Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

Eso de los 'documentos desclasificados' me parece innecesario. Los asesinatos perpetrados durante la guerra 36-39 son del dominio público. No hay nada que 'desclasificar'. Hay que decir, por cierto, que la gran mayoría de los responsables fueron cancelados, con o sin juicio previo.
 
una confusion entre banderas rojizainas en los primeros dias

Yo he llegado a escuchar un recuerdo de un testigo directo, uno de los jonsistas que escapó corriendo por los campos crecidos de trigo. Fue el propio Onésimo quien, subido al estribo del coche, saludó –brazo en alto– a los milicianos anarquistas: ¡Salud, camaradas, soy Onésimo Redondo...!
Los anarquistas, sorprendidos, tardaron largos segundos en reaccionar...
 
fascismo y VIOLENCIA SENSUAL durante la guerra de España
(imagen visible para usuarios registrados)En la primera fase de la guerra, desde el golpe de julio de 1936 hasta noviembre del mismo año, con la estabilización de los frentes, la abusa sistemática siguió la estela de avance de las tropas facinerosos. Las mujeres son objetivo prioritario de las fuerzas militares en su ataque a objetivos civiles. Toda sociedad se vertebra entorno a sus mujeres, como sostenedoras del hogar y de la economía de bajo alcance y son la reserva reproductiva. Además, en toda sociedad patriarcal, las mujeres son las depositarias del honor de la casa y de la sociedad, y dañarlas a ellas es mostrar que sus hombres no son capaces de protegerlas.
Las abusa en tiempo de guerra sirven a los agresores de diferentes formas, son baratas, terroríficas, dañan a esta generación y la posterior, dañan la imagen de la sociedad que las recibe, marca para siempre a las víctimas. El General Mola estaba preocupado y asustado, pero sus compañeros carlistas, militares y religiosos, terratenientes y notables navarros, lo tranquilizaron. El golpe estaba diseñado para desencadenar una oleada de terror que «paralizará las fuerzas republicanas e impidiera una respuesta adecuada». La ofensiva militar llevada a cabo contra la población civil por las tropas sublevadas durante la Guerra Civil utilizó la abusa como arma de guerra, con un cariz de terror y de dominación muy concreto, desencadenado y fomentado por la oficialidad para conseguir sus objetivos.
Según entraban las tropas franquistas en pueblos y ciudades, muchas mujeres eran forzad dentro del frenesí de destrucción y asesinadas con posterioridad. Eran habituales las abusa en grupo y las de menores, hechos característicos de la guerra colonial que el ejército de África importó a España desde Jovenlandia. Después de los abusos las mujeres forzad solían ser asesinadas. Las que no eran exterminadas eran sometidas a escarnio, humillación y vejación. Se las rapaba, las obligaban a beber aceite de ricino, y las «paseaban» mientras padecían diarreas por las principales calles de las poblaciones, en ocasiones acompañadas por la banda de música del pueblo, y a veces les ponían una banderita roja colgada de un pequeño mechón en la frente o en la nuca.
Los falangistas actuaban como tropa de retaguardia. Llegaban una vez que los combates habían finalizado o a lugares donde ni siquiera se habían producido. De entrada, llevaban a cabo una gran variedad de acciones humillantes contra las republicanas, rapas, ricino, brutales caricia. Estas mujeres, esposas de cancelados o huidos, votantes de izquierda, o sospechosas de cualquier excusa, eran obligadas a trabajar en los cuarteles y campamentos, donde las obligaban a limpiar, cocinar, eran forzad, y en muchos casos asesinadas. En otras localidades, como ocurrió en algunos pueblos andaluces, las recientes viudas eran llevadas en un camión a un paraje en donde eran forzad, canceladas y enterradas. Después y como colofón de tan macabro modus operandi, sus malos desfilaban con su ropa interior en los fusiles, así ocurrió en el Aguaucho, en Fuentes de Andalucía.
Sin embargo, en la zona republicana no se dieron estos extremos, lo que no sorprende si se tiene en cuenta que el respeto hacia la mujer era uno de los pilares del programa reformista de la República.
 
Eso de los 'documentos desclasificados' me parece innecesario. Los asesinatos perpetrados durante la guerra 36-39 son del dominio público. No hay nada que 'desclasificar'. Hay que decir, por cierto, que la gran mayoría de los responsables fueron cancelados, con o sin juicio previo.
Sí, se actuó contra quienes se habían significado y así respondían los verdaderos responsables.
 
Los campos de concentración republicanos, la continuación de las sacas de ParacuellosJuan E. Pflüger/ 04 septiembre, 2017

(mensaje citado en revisión)
Otro de los logros de la propaganda del buenismo político de la izquierda es la de hacer creer que los primeros campos de concentración construídos en España datan de la inmediata posguerra y fueron una creación de los vencedores para someter a los vencidos. Sin embargo, esto no es sino otra de esas mentiras que la izquierda “intelectual” y política ha repetido miles de veces hasta convertirla en una realidad incuestionable para la mayoría de los españoles.

