Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

1936: El PSOE expolia del Museo Arqueológico Nacional
El expolio del Museo Arqueológico Nacional


Una de las ventajas de escribir un blog y no vivir de ello es que se pueden decir cosas que a muchos no gustan oír sin estar atado a las directrices de una línea editorial. Esas editoriales hacen que algunos de los sucesos más oscuros de nuestra historia reciente no son conocidos por la inmensa mayoría de los ciudadanos, y no porque no estén adecuadamente documentados, sino porque hay intereses políticos por parte de ciertas instituciones para que no se les dé publicidad. Por ejemplo, está mal visto todo lo que no sea decir que los (supuestamente) leales al Gobierno de la Segunda República durante la Guerra Civil eran unos santos varones, y a todo aquel que ose argumentar lo contrario se le tacha de franquista, facineroso y no sé cuántas cosas más. Pero como los lectores del blog ya me conocen seguro que ninguno cae en el insulto fácil.
Uno de esos sucesos menos conocidos es el expolio de las monedas de oro de Museo Arqueológico Nacional (MAN) que se llevó a cabo por los gobernantes de la Segunda República durante la Guerra Civil Española. Yo me considero una persona bastante interesada por nuestro Patrimonio Histórico, y aún así no había oído hablar de semejante robo hasta hace unos meses, cuando se estuvo comentando en el blog. Luego vi que lo citaba Alberto J. Canto García en un artículo de Panorama Numismático y me puse en contacto con él para ver si me podía pasar más bibliografía al respecto. Me recomendó el artículo de Martín Almagro-Gorbea «El expolio de las monedas de oro del Museo Arqueológico Nacional en la II República Española» (publicado en Boletín de la Real Academia de la Historia CCV,1, 2008: 1-72) que me hizo llegar el propio autor por intermediación de Canto García. En el texto no citaré este artículo, pero supone mi principal fuente bibliográfica para escribir la entrada; recomiendo su lectura a cualquiera que quiera profundizar un poco más sobre este tema. Desde ya muchísimas gracias a los dos.
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Como todos sabéis, el 18 de julio de 1936 parte del ejército español se levantó en armas contra el Gobierno de la Segunda República. El golpe de estado falló, pero inició una Guerra Civil que, sin duda, es el episodio más triste de la historia reciente de España. En los días posteriores al pronunciamento la situación era absolutamente caótica en España y los asaltos estaban a la orden del día. Grupos de milicianos (todavía idealizados por algunos) se autodenominaron ley en sus repectivos pueblos y muchas veces ejercían un abuso de poder: bastaba una mera sospecha para entrar en casa de cualquiera, fusilarlo y apropiarse de todos sus bienes; en el caso de las iglesias, ni siquiera hacía falta sospechar nada para sustraer todo lo que hubiese dentro de valor y prender fuego al resto. En un país en el que la envidia ha sido siempre su principal pecado, nos podemos imaginar lo que esto suponía. Intentando controlar semejantes barbaridades, el Gobierno de la Segunda República constituyo la Junta de incautación de Obras de Arte, como una manera de centralizar estas actividades, ponerlas bajo el control del Gobierno y que no quedasen a la merced del abuso de poder de unos milicianos que en muchos casos no sabían ni leer. A la postre, esto supuso centralizar estas actividades bajo el control del Gobierno.
Al empezar la Guerra Civil, el MAN contenía más de 160.00 monedas y 15.000 medallas, lo que suponía una de las principales colecciones numismáticas del mundo. De esta colección el máximo responsable era Felipe Mateu i Llopis, un joven doctor valenciano más interesado en los temas históricos y bibliotecarios que en las cuestiones políticas y militares. Viendo que el panorama se ponía cada vez más oscuro, durante ese verano los Funcionarios Facultativos del Museo fueron escondiendo algunas de las monedas más importantes del monetario en las arcas que había en la planta baja para que, si se producía un saqueo, al menos ésas se salvasen. Allí metieron los oros de los Reyes Católicos y el medieval, incluyendo la dobla de Pedro I.
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Cuando la Guerra se estabilizó y el frente rebelde se acercaba más y más a Madrid, las milicias y la Guardia Nacional Republicana tomaron el poder en el MAN, detuvieron a todos sus funcionarios a finales de septiembre e incluso a alguno le fusilaron. Los objetos se embalaron y se apilaron para evitar que los alcanzasen las bombas y el museo se cerró.
La tarde del 4 de noviembre de 1936 apareció en el MAN un alto funcionarios del Ministerio de Instrucción Pública, Wenceslao Roces, junto con un Representante de la Junta de Incautación de Obras de Arte y varios milicianos armados. Desde allí llamaron a Felipe Mateu y al director del MAN y su orden era muy clara: requisar todos los tesoros de valor, y en especial las monedas de oro, que hubiese en el MAN para que pasasen a estar bajo el control de Ministerio de Instrucción Pública. Los responsables del museo eran consciente de que aquello era un expolio en toda regla y que con la excusa de proteger las monedas y que «no caigan en manos de los facinerosos», las piezas que llevasen no iban a volver nunca a la colección.
Felipe Mateu fue forzado a desarrollar tan penosa labor y lo hizo lo más lentamente que pudo con la intención de ganar tiempo. Primero empezó buscando allá donde no había piezas de oro. Luego se fue a por las onzas españolas (que son grandes pero corrientes) y hacía pasar piezas de plata por ejemplares de oro y al revés aprovechando la poca luz que había por la noche. También tuvo que entregar los áureos romanos, los oros bizantinos, luego las monedas griegas… siempre intentando despistar algunas piezas aunque bien sabía que con ello se jugaba la vida. Mateu no hacía más que insistir que se anotase el peso y los ejemplares que se llevaban, pero con la escusa de que no había tiempo, lo único que se hizo fue volcar las bandejas de monedas en los gorros de los milicianos y hacer un cómputo global.
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Como ya era muy tarde, dejaron la tarea y durmieron en el museo. La penosa tarea continuó al día siguiente y Mateu seguía con su estrategia de intentar despistar algunas monedas y, en otros casos, convencerles de que su valor intrínseco era mínimo. Así consiguió que los florines aragoneses y las monedas visigodas no se las llevasen. Pero en el Ministerio no entendía de trascendencia histórica y esa misma tarde volvieron a por las monedas visigodas, volcándolas de nuevo en gorros a pesar de que Mateu insistía de que muchas estaban partidas y los trozos se mezclarían. Que a un numismático amante de la historia le obliguen a participar en semejante barbarie es muy doloroso.
La siguiente imagen es un extracto del acta de entrega, donde se indican los objetos que se llevaron. Como podéis ver, poco les importaba si los áureos eran de Nerón o de Trajano.
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El Ministerio cerró las cajas, las precintó y se las llevó primero a Valencia y después a Cataluña, según se iba moviendo el Gobierno cuando el frente rebelde avanzaba. En Valencia se unieron con otros tesoros que el Gobierno de la Segunda República había sacado de otros museos y a particulares, puesto que la política de saqueo por parte de ese gobierno no fueron hechos puntuales.
Para que os hagáis una idea de semejantes saqueos, basta con decir que el 23 de marzo de 1938 Francisco Méndez Aspe, Ministro de Hacienda, ordenaba la «nacionalización» de todas los bienes materiales en bancos privados, cajas y montes de piedad, con la finalidad de «salvaguardar los intereses de los titulares» y «garantizar en todo momento el contenido de las cajas». Eso se tradujo en que se abrieron las cajas fuertes de todas las entidades con sopletes y sin ni siquiera registrar qué es lo que había en cada una. ¿Para qué, si no pensaban devolverlo? Que nadie se crea que en esas cajas estaban las posesiones de poderosos magnates, sino que había alfileres, alhajas, relojes viejos, arras de boda… las pocas pertenencias de mínimo valor material que pudieran tener las personas humildes en una época tan penosa, y eran sus propios gobernantes los que se lo estaban robando.
Pero lo peor es que esos bienes no harían ningún bien al pueblo, sino que desde 1938, y sabiendo que la Guerra ya estaba perdida, altos cargos del Gobierno se dedicaron a sacar todo lo que pudieron a Francia. El propio zainín (Presidente del Gobierno) reconocía en una carta del 23 de junio de 1939 que después ha sido publicada que él estaba compinchado con Méndez Aspe «conforme a un plan minuciosamente estudiado y preparado desde hacía mucho tiempo». Ese plan consistía en «asegurar en países […] todos los medios utilizables para remediar, en lo posible, el infortunio de nuestros compatriotas en la inmi gración». Enorgulleciéndose de que «con cautela y rapidez, sin precipitaciones ni atolondramientos, se ha podido salvar lo que se ha salvado, resguardado por una posición jurídica lo más sólida dentro de lo viable». Y concluyendo con: «Nunca se ha visto que un gobierno o su residuo, después de una derrota, facilite a sus partidarios, como lo hacemos, medios y ayuda que ningún estado otorga a sus ciudadanos«.
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Es decir, que había una red de altos cargos gobernando los últimos años de la Segunda República cuyo objetivo no era otro que sacar provecho personal de la situación y sacar de España tanto patrimonio como pudieran. Se llegó a tal punto de corrupción que Azaña cuenta cómo Méndez Aspe intentó en febrero de 1939 crear una sociedad anónima para poner todos los bienes del Estado español en el extranjero a su nombre. Esto, en román paladino, significaría crear una cuenta en Suiza en la que colocar todo lo que esos altos cargos hubieran sacado del país, entre lo que se encontraba toda la colección del Museo del Prado. Por eso, Azaña consideraba la actución del PSOE (al que pertenecían zainín y Méndez Aspe) como «una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y de botín, sin ninguna idea alta».
Estos altos cargos se llevaron el tesoro del MAN junto con el resto de bienes expoliados a París, y allí estaba los primeros días de febrero de 1939. En total, el tesoro ocupaba más de 100 maletas, muchas de las cuales no tenían más que baratijas, pero nada se sabe a ciencia cierta. Aún así, se estima en unos 138,4 kilos de oro los que se llevaron. La idea de estos señores era llevárselo a Méjico directamente, pero tuvieron que sacarlo a toda prisa de Francia antes de que este país reconociese el gobierno de Franco, porque a partir de ese momento las autoridades francesas lo interceptarían para devolvérselo a España. Así que de París lo sacaron en barcazas hasta Rouen y de allí lo embarcaron hasta el puerto inglés de Southampton, donde les esperaba el yate de lujo Vita.
El Vita llegó a Veracruz el 1 de abril y de allí se llevó el tesoro a Ciudad de Méjico, donde pasó a estar al cargo de Indalecio Prieto, otro peso muy pesado en el PSOE que vivió estupendamente el resto de su vida en Méjico gracias a ese tesoro. A partir de ahí nada se sabe porque ha imperado la ley del silencio: ninguno de estos señores ha dicho absolutamente nada sobre qué hicieron con el tesoro del Vita; se han llevado el secreto a la tumba. Se dice que la mayor parte de las piezas de oro se fundieron aunque también se cree que algunas piezas numismáticas se vendieron en el mercado. Incluso hay quien apunta que la Hispanic Society of America se hizo con algunas.
Hoy en día a estos responsables, lejos de considerárseles saboteadores, ladrones y expoliadores, se les está maquillando el nombre. No vale decir que eran tiempos de guerra: es un acto de sabotaje al Patrimonio de España y a ciudadanos humildes para su propio beneficio personal, abusando de su autoridad y de manera premeditada. Esto es algo que no se hizo en el bando rebelde ni tampoco en las revoluciones comunistas más salvajes (la Revolución Bolchevique, la Revolución Cultural de Mao…). Y hoy es el día en el que uno de los grandes partidos políticos de España, a la vez que pide que se investiguen los crímenes del franquismo, ponen medallas a zainín y lo vuelven a reconocer como miembro del partido de forma honorífica. Si esto lo hubiese hecho Gila me hubiera reído, pero siendo Alfonso Guerra no le veo la gracia.
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La primera foto es el aspecto del MAN en los año 30 (fuente). Los demás son trémises visigodos sacados de la próxima subasta de Áureo a nombre de Gundemaro, Suinthila, Chindasvinto y Egica. Podría haber puesto los retratos de los políticos citados, pero sólo Azaña lo merece.
Origen: El expolio del Museo Arqueológico Nacional – Blog Numismatico
 
