la libra, hasta que la arquitectura formal se rompió.
Y después, diez años más de estanflación, dos shocks petroleros, dólar débil, hasta el reset de Volcker de 1979-1981 con tipos al 20%. La gente recuerda 1971 como el punto de ruptura pero la economía no se estabilizó hasta 1982. Once años de purgatorio entre el primer crujido y el nuevo equilibrio.
Si esta es la fase 1965-1971, ¿dónde estamos exactamente?
Febrero de 2022, con la congelación de las reservas rusas, fue nuestro De Gaulle 1965, el momento en que una superpotencia demostró que la unidad de cuenta global es revocable por decisión política.
Las compras récord de oro por bancos centrales, tres años seguidos por encima de las mil toneladas, algo no visto desde los sesenta, son la señal estructural más fuerte y el equivalente literal a la salida del London Gold Pool. Los bancos centrales ya no confían en el sistema y votan con tonelaje.
mBridge operativo, crudo saudí cobrado en yuanes, BRICS expandiéndose son señales débiles que cuentan por lo que anuncian, no por lo que mueven hoy, pero el dólar sigue liquidando alrededor del 80% del comercio de crudo y no hay que confundir las dos cosas.
Si trasladamos el calendario, 2022 fue 1965 y 2026 está más o menos en 1969-1970, en la fase de aceleración previa al evento formal, con el detalle agravante de que esta vez el shock energético llega antes que la ruptura monetaria, no después. En los setenta primero rompió el sistema y luego vino el petróleo. Ahora viene al revés, y eso comprime el calendario.
Hay otras dos diferencias que rompen la comparación a peor.
La primera es fiscal. En 1971 EEUU tenía deuda pública en torno al 35% del PIB y hoy ronda el 122%. Nixon pudo cerrar la ventanilla porque tenía margen fiscal pero el próximo Nixon no lo tiene. La opción de subir tipos al estilo Volcker para defender la moneda está fuera del menú porque hoy destruiría al propio Tesoro antes que a la inflación.
Cerrada esa puerta y cerrado el default abierto, queda solo el camino largo de represión financiera prolongada, tipos reales negativos sostenidos durante una década o más, crecimiento nominal sistemáticamente por encima del coste de la deuda, controles de capital selectivos, fricción regulatoria sobre alternativas.
La segunda es China. La URSS de 1971 estaba geopolíticamente contenida y económicamente irrelevante, pero China en 2026 está deflacionando con un sector inmobiliario en colapso lento, demografía rota, balance del PBOC tensionado y exportando capital al exterior por todos los canales que puede. Esa dinámica no estaba en 1971 y cambia la naturaleza de la transición. No es un actor estable que pueda absorber el ajuste, es otra fuente de inestabilidad que va a romper en su propio horario.
Y la fontanería que rompe primero, antes que cualquiera de los dos pisos altos, es el crédito privado. Diez años de tipos cero empujaron capital institucional hacia vehículos ilíquidos vendidos como líquidos, fondos abiertos sobre activos cerrados, valoraciones marcadas por modelo, limitaciones a los reembolsos como cláusula estándar, y son justo el tipo de estructura que en una transición de tipos que no pueden bajar ni subir libremente pint primero, no por crisis de solvencia, por iliquidez.
Lo que viene no se parece al colapso de Lehman, un evento puntual procesado en seis meses con pérdidas distribuidas y mercados en nuevos máximos a los cinco años.
Lo que viene se parece a lo vivido en la calle entre 1968 y 1982, catorce años en los que nada funcionaba bien, los precios subían más rápido que los salarios, las certezas geopolíticas se reescribían cada dos años, y el que tenía sus cosas bien colocadas no se hizo rico pero conservó el patrimonio.
Aquí hay dos relojes corriendo a la vez.
El monetario marca 1969-1970, una década de erosión administrada por delante, y el geopolítico marca 1908-1910, arquitectura cargada sin árbitro.
En 1914 el segundo reloj se comió al primero, y esa es la posibilidad que ningún modelo de cartera incorpora porque no se puede modelar.
El que espere al evento para reaccionar va tarde.
El evento ya empezó, solo que todavía no se llama a sí mismo por su nombre.