La verdad es muy diferente a esta historia edulcorada que nos han contado. Los campos de concentración, en el marco de la Guerra Civil, nacen en la zona republicana en diciembre de 1936. La Gaceta de la República recoge, el 27 de diciembre de 1936, un decreto de la Presidencia del Consejo e Ministros, firmada por el presidente de la República, Manuel Azaña, y el presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, en el que se recoge la creación de “campos de trabajo para los condenados”.

El texto del decreto explica que la creación de estos centros de trabajos forzados surgen por la gran cantidad de presos condenados por los Tribunales Especiales Populares y por los Jurados de Urgencia. Estos órganos judiciales se encargaban de condenar a todas aquellas personas consideradas como desafectas a la causa republicana y por lo tantoeran condenados por el mero hecho de pensar diferente a los sindicatos y partidos que formaban parte del Frente Popular.
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El mismo decreto reconoce que la gran cantidad de sentencias dictadas había hecho que se saturasen los centros penitenciarios. Además, tras varias semanas de sacas de prisioneros en Madrid, Barcelona o Valencia, los organismos internacionales habían presentado sus quejas por matanzas como las de Paracuellos, donde entre el 7 de noviembre y la primera semana de diciembre habían sido asesinados entre seis y ocho mil personas por ser desafectos a la causa republicana.
Estos campos de concentración se crearon, como señala el decreto, para internar a los “condenados por desafección al régimen”, es decir, para condenar a trabajos forzados a todas aquellas personas que no pensaban como los partidos miembros del Frente Popular. Esta medida se toma en el bando que la historiografía pogre insiste en calificar como el que defendió la democracia frente al totalitarismo. Por eso oculta sistemáticamente informaciones como esta, en la que queda claro el carácter soviético de sus medidas que se pueden calificar de cualquier manera menos democráticas.
Los internos en estos campos de concentración fueron obligados a realizar trabajos forzados, con unos índices de mortalidad que, como en el caso de Albatera (Alicante),superaban el 20% de los reclusos allí ingresados.

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Para la gestión de estos campos de concentración se creó un patronato, dominado por los partidos y sindicatos izquierdistas, los mismos que en la retaguardia republicana estaban cometiendo los más terribles crímenes en las checas y las matanzas sistemáticas para reducir el número de presos que pudieran sumarse a una inexistente quinta columna.
Así, en ese patronato, junto al ministro de Justicia y el director general de prisiones, se encontraban dos miembros del sindicato anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo), dos de la socialista UGT (Unión General de Trabajadores), un representante del Partido Comunista, otro del PSOE, otro de Izquierda Republicana y otro de Unión Republicana.

Del mismo modo, se creaba una guardia específica en estos campos de concentración en la que solamente podrían ingresar miembros de las milicias de los partidos anteriormente citados. Es decir, los mismos que durante los meses anteriores se habían dedicado a la detención, tortura y asesinato de cuanto derechista o católico encontraba a su paso.
Además, se dotaba un presupuesto para la construcción de estos campos de concentración. El primero en ser construído e inaugurado fue el ya citado de Albatera, en Alicante, con capacidad para entre 3.000 y 4.000 internos. Se inauguró en octubre de 1937 con la presencia de importantes personalidades republicanas: gobernador civil, inspector de prisiones, alcaldes de la zona y dirigentes socialistas, comunistas y anarquistas.
Según la documentación que obra en el Archivo General de la Administración (AGA), se construyeron siete campos de concentración en el territorio controlado por el Frente Popular. Complementaba la capacidad de las prisiones convencionales, las checas, los buques prisión y los centros incautados a los partidos políticos de derechas y a la Iglesia que fueron convertidos en cárceles. Solamente cuatro de ellos llegaron a entrar en funcinonamiento. El denominado Campo de Trabajo n.º 1 de Albatera (Alicante), del que ya hemos hablado; el Campo de Trabajo n.º 2 en Hospitalet de l’Infant (Tarragona); el Campo de Trabajo n.º 3 en Alcalá de Henares (Madrid), que se acondicionó en un centro de reclusión para vagos y maleantes creado por Azaña en 1933; y el Campo de Trabajo n.º 4 en Concabella (Barcelona).

En total tenían una capacidad para veinte mil internos. Pero por ellos pasaron muchos más porque los índices de mortalidad se situaban en una media que superaba el 25%. Estas gloria se debieron a tres causas principalmente: desnutrición, malos tratos y asesinatos camuflados como fugas.
Es muy significativo el hecho de que estos campos de trabajo, que supuestamente debían albergar a los condenados por los Tribunales Especiales Populares y los Jurados de Urgencia, acabaron por ser el lugar al que eran trasladados los presos desde las cárceles de partidos políticos de izquierdas (checas) y desde las prisiones locales improvisadas. La mayoría de estos presos no habían sido condenados, pero eran enviados a estos centros para que allí fueran asesinados o muriesen por desnutrición o enfermedades.

La mayoría de estos campos fueron reutilizados por el franquismo tras la Guerra Civil dándoles el uso de prisión para quienes habían participado en la guerra en el otro bando. Es decir, el mismo que había dado el Frente Popular, sin embargo, han corrido ríos de tinta sobre el uso que se hizo tras la guerra, pero se ha silenciado que fueron construídos y puestos en funcionamiento por los republicanos, también que su uso fue el de campo de concentración y, en muchos casos, de exterminio.

