Yo también creo que "la realidad" percibida bajo el efecto de las drojas son simples alteraciones químicas que afectan, como un forero ha dicho, al ajuste fino de la química natural del cerebro. Pretender que lo sorprendente o novedoso -y lo efímero- sea la realidad real en contra de la realidad "virtual" percibida por nuestros sentidos en estados normales, para mi refleja claramente estar condicionado a entender esos momentos de esa manera. Todas las películas futuristas, oníricas, los textos "filosóficos" -extraña simbiosis entre la enajenación y el orden necesario para merecer ese calificativo-, o sobre experiencias vividas por mucha gente según cuentan quienes de algún modo -nada crítico generalmente por nuestra parte- se han ganado nuestra confianza, predisponen a "ver y experimentar" justamente lo que luego experimenta quien está bajo los efectos de esas drojas. Lo que no forma parte de nuestro "vocabulario", de nuestro sistema de conceptos, simplemente no lo vemos porque no tiene potencial para captar nuestra atención. "Caer en la cuenta" sucede respecto a cosas o personas que han estado siempre delante pero no éramos capaces de percibir su presencia. Nuestra atención está siempre condicionada y es por ello que la realidad percibida es solo una parte de la realidad, sin necesidad de hacer ningún viaje para descubrir en esos alterados estados de consciencia todo lo que forma parte de la "vulgar" realidad pero que no percibíamos sencillamente porque no formaban parte de nuestra atención condicionada.
Esa alteración acaba confundiendo sujeto y objeto. El sujeto observa y se observa fuera de su sistema de percepción condicionada para acabar asistiendo a un espectáculo en el que el sujeto es objeto de sí mismo pero incapaz de ejercer el más mínimo grado de control, lo cual es efecto de la anulación de la voluntad, justamente la condición sine qua non el sujeto es sujeto y no objeto.
La voluntad, según ese mercado de "ideas", es efecto de la libertad. No existe voluntad eficiente sin libertad eficiente. Por eso resulta en un contrasentido drojarse libremente, voluntariamente, para acaba en un estado de total postergación y con la voluntad atrapada por esas sustancias sin otra posibilidad de escape que la que ofrezca la lenta limpieza y eliminación por parte del cuerpo.
La enajenación autoprovocada puede tener un pase desde el punto lúdico, pero en tanto acaba convirtiéndose en un refugio incluso en esos mismo contextos lúdicos, acaba necesariamente provocando la desconexión con la realidad, que para muchos es la tierra prometida en la que pueden dejar atrás esa realidad virtual que inopinadamente la ha tomado con ellos... La ausencia de voluntad voluntaria, ese dejarse llevar, rompe "el sistema sujeto" y se convierte en un objeto de sí mismo. ¿Qué entidad jerárquica superior puede tener esa propiedad de estudiarse a sí misma pero ya es incapaz de controlar voluntariamente sus movimientos? ¿No podría ser esa situación la demostración empírica de que existe esa entidad superior que sin embargo necesita de toda su unidad para actuar libremente? Si bajo el efecto de las drojas el sujeto se contempla como un objeto, quiere decir que esa entidad consciente de lo que observa, aunque incapaz de hacer efectivo ningún movimiento, no está sometida al efecto de las drojas. Se han descrito multitud de "malos viajes" y tengo la convicción, no por experiencia propia, de que se trata justamente de eso, de sentirse en un ambiente sobre el que carece de cualquier control y del que no puede escapar. ¿No es esa una de las mejores definiciones del terror?
Siguiendo por el mismo camino, cabe preguntarse sobre la condición que le permite a otros hacer de ese viaje una experiencia grata. Si lo que no cambia es el efecto supresor de la voluntad en todos los casos, lo que diferencia unos viajes de otros debería ser la complacencia o el miedo a perder el control. Ahí hay tema...
Esa alteración acaba confundiendo sujeto y objeto. El sujeto observa y se observa fuera de su sistema de percepción condicionada para acabar asistiendo a un espectáculo en el que el sujeto es objeto de sí mismo pero incapaz de ejercer el más mínimo grado de control, lo cual es efecto de la anulación de la voluntad, justamente la condición sine qua non el sujeto es sujeto y no objeto.
La voluntad, según ese mercado de "ideas", es efecto de la libertad. No existe voluntad eficiente sin libertad eficiente. Por eso resulta en un contrasentido drojarse libremente, voluntariamente, para acaba en un estado de total postergación y con la voluntad atrapada por esas sustancias sin otra posibilidad de escape que la que ofrezca la lenta limpieza y eliminación por parte del cuerpo.
La enajenación autoprovocada puede tener un pase desde el punto lúdico, pero en tanto acaba convirtiéndose en un refugio incluso en esos mismo contextos lúdicos, acaba necesariamente provocando la desconexión con la realidad, que para muchos es la tierra prometida en la que pueden dejar atrás esa realidad virtual que inopinadamente la ha tomado con ellos... La ausencia de voluntad voluntaria, ese dejarse llevar, rompe "el sistema sujeto" y se convierte en un objeto de sí mismo. ¿Qué entidad jerárquica superior puede tener esa propiedad de estudiarse a sí misma pero ya es incapaz de controlar voluntariamente sus movimientos? ¿No podría ser esa situación la demostración empírica de que existe esa entidad superior que sin embargo necesita de toda su unidad para actuar libremente? Si bajo el efecto de las drojas el sujeto se contempla como un objeto, quiere decir que esa entidad consciente de lo que observa, aunque incapaz de hacer efectivo ningún movimiento, no está sometida al efecto de las drojas. Se han descrito multitud de "malos viajes" y tengo la convicción, no por experiencia propia, de que se trata justamente de eso, de sentirse en un ambiente sobre el que carece de cualquier control y del que no puede escapar. ¿No es esa una de las mejores definiciones del terror?
Siguiendo por el mismo camino, cabe preguntarse sobre la condición que le permite a otros hacer de ese viaje una experiencia grata. Si lo que no cambia es el efecto supresor de la voluntad en todos los casos, lo que diferencia unos viajes de otros debería ser la complacencia o el miedo a perder el control. Ahí hay tema...