En Gobekli Tepe se han descubierto los restos de decenas de miles de huesos de animales salvajes, principalmente huesos de gacela, pero no hay vestigios de, hogares u otras señales de vida doméstica lo que avala la suposición que no haya sido un asentamiento permanente.
La mayoría de los expertos coinciden en identificar ese sitio como un centro ritual, uno que debió ejercer una poderosa atracción para lograr atraer a los fieles desde grandes distancias.
Las personas que erigieron Göbekli Tepe eran cazadores-recolectores, hecho probado por las cantidades de huesos de animales salvajes que evidencian que aún no habían domesticado animales o comenzado a cultivar.
Gobekli ha forzado a reconsiderar los estadios que habitualmente se convenían para describir el paso o evolución entre el sedentarismo y el desarrollo sociocultural, este sitio muestra ser un santuario, un inmenso complejo de templos, y eso contradice nuestra idea que la religión es un constructo social. Aquí no hay sociedad, pero sí hay una religión.
Tradicionalmente se presumió que el asentamiento era un requisito previo para la construcción de templos y el desarrollo de sistemas sociales complejos, pero aquí no se aprecia nada de eso. Las personas que se reunieron de a miles en ese lugar, era típicos forrajeadores y cazadores del paleolítico tardío, muy lejos de las formas de vida natufiense que ya se desarrollaban a menos de 200 kilómetros del lugar.
La agricultura se suponía que era el paso previo a un modo de vida sedentario, pero Göbekli Tepe nos sorprende mostrando a la religiosidad como el motor de ese cambio, fueron grupos de cazadores-recolectores seminómadas los que comenzaron a asentarse en la zona para almacenar y defender sus fuentes de comida con el objetivo de proveer al templo, es decir, la religión fue su motivación fundamental.
La magnitud inusitada de las obras, su diseño artístico, la distribución de los enormes pilares según cálculos geométricos, tal como se ha informado hace pocos días, requirieron de personas especializadas y por supuesto fueron necesarios miles de personas como mano de obra, para cortar, transportar, tallar y levantar esas piedras de varias toneladas de peso.
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Además, no había agua en el lugar, el vital recurso era transportado desde vertientes muy alejadas, y la obsidiana, ese otro recurso fundamental era traído desde yacimientos a cientos de kilómetros de distancia.
Y como dije antes, los trabajadores debieron necesitar un sitio donde vivir, pero las excavaciones no han mostrado, hasta ahora, la menor señal de muros, hogueras o casas, ni ningún tipo de estructura que se pudiera interpretar como doméstica.
También tuvieron que comer, pero estas personas no sabían nada de cultivos, no hay ningún indicio de agricultura; tampoco se han encontrado restos de cocinas, ni hornos o fuegos donde se cocinara.
La gente en ese lugar estaba para otra cosa, su objetivo era conectarse con aquello que para ellos extraordinariamente trascendente, Gobekli era un centro ceremonial, esas personas estaban ahí para adorar, ese lugar era un templo, casi con gran seguridad, el primero de la Humanidad.
Algo, para mi humilde entender, es absolutamente seguro, lo que sea que atrajo a esas personas a ese lugar y las retuvo, reverentes, durante al menos dos mil años,
debió ser extremadamente poderoso.
Göbekli Tepe. La asombrosa geometría del templo más antiguo del mundo
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