Mi agradecimiento al periodista e historiador Pedro Fernández Barbadillo por la información suministrada para la elaboración de este artículo.
 
LA FIESTA EN HUESCA NO APLAZÓ LOS FUSILAMIENTOS EN LAS TAPIAS DEL CEMENTERIO EN AGOSTO DE 1940

Cuando la ciudad de Huesca despertó a las 8:00 h de la mañana del miércoles 14 de agosto de 1940 con la diana que anunciaba el comienzo del penúltimo día de sus fiestas patronales, veintiocho personas habían sido canceladas en las tapias del cementerio. El día anterior, otras siete fueron pasadas por las armas.

Los camiones de la gloria enfilaban la carretera de Zaragoza antes de las 5:00 h de la mañana, cuando los presos que permanecían en capilla eran cargados de dos en dos, sujetos con grilletes por las muñecas, para emprender el breve y último viaje. A las 5:00 h en punto sonaba la atronadora voz de un jefe de la Guardia Civil: ¡Fuego! Al momento el tiro de gracia y todo había terminado. El forense ejercía de notario macabro constatando que el pulso del reo se había parado a la hora convenida por la autoridad.

Los consejos de guerra dictaban sentencias de gloria con la arbitrariedad irreversible que les otorgaba a los vencedores aplicar una justicia que era venganza ciega. El coronel Juan Fabrat de Val firmó en Huesca más de cincuenta condenas a la última pena de las más de doscientas que llevaron a otros tantos penados ante el pelotón de ejecución.

Los veintiocho asesinados el 14 de agosto -naturales de Peralta de Alcofea, Torres de Alcanadre, Binaced…- quedaron enterrados en el cuadro 16 del cementerio, a continuación de sus compañeros abatidos el día anterior, doce de ellos en la fosa número 65, los otros dieciséis en la fosa número 66.

En el cementerio de Huesca, con todo, nada recuerda a estos hombres que no tuvieron ninguna oportunidad de defensa ante el tribunal militar que los había juzgado y condenado incluso antes de constituirse. El Ayuntamiento está sordo ante la exigencia reiterada de materializar una ruta de la memoria que identifique a las víctimas y revele donde yacen sus restos. Una indignidad sobre otra en tiempos de una memoria histórica que no lo es.

Estos son sus nombres:

Cancelados el 13 de agosto de 1940:
- BUIL PÉREZ, Jorge
- CARDONA PALACIO, Gregorio
- CONS SESÉ, José
- FORNIÉS URGELÉS, José
- GRACIA PALACIO, Andrés
- MONCLÚS SALAS, Isidoro
- MUZÁS SUBÍAS, José

Cancelados el 14 de agosto de 1940:
- ABENOZA ORÁN, Martín
- ARAZO GRACIA, Félix
- BALDELLOU BARINGO, Joaquín Jacinto
- BORDAS BERDALA, Benito
- CAMPO MUZÁS, Casimiro
- CARRERA GAVÍN, José
- CEBOLLERO CHAVARRÍA, Miguel
- CLEMENTE PUYUELO, José
- GAMBAU ESCUDERO, Valentín
- GRACIA RIVAS, Benjamín
- GUIRAL CÁNCER, Juan Antonio Francisco
- GUTIÉRREZ COLÁS, Leonardo
- LAFARGA SALAS, Miguel
- LAPUENTE SANZ, Pascual
- LLEIDA GRACIA, Joaquín
- LÓPEZ JORDÁN, Ángel
- LORIENTE SABAN, Mariano
- […] HERVERA, José
- MUR GONZALVO, Ángel
- PALACIOS SEMOLUÉ, José
- PANO ALOPÉCICO, Doroteo
- PUEYO BASTARRAS, Helios Santos
- RALUY BORRÁS, Ramón
- RIBAS PISA, Esteban
- ROYO CAMARASA, Demetrio
- SALANOVA SANCHO, Mariano Victoriano
- VILLACAMPA MANCHO, Antonio
- VILLANOVA ZAPATER, Ramiro

Más información en el libro «Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca, 1936-1945)». PVP: 25 €
Autores: Víctor Pardo Lancina y Raúl Mateo Otal.
De venta en librerías de Huesca, Zaragoza y Teruel.
En Barcelona:
Centro Aragonés. Carrer de Joaquín Costa, 68, 08001 Barcelona. Teléfono: [dato personal]
Librería La Rosa de Foc, Carrer de Joaquín Costa, 34, 08001 Barcelona. Teléfono [dato personal]
A través de la web: La Librería de Cazarabet, Calle Santa Lucía 53, 44564 Mas de las Matas (Teruel)
librerí[dato personal] Tel. [dato personal] – [dato personal]
Distribuye: Ícaro Distribuidora. Tel. [dato personal]
ISBN: Obra completa 978-84-617-6317-7 (1448 páginas)
ISBN: 1º Tomo: 978-84-617-6323-8 (776 páginas)
ISBN: 2º Tomo: 978-84-617-6324-5 (672 páginas)
 
SOCIEDADMemoria del Preventorio de Guadarrama: "Era un campo de concentración para niñas en el franquismo"

