Mientras tanto el sistema a lo suyo.
El FAZ publicó este lunes en portada de Finanzas el artículo "
Aquí te explicamos cómo rescindir tu contrato Riester"
El periódico de referencia del establishment financiero alemán explicando la puerta de salida de un producto que el propio Estado diseñó e incentivó fiscalmente durante dos décadas.
La Riester-Rente (2002) consistía en deducciones fiscales y subvenciones si metías tu ahorro en productos aprobados que compraban Bunds, para financiar al Estado a tipos reales negativos.
Con este sistema lograron 15 millones de contratos, con millones hoy congelados porque
las comisiones se comían las subvenciones.
Según Finanzwende, dos tercios de las tarifas Riester ni siquiera alcanzaban el 2% bruto, por debajo de la inflación. La mayoría de los 15 millones de contratos fueron un negocio perdedor en términos reales, estimando que
el ahorrador necesitaría llegar a los 99 años para recuperar lo invertido ajustado por inflación.
Rescindir implica devolver subvenciones y tributar los rendimientos nominales.
El Estado cobrando a la salida incluso cuando el ahorrador perdió en términos reales.
El Bundestag aprobó el 27 de marzo el nuevo
Altersvorsorgedepot (cuenta de ahorro-jubilación regulada) a partir de 2027. El coste de salida del viejo al nuevo es de hasta 300€, pero lo importante es que el nuevo vehículo sigue siendo un producto regulado, con riesgo máximo clase 5, costes topados al 1%, y operador estatal.
Cambian el envoltorio, pero la función de
canalizar ahorro privado hacia activos regulados por el Estado es la misma.
En contexto, la deuda/PIB alemana es del 63% con proyección del Bundesbank del 68% en 2028, y el IfW Kiel estima hasta el 85% en 2035 si se incluye el
Sondervermögen (fondo extrapresupuestario
) de infraestructura y defensa aprobado en marzo.
El Estado necesita financiación barata creciente y el ahorrador es el recurso.
En España es la misma lógica de canalización pero con instrumento distinto, más crudo y directo.
El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) es cotización obligatoria que sube cada año (0,9% en 2026, 1,2% en 2029), vigente hasta 2050. No genera derechos de pensión individuales, alimenta un fondo de reserva colectivo.
No admite exención, y si el gasto en pensiones supera el 15% del PIB desde 2030, sube automáticamente.
Y la arquitectura que haría innecesarios ambos mecanismos ya está en desarrollo; por algo Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, defiende
el euro digital como paso lógico.
El BCE insiste en que el euro digital no será programable pero la infraestructura técnica permite cuentas directas en banco central, trazabilidad total y capacidad de fijar condiciones al uso.
No hace falta que lo anuncien, basta con que la arquitectura lo admita y el incentivo político exista.
Dinero con esas capacidades convierte la represión financiera en algo invisible.
Sin necesidad de incentivos fiscales (Riester), cotizaciones obligatorias (MEI), ni penalizaciones de salida.
Solo reglas embebidas en el medio de pago.