Pedro preside el gobierno, es julio de 1936 – Verdades Ofenden
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Cine europa, Madrid

Hagan un ejercicio de imaginación:

Estamos en el verano de 1936. un caluroso día de Julio en el que se confirman que un grupo de militares se han sublevado en la lejana África.

Usted hasta ese momento ha vivido más o menos sobresaltado, dada la turbulenta y explosiva situación política en España desde que se publicaron los resultados de las confusas elecciones de febrero.



Los rumores de pucherazo se han respondido abriendo las cárceles produciéndose cientos de alborotos, asaltos de templos, decenas de huelgas, varias de ellas generales.

En las calles los pistoleros marxistas disparan abiertamente a los perseguidos jóvenes



de Falange, quienes desde 1935 han empezado a responder a los “chibiris” que entrenaba el teniente Castillo y a quienes í tirotearon dándole gloria tras el asesinato del primo de José Antonio.

El asesinato de Alopécico Sotelo como venganza de lo de Castillo y el ruido de sables ha tensado todo mucho más, hasta confirmar lo que está pasando en África.

En cualquier caso, como usted es apolítico y no se mete con nadie, vive en el convencimiento de que más o menos todo es seguro. Hasta que una noche de ese mes caluroso descubre que Madrid de repente se ha transformado en un presidio gigante para quien no apoya la revolución.

-Sin un carnet sindical, o de un partido izquierdista, usted es hombre perecid.

-Si va ud. bien vestido, es también hombre perecid.

-Si tiene dinero, despídase de él y de la vida.

-Si viste sombrero o alguna cruz cristiana, es ud reo de gloria.

Desde el 19 de julio los socialistas, anarquistas, y comunistas, junto con unos 16.000 convictos censados en Madrid y que desde febrero han quedado libres tras la apertura de las cárceles, se han hecho los amos de la ciudad.

Desde ese día empiezan a aparecer cadáveres por todas partes; son los perecid que los rojos llamarán “besugos” haciendo famosa la gracieta en pocos días.



Y una noche, regresando sin miedo a casa, usted, de pronto y en un cruce de una calle, se topa con tres milicianos y se le acaba la vida.

Tiene pinta de facineroso, y le llevan prisionero sin miramientos y a empujones a la checa anarquista del cine Europa.

Es el cine más grande de Madrid, donde solo hace unos meses antes usted estuvo escuchando un mitin de Falange ejerciendo sus libertades políticas, y oyó por primera vez el himno de aquellos chicos tan lleno de esperanza.



Hoy va a ser su presidio, tu mazmorra, su celda de tortura y su final, sin entender siquiera qué narices está pasando.

En aquel cine vio al hipnótico líder derechista, José Antonio Primo de Rivera, que ahora está tan prisionero como usted, solo que en Alicante, para alejarlo de sus vehementes seguidores en cuyas filas no milita.

Llega el turno del juicio. Se enfrenta usted a varios tipos patibularios y en camiseta. El jefe es un hombre del arroyo madrileño, criado en un orfanato. Un delincuente común con fama de ser muy peligroso. Se llama Felipe Sandoval y su vida está en sus manos.

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seguro? eso es la inmensa mayoría de los hombres en edad militar que quedaron en territorio leal.
 
El salvamento de las obras del Prado
Durante la guerra, las obras del Museo del Prado y de otros muchos museos y colecciones particulares fueron trasladadas por las autoridades del Frente Popular a Valencia, en larga y arriesgada peregrinación, y de allí a Cataluña, donde quedaron almacenadas para ser luego sacadas a Francia en condiciones tales que llevaron a Azaña al borde de la desesperación.
Pío Moa
2002-09-23
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No obstante, el “salvamento” de ese tesoro artístico aparece en muchos libros de historia como una gloria auténtica del Frente Popular. A través de José Renau, y por otras vías, las autoridades izquierdistas justificaron tal salvamento arguyendo que los bombardeos enemigos sobre Madrid “ponían en gravísimo peligro el patrimonio artístico español”, pues, como aseguraba Osorio y Gallardo, “ese y otros tesoros son bombardeados con predilección por los aviones facinerosos”; además, el frío invierno de 1936 empeoró hasta límites peligrosos las condiciones ambientales de los museos; y, por fin, en Madrid no había sitio adecuado para preservar las obras de arte.

Las dos primeras razones se contradicen, pues si había tal peligro de bombardeo, las condiciones ambientales carecían de importancia, y si el peligro real eran éstas, entonces el del bombardeo debía ser escaso. Además, la segunda es obviamente falsa. En su larga existencia, los museos habían conocido inviernos sin duda más duros.

También es falsa la tercera razón. Según Sánchez Cantón, subdirector del museo del Prado por entonces, los sótanos del museo ofrecían refugio suficiente. Además estaba la cámara acorazada del Banco de España. Las autoridades izquierdistas afirmaron haber guardado allí unos cuadros, cuyo deterioro por la humedad les disuadió de utilizarla. Pero aquellas pinturas no estuvieron en la cámara, sino en otras dependencias del Banco, y Madariaga es tajante al respecto: “El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás. Madrid poseía, quizá entonces, precisamente la mejor cámara subterránea del mundo para la protección de tesoros artísticos, recién terminada con arreglo a la técnica más moderna, a treinta metros de profundidad bajo el Banco de España. A los técnicos ingleses que visitaron España entonces se les enseñó un par de cuadros del Greco enmohecidos por la humedad para hacerles creer que esta cámara no era suficiente. A la sazón presidente de la Oficina Internacional de Museos de la Sociedad de Naciones, pude estudiar documentación suficiente para asegurar aquí que los cuadros del Museo del Prado no debieron haber ansioso nunca de Madrid, y que no hubieran ansioso de no haber predominado en el Gobierno de entonces la pasión política sobre el respeto a la cultura y al arte”.