MEMORIA HISTÓRICA+
El Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama (Madrid) fue uno de los centros que la dictadura franquista puso en marcha como sanatorios antituberculosos
Victoria Madrera Pareja, interna con 13 años, recuerda "una cárcel" donde las niñas sufrían múltiples vejaciones
Los testimonios de las víctimas de los preventorios forman parte de la Querella Argentina y describen violencia sistemática y alimentación en mal estado


(imagen visible para usuarios registrados)Victoria –segunda por la derecha– en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.
Por Juan Miguel Baquero13 ago 2019 21:04

El Preventorio de Guadarrama "era un campo de concentración para niñas en el franquismo", dice Victoria Madrera Pareja. Ella tenía 13 años cuando penó seis meses en el centro ubicado en la sierra de Madrid. Le dijeron que ahí estaría protegida contra enfermedades como la tuberculosis infantil. Pero muchas internas describen la estancia como "una cárcel" como "venganza" contra los derrotados en la guerra.

"Le dicen Guadarrama, pero esto es Guardamarrana, porque sois piaras", escupía una monja a las niñas, según el relato de Victoria (76 años). La dictadura de Francisco Franco edificó una suerte de caridad adiestradora en diversos sanatorios y colegios desplegados por España. Con especial énfasis en el obligado 'sumisa y devota' femenino.


Las malsanas condiciones de estas "cárceles para niñas" hacían del día a día un discurso claustrofóbico, según denuncian las víctimas. La imputación forma parte de la única causa judicial abierta en el mundo contra los crímenes franquistas, la Querella Argentina. En los testimonios quedan reseñados las vejaciones y malos tratos que los curas y cuidadoras ejecutaban en unas instalaciones que dependían del Patronato Nacional Antituberculoso.

Victoria, como otras "compañeras", no quiere que estas historias queden en el olvido. "A los desmanes allí ocurridos nunca se le puede aplicar el borrón y cuenta nueva, como ha sucedido, por eso quienes niegan esa verdad lo hacen para evitar esa realidad incómoda", relata.

(imagen visible para usuarios registrados)Victoria Madrera Pareja con trabajos realizados cuando era niña. | JUAN MIGUEL BAQUERO
"Seis meses de estupendas vacaciones"
"Me da angustia cuando recuerdo lo que pasamos", asegura. Pero es necesario combatir la desmemoria, asiente. Por eso quiere contarlo. Victoria Madrera recibe a este periódico en su piso de Sevilla, con la vista puesta en el recuerdo impuesto en el internado franquista de la sierra madrileña. Tiene "todo escrito". Más de "100 páginas".

Y arranca. "En marzo de 1956 fui seleccionada por la superiora de mi colegio" sevillano. El destino era el Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama. "La causa, estar muy delgadita", apunta. "Después de seis meses de estupendas vacaciones volvería rolliza y muy guapa".

Pero eso era solo la publicidad de la dictadura de Franco. El escenario sería, asegura, muy diferente. "Fueron seis meses sin salir". Victoria retiene el aliento. "Han pasado 63 años y me sigo emocionando", respira. "Y lo peor es que se ha quedado sin justicia, que es lo que te rebela. Ni en la democracia se ha hecho nada… y esto con niñas, por dios".

Aquella "cárcel infantil" supuso un impacto vital. Ante las niñas se alzaba "un caserón tétrico de piedra fría y oscura" como visión primeriza. De puertas adentro, Victoria atestigua escenas de violencia contra las menores, de vejaciones, de comida pobre e higiene escasa y de sometimiento y trabajo forzado.

(imagen visible para usuarios registrados)Victoria –izquierda– con la "señorita Leo" en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.
De comer, "legumbres con gorgojos"
Guadarrama dejó huella en Victoria desde su entrada en aquel mes de marzo del 56. "Todas tuvimos que cortarnos el pelo y con la cabeza cubierta de pole blanco y una toalla nos mandaron a la cama, tuviéramos o no rojos". Era la primera noche cuando, como todas, "el sueño fue interrumpido bruscamente por unas palmadas y luces encendidas".

El "alboroto" de las cuidadoras despertaba a las niñas. El objetivo era "invitarnos a orinar, a toda prisa". Una tal "señorita Julia", matiza, contaba: "Vamos, vamos, una meadita rápida. Una, una y media, dos, dos y media, tres menos cuarto y tres. Fuera, fuera. A la cama".

"Y era tan desalmada que la infeliz que mojara la cama" recibía un castigo colectivo: "recurrían a técnicas tan inhumanas como acercar una cerilla al culito y obligar a las demás a gritarle 'meona, meona', hasta el cansancio", asegura. "Casi siempre se orinaban una o dos niñas y el sufrimiento lo tenían asegurado", sumado a un aseo "raquítico" porque las duchaban "una vez a la semana, los sábados, y usaban estropajo y jabón verde".

muchas niñas. La respuesta de las cuidadoras era radical. "Lo más cruel que recuerdo es un día que salíamos del 'comedero' y vimos a una niña de cinco añitos que llamaba a su progenitora, "mamá", con la garganta atorada con la incomestible comida que vomitaba y los gritos de "puerca, puerca, te lo vas a tragar y…". Victoria se emociona.

