Yo creo que sólo puede describirse -simultáneamente- como hermoso y terrible. Cualquiera que pretenda destacar sólo uno de esos dos calificativos, pierde de vista su esencia. Hay una fascinación atávica que se manifiesta incluso en los videos pero que, al natural, cuando se combina el rugido, el ligero temblor que sientes en la planta de los pies, y el aroma agrio y venenoso del aire, multiplican esa capacidad hipnótica. Te sientes insignificante, indefenso y en presencia de un poder que te trasciende, como ante un dios.
Anoche, una y otra vez venían a mi mente retazos del Éxodo: La columna de fuego envuelta en humo que guía al pueblo en el desierto, la voz de dios en la montaña como un trueno. Moisés asciende para contemplar la zarza ardiente que quema su rostro. La simbología tiene una relación total con el vulcanismo, por lo que ahora no tengo ninguna duda de que Yahvé es el resultado de la experiencia de un pueblo acostumbrado al tranquilo valle del Nilo ante la visión de un volcán en el Sinaí, la montaña en la que se asienta la columna de fuego, que es la espada llameante del Ángel del Señor, el guardián del paraíso.
(Perdonad la digresión, pero cada vez que lo veo me viene a la mente).