Queda el riesgo de bombardeos. El investigador Álvarez Lopera explica en una monografía sobre el tema: “¿Fueron atacados el Prado y el edificio de la Biblioteca Nacional directa y deliberadamente o cayeron bombas sobre ellos por error? Quizá el escaso número de bombas caídas sobre ambos, y consecuentemente la poca entidad de los daños, haya sembrado el escepticismo ante las afirmaciones republicanas. Pero recuérdese el tipo de estrategia empleada en esos momentos sobre el cielo de Madrid. Era el terror. Se atacaban preferentemente hospitales, asilos, los barrios más poblados. Se pretendía, dice Thomas, ver la reacción de una población civil ante un intento cuidadosamente planeado de prender fuego a la ciudad, barrio por barrio ¿En virtud de qué principios éticos o culturales se puede entonces esperar que los aviones nancy y facinerosos hicieran una excepción con las pinturas y con las estatuas?” Y acompaña cifras: “Sólo los bombardeos nocturnos de los días 8 y 9 (de noviembre del 36) produjeron 350 víctimas. Ahora se hicieron diarios. El 16, una incursión que costó 250 perecid y 600 heridos iniciaba la matanza metódica de la población civil. Fue, dice Delaprée, un trabajo bien hecho, una siembra copiosa y cuidadosamente dosificada por todos los barrios del centro. Ese mismo día comenzaba el martirio de los monumentos y museos”.

Afortunadamente se conserva en el Archivo Histórico Militar la estadística confeccionada por los responsables izquierdistas, no destinada a la propaganda, según la cual en todo el mes de noviembre los perecid por bombardeos en Madrid fueron 312, y las casas dañadas 486. Nada que ver con los impresionismos propagandísticos citados. Hubo, en efecto, un ensayo de “bombardeo de desmoralización”, pero de escasa envergadura, como indican los datos. Ello aparte, la aviación soviética se mostró por entonces superior técnicamente a la enemiga, impidiendo a ésta el necesario dominio del aire. Sin olvidar que ese tipo de ataques a la población civil los habían iniciado los llamados “republicanos”.

En ese contexto salta a la vista que las escasas bombas caídas sobre edificios culturales, y contra lo que pretendía Osorio, obedecieron a errores de puntería. La excepción fue el palacio de Liria, bombardeado probablemente por creer que albergaba algún organismo político o militar izquierdista. Decenas de palacios y edificios históricos y culturales habían sido incautados por los partidos y sindicatos para sede de sus actividades.

Está perfectamente claro que la causa de la evacuación del tesoro artístico no estuvo en el peligro de bombardeos, como corrobora otro hecho decisivo: el propio museo del Prado siguió sirviendo, durante la guerra, de almacén de objetos artísticos requisados, hasta el número de 20.000, como reconoce Álvarez Lopera, muchos de los cuales siguieron siendo trasladados desde allí a Valencia. ¿Cuál fue, pues, la verdadera razón?

Eso merece un estudio aparte.
 
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Historias de España: Casas Viejas, el primer asalto de la izquierda contra la II República

LUNES, ABRIL 27, 2009
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La II República española, en lo que a gobiernos o series de gobiernos se refiere, se divide habitualmente en tres tercios. El primer tercio es el bienio constitucional, en el que la izquierda diseña la Constitución republicana. El segundo tercio es el bienio de las derechas, durante el cual se produce el golpe de Estado revolucionario mal llamado Revolución de Asturias; y el tercero es el regreso de las izquierdas con el Frente Popular.

Cada uno de estos tercios tuvo su tumba. La tumba del Frente Popular fue el golpe de Estado y la guerra civil. La tumba de las derechas fueron los escándalos del estraperlo y el caso Nombela-Tayá. Y la tumba del primer bienio de la República fue el adefesio asunto de Casas Viejas. Que es tan, tan adefesio, que hoy es el día que el pueblo de Casas Viejas ya no se llama Casas Viejas.
Ocurrió hace ahora 76 años, en 1933. Al iniciarse ese año, el anarquismo dijo basta. Los anarquistas y anarcosindicalistas siempre habían sido compañeros de viaje del sueño republicano, pero unos compañeros de viaje bastante incómodos. El sueño republicano fue alumbrado por políticos burgueses que no creían en otra cosa que en los regímenes parlamentarios reformistas, y algunos de izquierdas, situados casi siempre en el PSOE, los cuales, si bien eran en muchos casos marxistas avant la lettre, o bien se sacudían con elegancia esas teorías o bien las aplazaban hasta un futuro teórico lo suficientemente lejano como para convertirse, por la vía de los hechos, en avales del parlamentarismo burgués. Quizá el mayor ejemplo de esta tendencia pueda ser Julián Besteiro, quien se decía y consideraba marxista pero que, sin embargo, desde la tribuna de la presidencia de las Cortes, tras la aprobación de la Constitución republicana, no ahorraba epítetos positivos para el sistema parlamentario inglés y el posibilismo laborista.
Los anarquistas, sin embargo, estaban hechos de otra pasta. Llevaban 50 años luchando por el comunismo libertario y no iban a andarse con medias tintas. A ello se unió el parcial, en ocasiones completo, fracaso de la reforma agraria republicana, fracaso en el que tuvieron que ver defectos de diseño, el obstruccionismo de los propietarios y, sobre todo, la falta de financiación. El fracaso de la reforma agraria hizo que el anarquismo, que nunca había abandonado del todo las áreas rurales sobre todo en el sur de Andalucía, recibiese notables apoyos gracias a la profunda desilusión que muchos aparceros tenían hacia la República, en la que seguían muriéndose de hambre. Hay que hacer notar que parte de ese hambre era culpa de la propia República pues ésta, para evitar el abuso de los patronos con los jornaleros a la hora de fijarles salarios, dictó su llamada Ley de Términos Municipales, por mor de la cual no se podían contratar jornaleros fuera del término municipal donde estuviese ubicada la explotación. Esta medida fue muy positiva en aquellos lugares donde había explotaciones. Pero allí donde no las había o no se explotaban, condenaba a los jornaleros al hambre, pues no podían emplearse nada más que donde no había empleo.
El divorcio del anarquismo con la República se hizo más intenso en 1932, cuando la FAI organizó una serie de acciones revolucionarias en la cuenca del Llobregat, que hubieron de ser reprimidas y que hicieron al gobierno deportar a Guinea a dirigentes faístas como Durruti o Ascaso.
El 8 de enero de 1933, el anarquismo sacó músculo en Sevilla, Zaragoza, Logroño, Lérida, Granada, Barcelona y Valencia. Fue una insurrección en toda regla reprimida como tal por el gobierno. Sin embargo, esa represión no pudo impedir que la mecha revolucionaria se extendiese por el sur de Andalucía, y pronto hubo conflictos en Sanlúcar, La Rinconada, Utrera, Alcalá de Guadaira, Arcos de la Frontera…
Casas Viejas estaba, y está, situado en medio de esa zona, en la provincia de Cádiz y perteneciendo, entonces, al municipio de Medina Sidonia. Tenía unos 1.200 habitantes, todos o casi todos de los cuales vivían del campo. En el área había 6.000 hectáreas cultivables, pero en 1932 sólo se habían trabajado 1.300, porque los propietarios se negaban a explotarlas en las condiciones que les imponía la legislación. Por lo tanto, se estima que en aquel año habían trabajado unos 100 jornaleros en toda la aldea, lo cual suponía una astronómica cifra de paro del 80%.