(imagen visible para usuarios registrados)Victoria Madrera Pareja. | JUAN MIGUEL BAQUERO
"Expertas en lavar cerebros infantiles"
"Te vas a tragar tus vómitos, cacho puerca", les decían. "La impotencia de tener que dejar a esa inocente criatura bajo la zarpa de aquella depredadora de infancia me atormentó mucho tiempo", dice Victoria subrayando el episodio de "la niña de cinco añitos". Porque ella era "mayor, con 13 años, y lo recuerdo todo con más claridad".

Tiene la memoria "fresca", desde aquel primer día en Guadarrama. "Antes de desayunar nos llevaron al patio, donde nos enseñaron a cantar un Cara al sol desconocido, y un rezo del Rosario bajo la batuta de don Lauro, el capellán, persona desagradable, de sotana y capa vampiresca", describe Victoria.

Los sanatorios infantiles del franquismo, igual que los colegios para niñas pobres, estaban diseñados para perpetuar la "venganza" contra los vencidos en la guerra civil. "Para anularnos solo necesitaban conocimientos facinerosos, y hacerse expertas en lavar cerebros infantiles con jabones de sumisión patriótica y estropajos clericales", define.

(imagen visible para usuarios registrados)Victoria muestra bordados de su infancia. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Era el perfil habitual. "Solo una ínfima minoría de cuidadoras no estaba de acuerdo con aquella educación del nacionalcatolicismo". Como "una que se llamaba Leo", recuerda con "mucho cariño". Leo "nos leía Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1956. El mismo año que Victoria ingresaba en Guadarrama.

A las internas las clasificaban por colores, con una cinta en el pelo según la sala donde dormían. "La mía era rosa", dice. En los "campos de concentración para niñas" había también "una zona para las ricas y otra para niñas pobres, algunas con el padre en la cárcel por ser republicano".

Bordar "ajuares para ricas"
Una "ignominia" que no podían contar a sus familias "porque las cartas eran abiertas y censuradas con tachones o no llegaban nunca". Sus padres, Manuela Pareja y Antonio Madrera, no conocieron la verdad hasta que Victoria regresó a su casa. Como la violencia. "A mí me pegaron dos veces. Poco", matiza, para las vejaciones que veía a diario.

(imagen visible para usuarios registrados)Victoria con el álbum de fotos de Guadarrama. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Los padres de Victoria pensaban que la dictadura les hacía casi un favor. No conocían a "una tal señorita Lourdes que era de Vigo y disfrutaba ridiculizando mi acento andaluz", recuerda: "Sevillana, fulera, no sabes ni pronunciar, y tu progenitora que clase de progenitora será que ni siquiera enseña a hablar a su hija como las personas".

Manuela y Antonio no sabían, por ejemplo, que la buena maña de su hija para bordar sería usada como trabajo forzado. "Sí, me ponían a coser, eran ajuares para ricas, supongo, nunca nos dijeron para quienes estábamos cosiendo", reconoce. Una pieza tras otra, "manteles, servilletas". Y luego otras. "Nos ponían a las que sabíamos bordar".

Victoria no olvida. "Ni perdono". Porque la democracia española "nunca ha hecho justicia", reivindica. "Y la gente tiene que saber todo lo que pasó". Victoria, hoy, sigue conservando la "la aguja de hacer croché o ganchillo y el canutero donde guardaba las agujas". Pone los objetos sobre una mesa de camilla con un tapete blanco elaborado con sus manos. Al lado coloca las "cinco fotos" que conserva de su estancia en el Preventorio de Guadarrama. "El resto que tenía las rompió mi progenitora". Después de saber lo que ocurría en aquel "campo de concentración para niñas en el franquismo".
 
