La primera votación para la fallida investidura de Núñez Feijoo fue el 27 de septiembre a las 13:21; la segunda fue el 29 a las 14:10. Parece que la costumbre es que el debate dure 2 días y se vote al mediodía del segundo; si hay que hacer segunda votación, se convoca para dos días después a las 12:00 y tras breve debate se procede a votar igualmente a mediodía, supuestamente porque después de almorzar los fruta regresarán a sus circunscripciones y ya no se reunirán más esa tarde. La hipótesis más probable es que la votación para investir a Sánchez tenga lugar el 8 de noviembre en torno a las 13:30.
(adjunto visible para usuarios registrados)
El gobierno que salga de esa votación tendrá que afrontar duras pruebas con el país agitado por sucesos violentos e inesperados. La hipotética carta de la investidura tiene a Plutón angular junto al Ascendente en los primeros grados de Acuario (o últimos de Capricornio), lo que sugiere una crisis traumática que transformará profundamente al país, con Urano en la cúspide de la casa 4 en Tauro, lugar del territorio y del pueblo que lo habita, sufriendo la oposición de Marte, del Sol y de Mercurio desde el Medio Cielo en Escorpio, lo que señala que el descontento y la revuelta serán habituales. El poder será ejercido con mano de hierro, porque Marte regente del Medio Cielo en Escorpio está dignificado en el signo del que es regente y está fuerte por su posición angular. No cabe duda de que Sánchez será investido, porque Saturno regente del Ascendente está en la casa 1, mientras que el Sol regente del Descendente en Leo (la oposición) está en la casa 9 en Escorpio a merced de Marte. Además, la parte de la Fortuna está en la casa 10, es decir que la suerte está de parte de quien ejerce el poder. El pueblo será presa de confusión y estará imbuido de proyectos irrealizables, porque la Luna (que representa al pueblo por su significado natural) y Venus (regente de la casa 4) están en la casa 8 sufriendo la oposición de Neptuno (planeta de los sueños y las falsas ilusiones), de forma que el descontento no tendrá objetivo claro, y será finalmente mediatizado.