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El 10 de enero, los estrategas anarquistas decidieron el estallido de una insurrección en toda la baja Andalucía, y sus correligionarios en Casas Viejas recibieron la orden de unirse a ella. El día 11 un grupo de anarquistas izó una bandera rojizaina en el pueblo, tomó sus escopetas de caza y se dirigió al cuartel de la guardia civil, donde los efectivos que allí estaban se negaron a secundar la rebelión. Ambos bandos se enfrentaron a tiros, resultando dos guardias heridos. Los sublevados tomaron el control del pueblo.
El gobierno civil de Cádiz, al tener noticia de esta insurrección, envió refuerzos. A las cinco de la tarde del mismo día 11 llegó al pueblo el teniente Fernández Artal, de la Guardia de Asalto, al mando de 12 guardias y cuatro números de la guardia civil. Logró liberar a los sitiados en el cuartelillo y, en general, sacar del pueblo a los rebeldes. Sin embargo, una pequeña partida, liderada por Curro Cruz, a quien todos conocían como Seisdedos, se hizo fuerte en una de las casas. Fernández Artal hizo dos intentos de componenda y los dos le salieron mal: primero le envió a un guardia para parlamentar, que fue herido y apresado por los anarquistas; y después a un detenido, el cual se unió a los sitiados. En total, allí dentro hay cinco hombres, dos mujeres y un niño. Fernández Artal, puesto que se hace de noche y tiene controlada la situación, decide esperar al día siguiente.
Mientras el teniente de Asalto espera, el primer acto real de la tragedia levanta el telón en Madrid. A la Puerta del Sol, sede de la Dirección General de Seguridad, llegan las noticias de Casas Viejas. Es director general Arturo Menéndez. Menéndez es en ese momento, como poco, un hombre presionado para impedir que la revolución brote en el sur de Andalucía; en buena parte, pues, su actuación de las próximas horas se basará en el deseo de evitar eso como sea. Prueba de que es así es que tres días antes de la sublevación de Casas Viejas, la DGS había hecho pública una nota de prensa en la cual instaba a las fuerzas de seguridad a «redoblar el rigor empleado» contra los sediciosos.
Menéndez ordena más refuerzos. Pero los refuerzos salen de Madrid, lo cual es lo primero que llama la atención en toda esta historia, porque lo normal es que los refuerzos se envíen desde más cerca para que lleguen antes. Una compañía de guardias de asalto al mando del capitán Manuel Rojas Feigespan, hombre de absoluta confianza de Menéndez, se mete en el expreso de Andalucía de esa noche camino del sur. Menéndez acude personalmente a la estación del Mediodía a despedirlos, algo que tampoco es muy normal.
Pero Menéndez tiene razones para acudir al andén. Una vez allí, se acerca a Rojas y le da órdenes taxativas: «ni heridos ni prisioneros cuando se haga fuego contra la fuerza». Así pues, el capitán Rojas viajó al sur convencido de que tenía patente de corso para hacer lo que creyese conveniente.
En la mañana siguiente, Rojas está ya en Casas Viejas. Intenta evacuar a los sitiados con bombas de mano, sin conseguirlo. Apresurado por solventar el problema cuanto antes, resuelve hacerlo mediante el fuego. Los guardias lanzan sobre la casa piedras envueltas en trapos empapados de gasolina y acercados a la llama antes del lanzamiento.
 
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Al inicio del incendio, una mujer y el niño huyen de la casa. Luego otra mujer y un hombre intentan huir, pero son abatidos por los tiros de los guardias. El resto de los revolucionarios mueren abrasados vivos en el inmueble.
Son las ocho de la mañana. Rojas ha conseguido lo que quería. El pueblo casi entero está atemorizado en sus casas. Pero, por alguna razón, juzga que aún hay que dar un paso más. Ordena registrar las casas una por una y proceder a la detención de sospechosos. Se generó una cuerda de 14 detenidos que, inexplicablemente, fueron cancelados, desarmados y atados, tras haber sido paseados frente al cuartelillo que horas antes tenían sitiado.
Los hechos hacen mella en la conciencia del teniente Fernández Artal, el cual probablemente tuvo algo muy parecido a un ataque de ansiedad. Rojas lo tranquiliza y de paso le recuerda que lo mejor que puede hacer es cerrar la boca sobre lo que ha visto y, luego, toma el camino de Madrid.

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El día 12, el ministerio de la Gobernación, actual del Interior, regentado por Casares Quiroga, informa en una nota de los hechos de Casas Viejas. Da una cifra aproximada de víctimas (18 o 19), se refiere únicamente al episodio de la casa y los sitiados, asevera que la operación se realizó con bombas de mano y cita el incendio sólo para justificarlo como consecuencia de las mismas. Los hechos, sin embargo, habían tenido muchos testigos, especialmente desde las trochas de los alrededores del pueblo. Campesinos que pudieron huir de la represión posterior fueron a Medina Sidonia y comenzaron a contar lo que habían visto. El día 15, dos periódicos de Madrid deciden destacar enviados especiales. La Libertad envía nada menos que a Ramón J. Sender; y La Tierra envía a Eduardo de Guzmán, quizá su mejor informador y autor de interesantes libros sobre la República y la Guerra Civil. Pese a luchar con el mutismo oficial, de la mano o la pluma de estos enviados, el día 19 la prensa empieza a publicar retazos de verdad.
En aquel entonces la República tenía una costumbre hasta cierto punto insana por lo poco ejemplarizante que ha heredado nuestra democracia, y es ésa de dar a los parlamentarios más vacaciones que las de la hija del marqués. El Parlamento no abre sus puertas hasta el 1 de febrero pero, para cuando lo hace, lo hace para servir de caja de resonancia del enorme revuelo de Casas Viejas. Ese mismo día Eduardo Ortega y Gasset, fruta radical-socialista (y, por lo tanto, teórico socio del gobierno) presenta una interpelación y un informe en el que asevera con precisión que once personas han sido asesinadas mientras estaban atadas e inermes. Casares (inexplicablemente, diría yo) ni siquiera está en el hemiciclo, así pues tiene que contestar el subsecretario, Carlos Esplá, el cual hace un papelón que apenas calla las bocas menos exigentes.
El día 2 ya es Lerroux, es decir el jefe de la minoría opositora al gobierno más numerosa, el que se levanta, provocando la contestación del mismísimo Azaña, jefe de gobierno. En esta intervención, Azaña utiliza esa típica estrategia que dice que cuando no quieras hablar de lo particular, extiéndete en lo general. Azaña se lanza a peroratas sobre la acción general del gobierno y sobre Casas Viejas, además de decir que ya está todo aclarado, pronuncia la célebre, desgraciadísima frase, de «en Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir». Esta frase sólo se justifica aceptando que Azaña no estuvo acertado, que en mi opinión puede ser con mucha mayor probabilidad de lo que habitualmente se acepta; que, en ese momento, no supiera realmente lo que había pasado en Casas Viejas (pero si dijo eso sin saberlo, mayor desacierto aún); o ambas cosas a la vez.
Se propone la creación de una comisión parlamentaria. El gobierno, que tiene casi 20 perecid sobre la mesa, tiene el atrevimiento de rechazarla (123 votos a 81).

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A los hagiógrafos de don Manuel Azaña les gusta recordar que, tras este debate, el presidente del Gobierno se aplicó a saber lo que realmente había pasado en Casas Viejas y de hecho encargó al teniente coronel Romeu una investigación. Todos estos datos son ciertos. Pero, sin embargo, no dejan de formar parte de una, a mi modo de ver, excesiva comprensión para con Azaña. El 2 de febrero, cuando se levanta en las Cortes para contestar a Lerroux, han pasado ya 20 días desde la matanza de Casas Viejas, y los abrumadores testimonios publicados por la prensa hacen imposible a nadie creer que la versión de Casares es la correcta. De hecho, el gesto de Azaña, encargando una investigación propia, deja ver claramente que él mismo lo piensa. Resulta muy difícil de creer que Azaña fuese a la sesión del día 2 completamente ciego. Que no supiera aún con certeza, tiene un pase. Pero que ni siquiera sospechase, eso no se lo cree ni el que asó la manteca. Así pues Azaña, en las Cortes, se levantó, si no para mentir, sí para sospechar que estaba mintiendo.
El 13 de febrero, en su diario, Azaña dice que recibe noticias de Casas Viejas y que se teme lo peor. Esta entrada del diario sirve para que quienes creen en él sustenten que antes no sabía nada. Pero eso mismo convierte a Azaña en un presidente del Gobierno delante del cual los policías se cargan impunemente a más de 15 personas y él se tira un mes entero sin saberlo.
El día 23 el fruta Salvador Sediles, sobreviviente de la sublevación de Jaca por cierto, hace público en el parlamento las averiguaciones hechas por los fruta por libre y sobre el terreno. Es la primera vez que en las Cortes se oye completa la versión real de lo ocurrido.
Azaña se levanta a contestar. Lo que hace es dividir los hechos en dos periodos distintos. Hay uno que va hasta las 8 de la mañana del 12 y otro que ocupa lo que ocurrió después. Del primero asevera que se respetó la legalidad a machamartillo. Y, sobre el segundo, realiza un retruécano políticamente irresponsable, o mejor yo diría impresentable: «¿Tenemos nosotros algo que ver con el que haya podido faltar a sus obligaciones en Casas Viejas ni en ninguna otra parte?» Sorprendente. Un presidente del Gobierno confesando, con toda claridad, que si alguien, utilizando el aval de formar parte de las fuerzas de seguridad, va y se pasa metiéndole unos tiritos a unos mataos, él no tiene por qué ser responsable. De la bronca que se montó el gobierno se hizo tanta presión que se le disolvió el ánimo y acabó por permitir la formación de la comisión parlamentaria (173 votos contra 130).
Para aquel entonces el principal implicado en la cuestión, el capitán Rojas, estaba tratando de tapar bocas. Viajó a Sevilla para tratar de tranquilizar al cada vez más histérico Fernández Artal. Pero, sin embargo, mientras estaba haciendo eso, cinco capitanes de Seguridad firmaban un acta, que hacían llegar a Azaña, en la que, entre otras cosas, declaraban que en enero de 1933 el Director General de Seguridad les dio instrucciones «de que en los encuentros que hubiera con los revoltosos con motivo de los sucesos que se avecinaban en aquellos días, el gobierno no quería ni heridos ni prisioneros». Obsérvese que el acta pone en los labios de Menéndez las palabras «el gobierno no quiere». Para más inri, además de a Azaña, le enviaron el acta a un fruta de la oposición, el radical Tomás Peyre.
Los firmantes del documento fueron apartados del servicio y expedientados. Azaña, por su parte, llamó a su presencia a Rojas, quien confirmó en la entrevista haber recibido las órdenes y, consiguientemente, avaló el acta, aunque aún negaba las ejecuciones a sangre fría.
El 2 de marzo, la oposición ensayó una nueva censura al gobierno por el asunto de Casas Viejas. Azaña se defendió calificando el acta de los capitanes de movida política. Hubo quien pensó que había saltado la valla y que saldría de aquélla con los cojincillos en su sitio. Pero apenas unas horas después, el día 3, Fernández Artal estalló. Estando en Madrid, se sinceró con sus compañeros del cuartel de Pontejos, los cuales le recomendaron que hablase, por lo que prestó en la DGS, y ante un abogado del Estado, una declaración en la que confirmaba la producción de ejecuciones sin legalidad alguna.