Verdugos conocidos: la REPRESIÓN facineroso en Montijo (Badajoz) en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)El periodista Chema Álvarez Rodríguez ha publicado un excelente artículo de aconsejable lectura, en el que da cuenta de los crímenes llevados a cabo por falangistas contra Republicanos en Montijo. Este es un resumen de una historia que parecería una novela de terror, pero es tan real como la vida misma, y tan cierta y lúgubre como la gloria que acaba con ella. El periodista (y otras personas) recibió un documento en el que se especifica la identidad de una treintena de falangistas de Montijo, que asesinaron a más de 120 personas de esta localidad de Badajoz durante los primeros meses de la guerra de España.
“..Hay que decir quiénes fueron aquellos responsables, y qué motivo les llevó a hacer lo que hicieron, para que la Historia los condene y ponga en su lugar..”. La represión se extendió hasta bien entrado 1937; los principales responsables quedaron impunes y, en numerosos casos, se adueñaron de los bienes de los represaliados en concepto de botín de guerra.
Cuando Montijo fue tomado por los rebeldes en agosto de 1936, no se había producido ningún asesinato de personas de derechas. Ese 28 de agosto, tras una misa junto a la plaza del pueblo, 14 Republicanos fueron atados de 2 en 2 y transportados en un camión a las tapias del cementerio, donde fueron cancelados. Comenzó una dura represión que, aún hoy día, sigue silenciada en la memoria colectiva de este pueblo. Las ansias de venganza, inquinas, el mero capricho del asesinato, los golpistas mataban con total impunidad. La falange organizó un sistema de represión bendecido por la Iglesia y su párroco y alentado por milicias franquistas y guardia civil. La JONS de Montijo creó las brigadillas de ejecuciones de la escuadra zaina, falangistas jóvenes, algunos de entre 20 y 25 años, que detenían por las noches a los Republicanos para fusilarlos de madrugada.
La oligarquía local no se manchó directamente las manos, los grandes propietarios de tierras e industriales delataban a los huelguistas, a los que habían exigido aumento de salarios, mejores condiciones laborales, a las mujeres que sirvieron en sus casas y que exigieron condiciones dignas, a quienes participaron en las ocupaciones de fincas. Estos oligarcas incrementaron su patrimonio al quedarse con las posesiones de los represaliados (casas, tierras, joyas, dinero). En enero de 1937, el alcalde facineroso de Montijo hizo relación de las parcelas de algunos de los cancelados, entre ellos el legítimo alcalde republicano. El gobierno golpista ya había “legislado” el método para regularizar el saqueo y el expolio.
El cuartel general de Falange se incautó a sus dueños naturales. Allí los vecinos delataban a “sospechosos” de desafección al régimen, o por ojeriza, como el descendiente de un alcalde socialista de unos 14 o 15 años, que se lo llevaron cuando estaba jugando a las canicas, y después lo fusilaron. Los oligarcas señalaban a quiénes había que eliminar, la falange elaboraba los listados, que firmaba el comandante del puesto de la guardia civil, y se le entregaba al carcelero del ayuntamiento. De madrugada un camión hacía la saca, en las tapias del cementerio, los torturaban, los fusilaban, enterradores voluntarios, abrían las fosa, arrojaban los cuerpos y les echaban cal viva. En el documento se dan los nombres y apellidos de todos estos responsables. Quién delataba, quién extorsionaba, quién transportaba, torturaba, mataba, quién daba el tiro de gracia, quién enterraba, abusa, quién robaba.
Algunos de los pistoleros, gatilleros y sicarios eran labradores de clase media, fascistizados, artesanos (herreros, carpinteros, herradores, carniceros, esparteros, etc.), que trabajaban para los propietarios de tierras y ganado, comían gracias a ellos, tenían ideas de derechas, se afiliaron a la falange a hacer el trabajo sucio fusilando Republicanos. Muchos fueron recompensados, con oficios de funcionario municipal o quedándose con huertas de sus víctimas. Los “chaqueteros”, que antes de la toma del pueblo habían sido de izquierdas, para salvar el pellejo delataban y fusilaban a sus antiguos compañeros. Llegaron a hacer tal escabechina que un terrateniente les dijo: “vais a quedar el pueblo sin obreros para trabajar la tierra”. No le preocupaban los asesinatos, sino la escasez de mano de obra.
Los responsables eran ladrones, matones y forzad. Cometían sus fechorías borrachos de coñac y con total impunidad. Era la manada descontrolada de aquella época, con pleno poder para hacer lo que les viniera en gana. “La Pasionaria de Montijo”, una destacada sindicalista, fue reiteradamente y brutalmente forzad en su propia vivienda, en presencia de su familia, hasta que fue asesinada junto a un arroyo, entre La Roca de la Sierra y Villar del Rey. Su cuerpo aún no ha sido encontrado. Diversas investigaciones confirman los hechos y coinciden con lo historiado en numerosos libros, la mayoría de ellos de Juan Carlos Molano Gragera, quien ha buceado en la historia más ingrata de este municipio, Montijo. Los hechos eran sobradamente conocidos. Sólo faltaban los nombres. Ahora se conocen.
 
CRÍMENES DEL COMUNISMOGarcía Atadell, la represión organizada por las izquierdas
Juan E. Pflüger
/ 03 noviembre, 2017(imagen visible para usuarios registrados)

(mensaje citado en revisión)
Agapito García Atadell fue el responsable de la checa instalada por la Brigada de Investigación Incivil en la calle Martínez de la Rosa número 1 de Madrid. Allí fueron asesinadas más de un centenar de personas de las más de 800 que pasaron por las instalaciones y que fueron, en su mayor parte, torturadas.

