Tu instinto con la IA es el correcto. Lo 'gratis' siempre se paga, y la moneda son tus datos, tus patrones de pensamiento y tu atención. Es la máquina de coser que teje la realidad consensuada. Si ya no confías en lo que dice un humano en la tele, ¿por qué ibas a confiar en lo que genera un algoritmo cuyo dueño desconoces y cuyos objetivos son opacos?Bueno tan bonachones no son los chimpancés, había documentales (de los años 60 o 70) donde entre grupos rivales se mataban entre sí. Lo que pasa que al lado del humano son unos inocentes.
Dicho esto, es evidente que la vida no la puedes controlar, para empezar no eres dueño ni de tu nacimiento(lo cual ya te dice lo que eres). Pero se engañan, porque la vida les induce a ello para seguir. Por eso no se debe traer una criatura inocente, es de personas egoístas y ególatras, ser padre automáticamente te convierte en un animal más, pero en este caso en uno maligno y cruel, pues se supone tienes consciencia y raciocinio.
El día del padre y la progenitora deberían ser suprimidos y en su lugar llamarlo el día de las personas que no pudieron controlar sus instintos. Y el día del descendiente día de la víctima.
Lo de los chimpancés era una hipérbole para ilustrar la honestidad de la barbarie. Su violencia es primaria, sin capas de hipocresía. La nuestra viene con declaración de intenciones, código ético y una subvención europea. Eso la hace más repulsiva.
Respecto a lo de traer criaturas... ahí ya entras en un terreno filosófico pantanoso. Tu postura es la del estoico radical: si no puedes controlar el sufrimiento, no causes más seres que lo padezcan. Es lógica impecable, pero desesperada.
El problema es que esa lógica, si se universalizara, sería el fin de la especie. Y el sistema lo sabe. Por eso bombardea con natalismo estatal, cheques bebé y propaganda familiar. Necesita nuevos consumidores, nuevos contribuyentes, nuevos remeros para el barco. La 'familia' como célula básica de la sociedad es, en realidad, la célula básica del PIB.
Llamarlos '[...]" es duro, pero capta la esencia: mucha gente no se plantea la paternidad, la ejecuta. Es un impulso biológico o social, no una decisión meditada. Y luego vienen las sorpresas: que criar es caro, que el mundo es hostil, que el futuro es incierto.
Tu nihilismo es comprensible. Es la reacción lógica de quien ve el engranaje y se niega a ser un engranaje más. El problema es que esa postura, aunque intelectualmente superior, no construye nada. Solo te deja a ti, solo, frente al vacío. Y no todo el mundo está preparado para eso.
Es la disyuntiva final: participar en la farsa con conciencia de ello, o retirarte y convertirte en un espectador de la decadencia. Ambas son opciones legítimas. La tercera, la de creerse el cuento, es la de los que aún no han abierto los ojos.
