El CFRB (Comité para un Presupuesto Federal Responsable), la voz más ortodoxa del fiscalismo dentro del establishment yankee, publica un plan de contingencia para una crisis fiscal, incluyendo escenarios de crisis de divisa, crisis inflacionaria e impago implícito.
Los detonantes que listan son los habituales del hilo: turbulencias en el mercado de Bonos, pánico por altos niveles de deuda, declive del dólar, desanclaje de expectativas inflacionarias y pérdida de confianza en la Fed.
Están describiendo la fase terminal del ciclo de expansión crediticia, el momento en que la acumulación de distorsiones hace que cualquier respuesta política, endurecer o relajar, empeore la situación.
Y reconociendo que esta crisis ya no se soluciona con imprimir, gastar y rezar como las anteriores.
Lo heterodoxo o conspiranoico ya es ortodoxo.
Las élites siempre son las últimas en reconocer públicamente lo que ya saben en privado, porque el reconocimiento público acelera precisamente lo que intentan prevenir.
Una señal más de que la fase de aceptación ya está próxima, y llegará cuando se deje de hablar de reformar el sistema y se empiece a hablar de reemplazarlo.
Para hacernos una idea de lo que piensan por ahí arriba, el plan del CRFB propone extraer 10 billones de dólares de la economía en una década mediante varios mecanismos simultáneos:
- Congelar durante cuatro años los ajustes por inflación de Social Security, Medicare y ayudas alimentarias, golpeando directamente a jubilados, enfermos y pobres.
- Congelar el gasto discrecional en términos nominales, deteriorando infraestructura y servicios públicos.
- Congelar los tramos impositivos para que la inflación empuje poco a poco a la clase media hacia tramos más altos
- Imponer un recargo tributario pogre que alcanzaría el 2-4% sobre rentas medias y altas.
Todo esto para lograr un objetivo modesto como es reducir el déficit al 3% del PIB, lo cual ni siquiera estabiliza la deuda sino que simplemente ralentiza su crecimiento.
Pero recortar poder adquisitivo a 70 millones de jubilados y subir impuestos a la clase media es políticamente inviable, ningún partido sobrevive a eso en unas elecciones.
Lo que ocurrirá en la práctica es lo de siempre, represión financiera encubierta con tipos reales negativos sostenidos más inflación tolerada por encima del objetivo, diluyendo así el valor real de la deuda a costa del ahorrador y el asalariado durante una o dos generaciones.
El dolor que el CRFB propone distribuir en cuatro años de forma visible y legislada se distribuirá en cambio a lo largo de una o dos décadas de forma discreta, como describía Keynes "de manera que ni un hombre entre un millón sea capaz de diagnosticarlo".
Esto o sustancia ilegal mundial con cambio de sistema.