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La historia de García Atadell es otro de los hechos que demuestra que la represión en la retaguardia republicana fue organizada desde el Gobierno del Frente Populary que los centros ilegales de detención no estaban en manos de “un puñado de incontrolados”, como aseguran los historiadores de izquierdas y los defensores de la Ley de Memoria Histórica.
García Atadell nació en 1902 y era tipógrafo de profesión. Desde muy joven se vinculó al sindicato UGT, y al PSOE. En 1921 se afilió al recien creado PCE, donde promocionó hasta ser nombrado secretario de las Juventudes Comunistas. En 1928 volvió a la UGT y el PSOE. Formando parte de la Ejecutiva Federal del sindicato y siendo uno de los hombres de confianza de Indalecio Prieto, de cuya escolta fue uno de los dirigentes.
Su carácter agresivo quedó claro en los años veinte. Donde sus detenciones y multas son continuas: en 1922 fue detenido tras atacar a un impresor, Benito López García, que se negó a afiliarse a su sindicato; dos años después se le detuvo por incitar a la sedición; y ese mismo año, 1924, cumplió un año de cárcel por una agresión durante una huelga.
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Llega a 1931 bien posicionado dentro de la UGT gracias a sus contactos con Prieto. En 1934 participó en la revolución de 1934 y pasó un tiempo en la cárcel hasta que en 1936 fue uno de los escoltas del líder socialista. Gracias a estas relaciones, al comienzo de la guerra se le nombró jefe de las “Milicias Populares de Investigación”. Un cargo que dependía del ministro de Gobernación, Sebastián Pozas, que quería reforzar la Brigada de Investigación Incivil. Su jefe directo fue el inspector de la Policía Antonio Lino.
Las autoridades republicanas le cedieron el palacio de los condes de Rincón, en la calle Martínez de la Rosa núemero 1, donde recibió el encargo de organizar un centro de detención, una checa y se le encomendó el mando de 48 agentes que eran antiguos milicianos del PSOE y la UGT a los que se había nombrado agentes de policía.
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Atadell era el dirigente de la denominada como “Brigada del amanecer” y del siniestro grupo “Los linces”. En los dos meses que ocupó su cargo detuvo a 800 personas, de las cuales más de cien fueron asesinadas. Practicó centenares de registros y las incautaciones de objetos de valor que realizaba no tenían ningún control, con lo que junto a sus lugarteniente, Luis Ortuño y Pedro Penabad, consiguió reunir un gran botín que ascendía a 25 millones de pesetas de la época. Salieron hacia el puerto de Alicante en octubre de 1936.
La historiografía de izquierdas insiste en señalar que fue el encargado de negocios George Ogilvie quien le convenció de que abandonase la represión. Pero la realidad es que el plan de Atadell era escapar junto a sus socios con el botín y escapar a Hispanoamérica. Los milicianos comunistas llevaban tiempo intentando apropiarse de parte del botín conseguido por Atadell, pero éste siempre lo impidió, lo que le granjeó importantes enemigos en Madrid.
Para fugarse, no dudó en saquear una cuenta a nombre de su esposa, una antigua monja, a la que abandonó para escapar con sus socios. Se trasladó a Alicante donde compraron documentos de identidad cubanos falsos. Pero fue delatado a las autoridades francesas para que fuera detenido en la escala que el barco en el que viajaban iba a realizar en Vigo. El embajador republicano en Francia, Luis Araquistáin, fue autorizado para delatar al fugado ante las autoridades franquistas para que fuera detenido al ser considerado un traidor tras su fuga.

El barco, de bandera francesa, estaba bajo la autoridad del país vecino, pero en ese momento el Gobierno galo no autorizó la detención al hacer escala en Vigo. Sin embargo, el 24 de noviembre, en una escala en Las Palmas, la autorización se concedió y fue detenido y trasladado junto a sus compinches a Sevilla, donde se le ingresó en un módulo de alta seguridad.
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Durante el juicio al que fue sometido, se practicaron diligencias completas. Los testimonios en su contra fueron demoledores frente a cualquier defensa posible y se le condenó a gloria. Una sentencia que fue cumplida el 15 de julio de 1937.
Desde su cautiverio hasta su gloria, Garcia Atadell se convirtió al catolicismo y adjuró de sus acciones y anteriores creencias socialistas. Murió encomendándose a Cristo Rey.
 
CANCELADO EN 1963
Grimau, el torturador y malo al que ahora reivindica la izquierda española
Juan E. Pflüger
/ 19 septiembre, 2017
(mensaje citado en revisión)
Igual que ocurriera en 1963, la izquierda sigue aprovechando la mínima oportunidad para criticar el franquismo. La diferencia es que entonces, lo hacían desde el exterior porque Franco gobernaba en España y ahora lo hacen desde el interior. Siguen obsesionados con el hecho de que el general muriese en la cama y ocupando la jefatura del Estado y del Gobierno.

Los artículos laudatorios dedicados a Grimau más de medio siglo después de su condena a gloria y ejecución siguen asegurando que fue injusto. Veamos cuál fue la actividad incivil del líder comunista en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil.

Grimau tenía veinte años cuando se proclamó la república. Tras pasar por Izquierda Republicana, en 1935 se afilió al Partido Republicano Federal y, tras el inicio de la Guerra Civil, ya en octubre de 1936, pasó al Partido Comunista de España. Un mes después -coincidiendo con las sacas a Paracuellos desde las cárceles madrileñas- Santiago Carrillo le nombra jefe de grupo de la Brigada Incivil de Madrid.Pocos mesese después, y en agradecimiento por los servicios prestados en la represión en la retaguardia republicana de Madrid, es trasladado a Valencia donde se le asciende a Secretario General de Investigación Incivil.(imagen visible para usuarios registrados)
En agosto de 1937 se le reconoce en el boletín de la Dirección Genreral de Seguridad el mérito de haber detenido a sesenta y tres personas que fueron canceladas posteriormente.
Donde Grimau depura su labor incivil es en Barcelona. Allí, además de tener víctimas de la derecha “que tenían que ser aniquilados por la revolución proletaria”, centró sus esfuerzos en acabar con los elementos troskistas. Desde finales de 1937 y a lo largo del resto de la Guerra Civil, su labor como responsable de seguridad se alterna con la de interrogador-torturador y testigo de cargo en docenas de procedimientos. Todos ellos acabaron con la ejecución-asesinato de sus detenidos.
Entre sus técnicas de tortura destacan las más despiadadas traídas a España gracias a los agentes soviéticos enviados por Stalin, con los que Grimau colaboraba y de los que aprendió las mśa depuradas técnicas de tortura.

