En el siglo XIX se llamaba en Madrid a quien estaba moreno; pero no de nacimiento o de forma permanente por un oficio (segadores, labradores, pastores, albañiles, etc.), sino por tomar el sol durante un tiempo de vacaciones y pasar de blanco a marrón como el cacahuete cuando se tuesta. En un artículo periodístico de 1897 (de septiembre, después del veraneo) se dice: "Cuesta cierto rubor en esta temporada presentarse á los amigos que regresan, con la cara y las manos blancas, cuando ellos vuelven morenos del to. La blancura en estos días es patente de pobreza."