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La publicación de esta confesión provocó la dimisión de Menéndez, incapaz ya de permanecer en el cargo. El consejo de ministros, en reunión de urgencia, ordenó un careo ante el juez de Rojas y Fernández Artal. Si lo montó para solucionar el asunto, la cosa le salió mal, porque fue Rojas el que se derrumbó y acabó por reconocerlo todo.
El 7 de marzo, mes y medio después de los hechos y dos semanas después del informe Sediles, Azaña se levantó en el Parlamento para reconocer los fusilamientos por primera vez. Presentó el nombramiento del juez especial como una demostración de la preocupación del gobierno por esclarecer los hechos.
El 10 de marzo, la comisión parlamentaria culminó sus trabajos, en los que hablaba de fusilamientos sumarios ordenados por la Dirección General de Seguridad. Se exculpaba totalmente a los miembros del gobierno. El 16 de marzo, la oposición boicoteó la votación de este dictamen, que quedó aprobado por 210 votos contra uno.
Sin embargo, la aritmética parlamentaria no lo es todo en democracia. El gobierno perdió, seguidas, las elecciones municipales parciales de abril de aquel año y, después, las convocadas para las vocalías del Tribunal de Garantías. La gota malaya de la oposición obligó a Azaña a dimitir en septiembre de 1933. Pocas semanas después, la derecha arrasaba en las urnas.
¿Cuál es la valoración que cabe hacer de Casas Viejas? Muchos historiadores han destacado, en los últimos años, la inocencia básica de Azaña, sosteniendo que el presidente del gobierno no supo de la existencia de los asesinatos impunes como muy pronto hasta el 19 de marzo. A mi modo de ver, esta interpretación no tiene pase. En democracia, como bien le recordarían una vez a Felipe González hablando del GAL, un presidente del gobierno es culpable tanto de saber, como de no saber. Porque el presi que no sabe que el seno de su administración se abusa la ley es culpable de no saberlo, como lo es quien ordena dicha abusa a sabiendas.
A mi modo de ver, además, en la oscuridad de esta historia queda desdibujada la figura de Arturo Menéndez. Es muy difícil pensar en un director general de Seguridad que da por su cuenta y riesgo una orden tan tajante como evitar la producción de heridos o prisioneros. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que eso es algo que se acabará volviendo contra uno mismo si, finalmente, sale a la luz y verdaderamente no se cuenta con apoyo de arriba. Así pues, me resulta muy difícil de creer que, cuando menos, don Santiago Casares Quiroga no estuviese informado, cuando no fuese el padre de la citada instrucción. Y, nuevamente, me cuesta creer que un ministro del Interior dé una orden así sin tener claro que Manitú la apoya.
Bartolomé Barba, capitán del ejército y destacado militar proalzamiento (fundaría la Unión Militar Española) fue por ahí contando, en esos días, que el día 11 se encontraba de guardia y que escuchó a Azaña decir «ni heridos ni prisioneros; tiros a la barriga». La mayoría de los historiadores se inclinan por pensar que esto fue una invención opositora y que Azaña nunca dio esa instrucción. Muy probablemente, es así. Don Manuel Azaña no es un malo. Es, tan sólo, un mal, bastante más malo de lo que se suele decir, presidente del gobierno.
La República, además, acabó por abrochar con este asunto de Casas Viejas uno de sus esperpentos legales más acendrados. Porque el ya ex director general de Seguridad vio su causa sobreseída en el proceso por los sucesos; proceso en el que el capitán Rojas fue condenado a 21 años de prisión. Quizá por el enfado que se pilló por comerse el marrón él solito, llegada la guerra Rojas se pasó al otro bando y participó en la represión en Granada.
Origen: Historias de España: Casas Viejas
 
Pedro preside el gobierno, es julio de 1936 – Verdades Ofenden
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Cine europa, Madrid

Hagan un ejercicio de imaginación:

Estamos en el verano de 1936. un caluroso día de Julio en el que se confirman que un grupo de militares se han sublevado en la lejana África.

Usted hasta ese momento ha vivido más o menos sobresaltado, dada la turbulenta y explosiva situación política en España desde que se publicaron los resultados de las confusas elecciones de febrero.



Los rumores de pucherazo se han respondido abriendo las cárceles produciéndose cientos de alborotos, asaltos de templos, decenas de huelgas, varias de ellas generales.

En las calles los pistoleros marxistas disparan abiertamente a los perseguidos jóvenes



de Falange, quienes desde 1935 han empezado a responder a los “chibiris” que entrenaba el teniente Castillo y a quienes í tirotearon dándole gloria tras el asesinato del primo de José Antonio.

El asesinato de Alopécico Sotelo como venganza de lo de Castillo y el ruido de sables ha tensado todo mucho más, hasta confirmar lo que está pasando en África.

En cualquier caso, como usted es apolítico y no se mete con nadie, vive en el convencimiento de que más o menos todo es seguro. Hasta que una noche de ese mes caluroso descubre que Madrid de repente se ha transformado en un presidio gigante para quien no apoya la revolución.

-Sin un carnet sindical, o de un partido izquierdista, usted es hombre perecid.

-Si va ud. bien vestido, es también hombre perecid.

-Si tiene dinero, despídase de él y de la vida.

-Si viste sombrero o alguna cruz cristiana, es ud reo de gloria.

Desde el 19 de julio los socialistas, anarquistas, y comunistas, junto con unos 16.000 convictos censados en Madrid y que desde febrero han quedado libres tras la apertura de las cárceles, se han hecho los amos de la ciudad.

Desde ese día empiezan a aparecer cadáveres por todas partes; son los perecid que los rojos llamarán “besugos” haciendo famosa la gracieta en pocos días.



Y una noche, regresando sin miedo a casa, usted, de pronto y en un cruce de una calle, se topa con tres milicianos y se le acaba la vida.

Tiene pinta de facineroso, y le llevan prisionero sin miramientos y a empujones a la checa anarquista del cine Europa.

Es el cine más grande de Madrid, donde solo hace unos meses antes usted estuvo escuchando un mitin de Falange ejerciendo sus libertades políticas, y oyó por primera vez el himno de aquellos chicos tan lleno de esperanza.



Hoy va a ser su presidio, tu mazmorra, su celda de tortura y su final, sin entender siquiera qué narices está pasando.

En aquel cine vio al hipnótico líder derechista, José Antonio Primo de Rivera, que ahora está tan prisionero como usted, solo que en Alicante, para alejarlo de sus vehementes seguidores en cuyas filas no milita.

Llega el turno del juicio. Se enfrenta usted a varios tipos patibularios y en camiseta. El jefe es un hombre del arroyo madrileño, criado en un orfanato. Un delincuente común con fama de ser muy peligroso. Se llama Felipe Sandoval y su vida está en sus manos.

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Tengo entendido que por el mero hecho de no tener callos en las manos los milicianos, en algunos lugares, te daban el paseo, pero no he encontrado información fiable que lo confirme, salvo para otra guerra, la bolchevique en Rusia, que creo que aparece en el libro "Archipiélago Gulag".
 
Tengo entendido que por el mero hecho de no tener callos en las manos los milicianos, en algunos lugares, te daban el paseo, pero no he encontrado información fiable que lo confirme, salvo para otra guerra, la bolchevique en Rusia, que creo que aparece en el libro "Archipiélago Gulag".

Al principio fue así, las pintas de todo el mundo tenían que ser "obreras" o lo pasaban crudo.

Orwell y Bolloten, testigos presenciales en Barcelona y Madrid respectivamente, cuentan bastante fastidiados (ya que eran de izquierdas) cómo cambia después el aspecto de la gente, que en parte vuelve a su indumentaria "burguesa" a raíz de la orden de Stalin de aparentar que la república sigue siendo una democracia liberal, por estrategia internacional.
 
