Quien define la legitimidad, el delito, el error, la justicia, y otras abstracciones parecidas es el poder público, que se sustenta siempre en el consenso de los gobernados. Siempre es ese consenso el que establece lo que son comportamientos 'correctos' (es decir, conforme a las costumbres generalmente admitidas, y especialmente a las leyes emanadas de ese consenso) y lo que es incorrecto, ilegal, delictivo...
No existe otro referente. Cada cual puede imaginar un mundo en el que haya ciertas normas que le gusten más, pero no dejará de ser un deseo individual. Si los ciudadanos descontentos son muchos, puede producirse una revolución, y aparece una nueva legalidad, fruto de la resolución de las contradicciones que hacían inviable el régimen anterior. Y esa nueva legalidad se apoya en el nuevo consenso post-revolucionario...