Selección de tres noticias en la portada de hoy de
News On Japan que muestran un sombrío panorama con patrones que resultan tristemente familiares.
El misterio detrás del índice de precios al consumidor de Japón
Mientras algunos alimentos subieron un 10% en septiembre de 2025, el índice de precios al consumidor (IPC) general solo aumentó un 2.9%. Esta discrepancia genera confusión entre los hogares que sienten una presión inflacionaria mucho mayor que la reflejada en las estadísticas oficiales. La economista Ayako Fujita de JP Morgan explica que esto ocurre porque el IPC pondera cada categoría según su participación en el gasto total, y los alimentos solo representan el 25% de la cesta de consumo.
El gobierno japonés ha implementado múltiples subsidios que distorsionan el IPC a la baja. Desde 2023 existen subsidios energéticos que proporcionan 15 yenes por litro en gasolina y diesel, la educación secundaria se ha vuelto gratuita (causando una caída del 10% en costos educativos), y se han reducido las tarifas de guardería en Tokio. Estas medidas crean presiones deflacionarias artificiales en el índice, pero no alivian realmente el costo de vida porque son intervenciones fiscales temporales que no modifican los precios de mercado subyacentes.
El problema más grave es que los salarios japoneses están subiendo pero no logran superar la inflación real que experimentan los hogares. A diferencia del ciclo económico normal donde el crecimiento salarial eventualmente supera la inflación conforme mejora la productividad, Japón permanece atrapado en un patrón donde la inflación persistentemente alta erosiona los ingresos reales. Si esta tendencia continúa, los hogares se verán forzados a reducir su consumo discrecional, profundizando la presión sobre sus presupuestos.
En definitiva, no están acostumbrados a la inflación pero el gobierno aprende rápido subiéndose al tren de la represión financiera global.
La escasez de mano de obra en Japón empuja a miles de empresas hacia el fracaso
Existe una crisis estructural profunda en la economía japonesa, la escasez laboral está generando oportunidades perdidas por valor de 16 billones de yenes en el año fiscal 2024 (cuatro veces el nivel de 2019) y empujando aproximadamente a 13500 empresas hacia el colapso.
Las quiebras relacionadas con escasez laboral alcanzaron 300 casos en 2024, un aumento del 60% interanual.
El análisis más interesante es la distinción entre
empresas pre-quiebra y
empresas zombie.
Las empresas zombie son insolventes pero continúan operando, típicamente sostenidas por crédito bancario barato y políticas gubernamentales.
Las empresas pre-quiebra son técnicamente rentables pero estructuralmente inviables debido a la escasez laboral. Esta es una categoría nueva que refleja un problema de oferta agregada, no de demanda.
Japón tiene una tasa de fertilidad de 1.2 y una población en declive acelerado. La población en edad laboral (15-64 años) ha caído de 87 millones en 1995 a aproximadamente 75 millones en la actualidad.
Los subsidios pandémicos mantuvieron vivas empresas marginales que ahora enfrentan un mercado laboral donde simplemente no hay suficientes trabajadores disponibles a ningún precio razonable.
En resumen, se produce una colisión entre demografía implacable y un modelo empresarial japonés construido sobre disponibilidad de mano de obra barata y abundante.
Japón planea un aumento importante en las tarifas de inmi gración
La justificación oficial es financiar sistemas de apoyo para coexistencia y financiar deportación de residentes ilegales.
Esto revela que el endurecimiento es político, no económico.
Prefieren que quiebren 13500 empresas antes que aceptar inmi gración significativa.
Sin inmi gración sustancial y con inversión insuficiente en automatización, que también requiere tiempo, Japón ha elegido el ajuste doloroso: contracción económica estructural vía cierre masivo de empresas marginales.
Un claro ejemplo de como las preferencias políticas y culturales pueden dominar completamente sobre la lógica económica, incluso cuando los costos son masivos y medibles. La población extranjera alcanzó 3.96 millones (récord histórico pero supone apenas el 3% de la población total), y aun así la respuesta es endurecer en lugar de facilitar la inmi gración.
Japón tiene que elegir entre dolor agudo ahora (subir tipos, quiebras masivas, ajuste rápido) o dolor crónico durante largo tiempo (tipos bajos, zombificación, erosión gradual).
Políticamente siempre van a elegir dolor crónico porque es menos visible, pero a costa de acumular distorsiones que requerirán una corrección aún más dolorosa.