Última edición:
La carta olvidada del «Lenin español» negando a Stalin que la República necesitara más democracia

El conocido como el «Lenin español», cada vez más radicalizado, contestó al dictador ruso que «independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas…»
Seguir(imagen visible para usuarios registrados)César Cervera@C_Cervera_M
Actualizado:09/10/2019 01:19h

Si los meses previos al estallido de la Guerra Civil vieron la adoctrinamiento total de muchos miembros de la Segunda República, el conflicto en sí dio lugar a un auténtico acto de sumisión por parte de los dos bandos hacia dictadores como Hitler y Stalin, lo que equivalía a pactar con el malo. La correspondencia mantenida entre Largo Caballero y Joseph Stalin durante la guerra da cuenta del nivel de complicidad que el líder histórico del PSOE y el genocida ruso llegaron a alcanzar. Cuando Stalin le pidió en diciembre de 1937 un esfuerzo por aparentar cierto parlamentarismo, el conocido como el «Lenin español» negó que fuera ya necesario mantener la farsa entre las fuerzas republicanas, dado que ya «la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas».

Un giro radical

Francisco Largo Caballero, destacado miembro de la escisión comunista del PSOE, ejerció de ministro de Trabajo tras la proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 1931, cargo que mantuvo durante el gobierno del primer bienio presidido por Manuel Azaña. Para muchos sectores comunistas se mostró entonces demasiado moderado e incluso conservador, actuando en su ministerio como el «verdugo máximo de la revolución española».

Como San Pablo al caer del caballo, el socialista se convirtió de golpe en un revolucionario. Según él mismo confesó en el verano de 1933, su «giro bolchevique» se debió a los obstáculos parlamentarios que sufriendo sus reformas sociales, principalmente por parte de los terratenientes y algunos cargos republicanos. Estaba convencido que solo con medidas radicales se podía alcanzar una reforma social del país. En clave electoral, Largo Caballero temió que la adoctrinamiento de las masas proletarias y el desgaste del gobierno derivaran en un giro de los votantes socialistas hacia posturas más extremistas como la CNT y el PCE. Así lo expresó, sin disimulos ese mismo verano:

«Hoy estoy convencido de que realizar obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible; después de la República ya no puede venir más que nuestro régimen».

Tras la caída del Gobierno Azaña, Caballero radicalizó su discurso en defensa de una dictadura del proletariado. Fue durante la campaña electoral de 1933 cuando en los mítines socialistas empezó a ser aclamado como el «Lenin español», un sobrenombre que el negaba pero hacía las delicias de los afiliados socialistas.
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Primer consejo de ministros del gobierno provisional. De izquierda a derecha : Diego Martínez Barrio, Álvaro de Albornoz y Liminiana , Francisco Largo Caballero, Miguel Maura Gamazo, Alejandro Lerroux García , Niceto Alcalá Zamora, Luis Nicolau d’Olwer, Fernando de los Ríos Urruti, Indalecio Prieto Tuero, Marcelino Domingo Sanjuán, Manuel Azaña Díaz y Santiago Casares Quiroga – Alfonso Sánchez García Alfonso

La derrota de la izquierda en 1934 le inclinó definitivamente por la opción insurreccional ante la previsible subida de la CEDA. Su adoctrinamiento le aproximó a los comunistas, junto a los cuales encendió en las sonbras la mecha de Revolución de Octubre de 1934, si bien negó cualquier responsabilidad en aquellos hechos.

La necesidad de parlamentarismo

Con la victoria del Frente Popular en 1936, protagonizó un enfrentamiento público con el también socialista Indalecio Prieto. Cuando Prieto expuso al grupo parlamentario de su partido, presidido por Caballero, el ofrecimiento del presidente Manuel Azaña a la formación de un gobierno encabezado por un socialista, se encontró con el rechazo de sus compañeros de partido. Aparte de la mala relación personal que tenían los dos socialistas, el problema de fondo es que Prieto quería salvar la democracia republicana, mientras que Largo Caballero defendía más bien una dictadura.

El golpe de Estado del 14 de julio de 1936 sorprendió al socialista radical fuera de España. Rápidamente se desplazó a Madrid y exigió el reparto de armas entre los obreros y sindicalistas. Él mismo visitó el frente madrileño vestido de miliciano y armado con un fusil. Las primeras derrotas y el caos de la retaguardia republicana llevaron a la formación de un Gobierno en el que Largo Caballero, en nombre de la UGT, asumió la presidencia y el Ministerio de la Guerra. Con el envío a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) del oro del Banco de España se aseguró el apoyo de Stalin y una línea de comunicación directa con el Kremlin.

(imagen visible para usuarios registrados)Fotografía de Stalin

En diciembre de 1936, Stalin, Molotov y Voroshilov enviaron una serie de cartas a Largo Caballero tratando de dictar la política que debían seguir los republicanos de puertas para dentro:

«La revolución española traza su propio camino, distinto en muchos aspectos del seguido por Rusia. Esto obedece no solo a las distintas condiciones sociales, históricas y geográficas, y a las necesidades de la situación internacional… Es muy posible que la vía parlamentaria resulte ser un medio más eficaz de desarrollo revolucionario que en Rusia… No se debe rechazar a los dirigentes republicanos sino que, por el contrario, hay que atraerlos y acercarlos más al gobierno. Sobre todo, es necesario asegurar el apoyo de Azaña y su grupo al gobierno y hacer todo lo posible por vencer sus vacilaciones. Esto es necesario para evitar que los enemigos de España la consideren una República comunista e impedir así su intervención abierta, que constituye el mayor peligro para la España Republicana»

Stalin, ¿el demócrata?

En resumen, Stalin pedía a Largo Caballero que mantuviera la «vía parlamentaria» y el apoyo del resto de grupos republicanos para que, al menos en apariencia, el país no pareciera encaminada a una República comunista, lo que podía acabar forzando a naciones no facinerosos, como Inglaterra o Francia, a intervenir en la Guerra Civil con tal de evitar un satélite comunista en Europa Occidental. El 12 de enero de 1937 Largo Caballero contestó por carta a Stalin, uno de los bolcheviques que disolvieron la Asamblea Constituyente rusa y que estaba a punto de hacer una nueva purga en su partido, el porqué carecía de sentido apostar por más democracia, aunque fuera de reaccionarioda, en ese momento del conflicto:

«Tiene razón al señalar que existen diferencias apreciables entre el desarrollo de la Revolución rusa y la nuestra. De hecho, como ustedes mismos indican, las circunstancias son diferentes… Pero en respuesta a su alusión [al método parlamentario] conviene puntualizar que, independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas… Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha… Lo que ocurre es que ellos mismos apenas hacen nada para afirmar su propia personalidad política».

«Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha»
La huida de las autoridades republicanas a Valencia, cuando parecía inevitable la caída de Madrid, y la pérdida de Málaga en febrero de 1937 llevaron a grandes sectores republicanos y a los agentes soviéticos a dar la espalda al presidente. Desencantado con los comunistas, Largo Caballero presentó el 13 de mayo de 1937 su dimisión a Azaña.

Durante el resto de la guerra llevó una vida retirada en Madrid, Valencia y Barcelona, solo interrumpida por varios choques con las nuevas autoridades republicanas. Pasó los últimos meses de la guerra en Barcelona, sin dejar de mostrar su descontento hacia el gobierno de zainín.
 
La guerra civil fue entre unos pocos totalitarios facinerosos y comunistas que arrastraron al resto del país.
Fue una guerra terrible y hubiera durado la mitad si no fuese por cómo somos los españoles.
 
La carta olvidada del «Lenin español» negando a Stalin que la República necesitara más democracia

El conocido como el «Lenin español», cada vez más radicalizado, contestó al dictador ruso que «independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas…»
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Actualizado:09/10/2019 01:19h

Si los meses previos al estallido de la Guerra Civil vieron la adoctrinamiento total de muchos miembros de la Segunda República, el conflicto en sí dio lugar a un auténtico acto de sumisión por parte de los dos bandos hacia dictadores como Hitler y Stalin, lo que equivalía a pactar con el malo. La correspondencia mantenida entre Largo Caballero y Joseph Stalin durante la guerra da cuenta del nivel de complicidad que el líder histórico del PSOE y el genocida ruso llegaron a alcanzar. Cuando Stalin le pidió en diciembre de 1937 un esfuerzo por aparentar cierto parlamentarismo, el conocido como el «Lenin español» negó que fuera ya necesario mantener la farsa entre las fuerzas republicanas, dado que ya «la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas».

Un giro radical

Francisco Largo Caballero, destacado miembro de la escisión comunista del PSOE, ejerció de ministro de Trabajo tras la proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 1931, cargo que mantuvo durante el gobierno del primer bienio presidido por Manuel Azaña. Para muchos sectores comunistas se mostró entonces demasiado moderado e incluso conservador, actuando en su ministerio como el «verdugo máximo de la revolución española».

Como San Pablo al caer del caballo, el socialista se convirtió de golpe en un revolucionario. Según él mismo confesó en el verano de 1933, su «giro bolchevique» se debió a los obstáculos parlamentarios que sufriendo sus reformas sociales, principalmente por parte de los terratenientes y algunos cargos republicanos. Estaba convencido que solo con medidas radicales se podía alcanzar una reforma social del país. En clave electoral, Largo Caballero temió que la adoctrinamiento de las masas proletarias y el desgaste del gobierno derivaran en un giro de los votantes socialistas hacia posturas más extremistas como la CNT y el PCE. Así lo expresó, sin disimulos ese mismo verano:

«Hoy estoy convencido de que realizar obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible; después de la República ya no puede venir más que nuestro régimen».

Tras la caída del Gobierno Azaña, Caballero radicalizó su discurso en defensa de una dictadura del proletariado. Fue durante la campaña electoral de 1933 cuando en los mítines socialistas empezó a ser aclamado como el «Lenin español», un sobrenombre que el negaba pero hacía las delicias de los afiliados socialistas.
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Primer consejo de ministros del gobierno provisional. De izquierda a derecha : Diego Martínez Barrio, Álvaro de Albornoz y Liminiana , Francisco Largo Caballero, Miguel Maura Gamazo, Alejandro Lerroux García , Niceto Alcalá Zamora, Luis Nicolau d’Olwer, Fernando de los Ríos Urruti, Indalecio Prieto Tuero, Marcelino Domingo Sanjuán, Manuel Azaña Díaz y Santiago Casares Quiroga – Alfonso Sánchez García Alfonso

La derrota de la izquierda en 1934 le inclinó definitivamente por la opción insurreccional ante la previsible subida de la CEDA. Su adoctrinamiento le aproximó a los comunistas, junto a los cuales encendió en las sonbras la mecha de Revolución de Octubre de 1934, si bien negó cualquier responsabilidad en aquellos hechos.

La necesidad de parlamentarismo

Con la victoria del Frente Popular en 1936, protagonizó un enfrentamiento público con el también socialista Indalecio Prieto. Cuando Prieto expuso al grupo parlamentario de su partido, presidido por Caballero, el ofrecimiento del presidente Manuel Azaña a la formación de un gobierno encabezado por un socialista, se encontró con el rechazo de sus compañeros de partido. Aparte de la mala relación personal que tenían los dos socialistas, el problema de fondo es que Prieto quería salvar la democracia republicana, mientras que Largo Caballero defendía más bien una dictadura.

El golpe de Estado del 14 de julio de 1936 sorprendió al socialista radical fuera de España. Rápidamente se desplazó a Madrid y exigió el reparto de armas entre los obreros y sindicalistas. Él mismo visitó el frente madrileño vestido de miliciano y armado con un fusil. Las primeras derrotas y el caos de la retaguardia republicana llevaron a la formación de un Gobierno en el que Largo Caballero, en nombre de la UGT, asumió la presidencia y el Ministerio de la Guerra. Con el envío a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) del oro del Banco de España se aseguró el apoyo de Stalin y una línea de comunicación directa con el Kremlin.

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En diciembre de 1936, Stalin, Molotov y Voroshilov enviaron una serie de cartas a Largo Caballero tratando de dictar la política que debían seguir los republicanos de puertas para dentro:

«La revolución española traza su propio camino, distinto en muchos aspectos del seguido por Rusia. Esto obedece no solo a las distintas condiciones sociales, históricas y geográficas, y a las necesidades de la situación internacional… Es muy posible que la vía parlamentaria resulte ser un medio más eficaz de desarrollo revolucionario que en Rusia… No se debe rechazar a los dirigentes republicanos sino que, por el contrario, hay que atraerlos y acercarlos más al gobierno. Sobre todo, es necesario asegurar el apoyo de Azaña y su grupo al gobierno y hacer todo lo posible por vencer sus vacilaciones. Esto es necesario para evitar que los enemigos de España la consideren una República comunista e impedir así su intervención abierta, que constituye el mayor peligro para la España Republicana»

Stalin, ¿el demócrata?

En resumen, Stalin pedía a Largo Caballero que mantuviera la «vía parlamentaria» y el apoyo del resto de grupos republicanos para que, al menos en apariencia, el país no pareciera encaminada a una República comunista, lo que podía acabar forzando a naciones no facinerosos, como Inglaterra o Francia, a intervenir en la Guerra Civil con tal de evitar un satélite comunista en Europa Occidental. El 12 de enero de 1937 Largo Caballero contestó por carta a Stalin, uno de los bolcheviques que disolvieron la Asamblea Constituyente rusa y que estaba a punto de hacer una nueva purga en su partido, el porqué carecía de sentido apostar por más democracia, aunque fuera de reaccionarioda, en ese momento del conflicto:

«Tiene razón al señalar que existen diferencias apreciables entre el desarrollo de la Revolución rusa y la nuestra. De hecho, como ustedes mismos indican, las circunstancias son diferentes… Pero en respuesta a su alusión [al método parlamentario] conviene puntualizar que, independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas… Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha… Lo que ocurre es que ellos mismos apenas hacen nada para afirmar su propia personalidad política».

«Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha»
La huida de las autoridades republicanas a Valencia, cuando parecía inevitable la caída de Madrid, y la pérdida de Málaga en febrero de 1937 llevaron a grandes sectores republicanos y a los agentes soviéticos a dar la espalda al presidente. Desencantado con los comunistas, Largo Caballero presentó el 13 de mayo de 1937 su dimisión a Azaña.

Durante el resto de la guerra llevó una vida retirada en Madrid, Valencia y Barcelona, solo interrumpida por varios choques con las nuevas autoridades republicanas. Pasó los últimos meses de la guerra en Barcelona, sin dejar de mostrar su descontento hacia el gobierno de zainín.

Sería interesante disponer del texto completo; los fragmentos muestran un sometimiento casi perruno, sin querer enfrentarse directamente a las "sugerencias" de Stalin, pero manifestando una servidumbre con frases como "Estoy absolutamente de acuerdo con Vds." o "Tiene razón al ...".
 
Están soltando ahora mismo en La2 la peli "La gloria de Stalin (2017)", una visión surrealista de los hechos, pero la realidad supera la ficción, aún más surrealista, como se demostró en "Archipiélago Gulag".

Y ese pavor que sufrieron en Rusia tantas décadas era lo que querían algunos para España.







Y lo peor, que todavía hay quien quiere esa pesadilla ahora, para todos.
 
Esquerra republicana y la ciencia

Lluís Companys persiguió a los científicos que no pensasen como él.
A manos de auténticos rufianes algunos fueron depurados y otros asesinados.


Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC
2019-12-08


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Companys en 1934 proclamando el Estado catalán | Cordon Press
Está de moda alardear de promotor de la ciencia, algo que le pasa mucho a los autodenominados pogre. Todos deseamos el pogre, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera, y hemos dejado que se adueñen del término quienes tienen un pasado y quizás un presente muy pero que muy poco aceptable en relación con la ciencia, teórica motora del pogre bien entendido.
Y esto, hay que reconocerlo, tiene relación directa con quienes ahora flirtean con nuestros dirigentes en funciones, otros que tal bailan. Sí porque cuando en la Comunidad Autónoma Catalana (CAC) estaba al frente Lluís Companys se desató una clara persecución contra científicos que no pensasen como él. A manos de auténticos rufianes algunos fueron depurados y otros asesinados. La historia indica además que Pere Bosch Gimpera, prehistoriador y conseller de Justicia del 29 de junio de 1937 a abril de 1939, tuvo mucho que ver.

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Pere Bosch Gimpera

Entre los depurados estuvieron personajes como Tomás Carreras Artau (1879-1954) que fundó en 1923 la Sociedad Catalana de Filosofía y fue fruta autonómico por la Lliga Regionalista en 1932 e impulsó decididamente la descentralización de la investigación española fundando la Delegación Catalana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que conmemora ahora su 80 aniversario. Artau llegó a ser catedrático de ética en la Universidad de Barcelona desde 1912 hasta 1949. Creó el Archivo de Etnografía y Folklore de la CAC. Además, fue miembro de la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona. Junto con Jaume Serra i Húnter y Ramon Turró i Darder, fundó en el año 1923 la Sociedad Catalana de Filosofía, filial del Instituto de Estudios Catalanes. Junto con su hermano Joaquín Carreras Artau, obtuvo el premio de la Asociación Española para el Pogre de las Ciencias, por la publicación entre 1939 y 1943 de la Historia de la Filosofía Española. Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV. En 1946 se convirtió en el primer presidente del Instituto de Estudios Gerundenses y redactor de los Anales del Instituto de Estudios Gerundenses. Pero Artau no fue el único en ser depurado.


Otro ejemplo de depuración llevada a cabo por los autodenominados pogre fue el físico Esteban Terradas (1883-1950). Huérfano de padre a temprana edad fue ayudado por una de esas personas que los ateos, laicistas y materialistas de Esquerra Republicana consideran execrables: su tío José, sacerdote, que le envió a estudiar a Alemania, a Charlottenburg (Berlín). Gracias a la intervención de ese “enemigo de la ciencia”, Esteban volvió a España con trece años y cursó en dos todas las asignaturas del bachillerato, tras lo cual ingresó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona, ciudad en la que había nacido. Con 20 añitos acabó la licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas y se puso a estudiar la carrera de Ingeniero Industrial. Al acabar se trasladó a Madrid para realizar dos doctorados, uno en Físicas y otro en Ciencias Exactas, sacándolos el mismo día de 1905. Acabó en 1909 sus estudios de ingeniero en Madrid. Las “malas influencias” de su tío cura le llevaron además a dominar el alemán, inglés, francés, italiano e incluso ruso. En 1909 fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, donde leyó su trabajo “Emisión de radiaciones por cuerpos fijos o en movimiento”. En 1910 fue elegido presidente de la Sociedad Astronómica de Barcelona y en 1911 fundó la sección de ciencias del Instituto de Estudios Catalanes.

En plena monarquía parlamentaria de Alfonso XIII, obtuvo la cátedra de Mecánica Racional en la Universidad de Zaragoza y la de Acústica y Óptica en la Universidad de Barcelona, la única cátedra de Física superior que había en esa Universidad. Terradas se presentó a ambas y ambas consiguió. Aún no había cumplido los 23 años. Fue director fundador del Instituto de Electricidad y Mecánica Aplicada desde 1917 hasta 1924. Puso en marcha la Red de Ferrocarriles Secundarios de Cataluña (1918-1924). En 1924 se incorporó a la compañía norteamericana ITT, que consiguió el monopolio telefónico en España y creó la Compañía Telefónica Nacional de España, de la que Terradas fue director fundador de la misma en el periodo 1929-1930.

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Esteban Terradas i Illa

En 1923, fue uno de los anfitriones, en Barcelona, de la visita que realizó a España Albert Einstein. El físico alemán le definió como “uno de los cinco hombres más inteligentes que conozco y uno de los pocos que puede comprender hoy en día la Teoría de la relatividad”. Fue uno de los principales valedores en España de la mecánica cuántica. Terradas se ocupó de ella y de divulgarla mediante comunicaciones a congresos, la edición de libros, impartiendo clases, dando conferencias, organizando encuentros científicos, etc. Siendo miembro de la Universidad de Barcelona se trasladó a Argentina donde pasó la Guerra Civil, tras ser purgado por Companys y Bosch Gimpera. En 1940 el físico Julio Palacios hizo una visita cultural a Suramérica con el fin de conseguir que el matemático Rey Pastor y Esteban Terradas pasaran a formar parte del claustro de la Universidad de Madrid. Al barcelonés se le concedió la cátedra de Física-Matemática de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid. Terradas tuvo mucho que ver en los primeros pasos institucionales y profesionales de la aeronáutica española a través de la Escuela Superior Aerotécnica y del Instituto Nacional de Tecnología Aeronáutica (INTA). Dio clases en la Escuela Superior de Aerotecnia fundada por el científico católico republicano –que no partidario del Frente Popular– Emilio Herrera. Terradas fomentó las visitas de prestigiosas personalidades internacionales al INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeronáutica, palabra que se cambió por Aeroespacial en 1963) creado en 1942 y del que él fue patronato presidente.

En 1944 fue elegido académico de la Real Academia Española. A lo largo de su vida obtuvo el doctorado Honoris Causa de las Universidades de Buenos Aires, Santiago de Chile y de Toulouse. El Asteroide 2399 (1971 MA), que forma parte del cinturón de asteroides que hay entre las órbitas de Marte y de Júpiter, fue descubierto en 1971 por C. U. Cesco y nombrado Terradas en memoria de este científico español. De él se dijo que era “uno de los 6 primeros cerebros mundiales de su tiempo”. Sería también presidente del Instituto Nacional de Electrónica (dependiente del CSIC), Presidente del Consejo de Administración de la Central Térmica de Ponferrada (que pertenecía a la Empresa Nacional de Electricidad) y de la Junta de Energía Nuclear (aunque casi no pudo ejercer este último cargo por su fallecimiento en 1950). Guillermo Rovirosa fue discípulo destacado en el equipo de investigación de Esteban Terradas, fundador de las HOAC (Hermandades Obreras de Acción Católica).

Pero también hubo científicos asesinados cuando los destinos de la Comunidad Autónoma Catalana eran regidos por Esquerra Republicana. Uno de ellos fue Ramon Casamada Mauri (Terrassa, 1874 – Barcelona, 1936). Era decano de la Facultad de Farmacia y catedrático de Técnica Física y Análisis Químico, además de Miembro de la Real Academia de la Ciencia, las Artes y la Medicina. Fue vicepresidente del Ateneo Barcelonés de 1926 al 1928. Destituido de su cargo por el comisario-rector de la Universidad de Barcelona, el tristemente famoso Pere Bosch-Gimpera, desapareció en octubre de 1936 a manos de milicianos y fue asesinado. La misma suerte corrieron Salvador Tayá y Filella (Barcelona 1882- 1936), catedrático y secretario en la Facultad de Farmacia de Barcelona; Antoni Guardia y Uberna (Barcelona 1896), médico especialista en patología médica, presidente de “Laboratorios Fher” o Francesc Xavier Palomas i Bons, doctor en Farmacia, profesor auxiliar interino en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona y autor de numerosas obras sobre farmacia.

Menéndez Pelayo se cansó de pedir un solo nombre de científico ajusticiado por la Inquisición Española, sin que hasta ahora tal pregunta haya llegado a ser contestada. Acabar con a cuatro científicos supone por tanto cuadruplicar en un período de tiempo inferior a cuatro años lo que aquella no hizo en casi cuatro siglos de existencia.

ERC y las ideologías que confluyeron en el Frente Popular fueron las mismas que levantaron el Muro de Berlín o que desencadenaron el Holodomor, a consecuencia de las políticas de Stalin (cuyo retrato fue colgado por el PSUC de la reaccionarioda del Hotel Colon de Barcelona). Ambas efemérides se conmemoraron este noviembre de 2019. Vaya desde aquí nuestro homenaje a todos ellos.
que fina ironía gasta el perrolisto
 


Con pistola al cinto, por si le llevan la contraria.


¿No fue esta la que mantuvo una fruta con otra fruta, acerca del voto femenino, que el pzoe se negaba a reconocer, y esta fruta votó "No" al derecho de sufragio femenino?
 
(imagen visible para usuarios registrados) El Papa Francisco promulgó el decreto de martirio el 12 de dicembre
Reconocido el martirio de la Hermana Isabel Sánchez Romero: querían obligarla a blasfemar, pero ella respondió con jaculatorias

La hermana Isabel fue arrestada en febrero de 1937, en la cárcel fue insultada y golpeada por los milicianos republicanos. Querían obligarla a blasfemar, pero ella respondió con jaculatorias.

14/12/19 3:12 PM

(ACI/InfoCatólica) La Hermana Isabel Sánchez Romero, de 76 años, fue asesinada por repruebo a la fe durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Los milicianos querían obligarla a blasfemar, pero ella respondió con jaculatorias y fue asesinada con una piedra.
El pasado 12 de diciembre el Papa Francisco promulgó el decreto de martirio de la religiosa española Isabel Sánchez Romero, monja profesa de la orden de Santo Domingo, que fue asesinada cuando tenía 76 años por repruebo a la fe en 1937.
Esta religiosa nació en 1860, en Huéscar, Granada (España), cuando tenía 17 años entró en el monasterio de las Hermanas Dominicas y tomó el nombre de Ascensión de San José.
Según destaca VaticanNews la religiosa era «obediente, silenciosa, trabajadora y humilde. Y aunque sufría una enfermedad rara que cubría su cuerpo con llagas, nadie la escuchó lamentarse».
Comenzó la persecución religiosa en España y posteriormente estalló la guerra Civil el 15 de julio de 1936.
La hermana Isabel fue arrestada en febrero de 1937, cuando tenía 76 años. A pesar de su avanzada edad en la cárcel fue insultada y golpeada por los milicianos republicanos. Querían obligarla a blasfemar, pero ella respondió con jaculatorias, por eso la arrestaron.
Querían hacerla subir a una camioneta para ser transportada, junto con otros detenidos, al cementerio para ser cancelados, pero por su edad ella no podía subir y por eso los milicianos la levantaron y la arrojaron dentro de la camioneta con violencia.
Una vez en el cementerio, la religiosa vio cómo asesinaban a su sobrino Florencio, pero ella rezó hasta el final.
Ella no fue cancelada, sino que los milicianos pusieron su cabeza sobre una piedra y con otra le golpearon el cráneo.
El reconocimiento del martirio de esta religiosa se promulgó el mismo día, 12 de diciembre, que el de otros 26 mártires españoles, 1 beata italiana y el reconocimiento de las virtudes heroicas de 6 siervos de Dios.
 

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