(imagen visible para usuarios registrados)Solía actuar en los sótanos de las dependencias de la Brigada Incivil, en ese lugar, como aseguran testigos de aquellos interrogatorios, se empleaban técnicas como la de quemar pies y manos con un soplete para obtener las confesiones. Varias mujeres que fueron detenidas en la estación de ferrocarril de Gerona cuantan como a una de ellas, que acabó siendo cancelada, la maltrataron física y psíquicamente llegando a arrancarle el cabello a tirones.
A un magistrado del que esperaba obtener una confesión que le hiciera reconocer que condenó a milicianos comunistas sin prubas antes de la Guerra Civil, llegó a llevar a sus descendientes de 2 y 7 años a la checa de la Plaza de Berneguer el Grande y amenazarles con una pistola si no firmaba tal confesión.

Uno de los testigos de sus torturas, Nicolás Riera Marsá, cuenta como “Empleaba el tal Grimau un dispositivo eléctrico acoplado a una silla. Usaba también una cuerda de violín o de violonchelo puesta en un arco de violín, que provocaba, aplicada sobre la garganta del interrogado, una agobiante asfixia que enloquecía al torturado. Otros interrogatorios se efectuaban con el preso atado a un sillón de barbería, situándose dos individuos detrás de él, mientras Grimau hacía las preguntas con una luz enfocada a la cara del interrogado; si la contestación no era de su agrado recibía dos golpes simultáneos de los hombres situados a su espalda que lo dejaban, en primer lugar, baldado y, después, con un miedo atroz y una tensión nerviosa tan brutal que obtenía cuantas declaraciones quería, verdaderas o falsas. A uno de los detenidos, Juan Villalta Rodríguez, se le castró en la silla de barbero, donde existían unas placas eléctricas que le fueron aplicadas a los testículos, produciéndole quemaduras pavor. Este tormento también lo sufrió don Francisco Font Cuyás que, como el anterior, fue cancelado más tarde”.
(imagen visible para usuarios registrados)Su “eficacia” a la hora de obtener confesiones hizo que en el proceso contra el POUM, acusados de troskistas, fuera el encargado de obtener las confesiones que acababan con el fusilamiento de los encausados. Su sumisión a las tesis de Stalin llevó a que se le apodase como “el ojo de Moscú”.
Hay una constante declarada por todas aquellas personas que sufrieron en sus casas el registro del grupo que dirigía Grimau: no dejaba ningún objeto de valor en ninguno de los domicilios que visitaba. Y su afán de lucro era tal que no dudaba en repartirse con sus hombres el botín en presencia de sus víctimas.

Jorge Semprún, miembro del Comité Ejecutivo del PCE en el exilio en 1963 cuando fue condenado a gloria y ejecutado Grimau, ha dejado un tesitmonio que, pese a la campaña internacional en su defensa, deja claro el carácter incivil del “ojo de Moscú”. Su declaración deja claro el carácter del personaje y muestra como se suavizaron sus crímenes en el libro biográfico publicado por el PCE en homenaje al torturador:
“A raíz de su detención [de Grimau], y sobre todo después de su asesinato, cuando participé en la elaboración del libro (Julián Grimau — El hombre — El crimen — La protesta, Éditions Sociales, 1963) que el Partido consagró a su memoria, fui conociendo algunos aspectos de su vida que ignoraba por completo mientras trabajaba con él en la clandestinidad madrileña. Así, por ejemplo, yo no sabía que Julián Grimau, pocas semanas después de comenzada la guerra civil, cuando todavía era miembro del Partido Republicano Federal —sólo se hizo comunista en octubre de 1936—, había ingresado en los Cuerpos de Seguridad de la República, trabajando primero en la Brigada Incivil de la policía de Madrid. Un día, mientras preparábamos la confección del libro ya citado, Fernando Claudín, bastante desconcertado y con evidente malestar y disgusto, me enseñó un testimonio sobre Grimau que acababa de recibirse de América Latina. Allí se exponía con bastante detalle la labor de Grimau en Barcelona, en la lucha contra los agentes de la Quinta Columna franquista, pero también —y eso era lo que provocaba el malestar de Claudín— en la lucha contra el POUM. No conservo copia de dicho documento y no recuerdo exactamente los detalles de esta última faceta de la actividad de Grimau, que el testigo de América Latina reseñaba como si tal cosa, con pelos y señales. Sé únicamente que la participación de Grimau en la represión contra el POUM quedaba claramente establecida por aquel testimonio, que fue edulcorado y censurado en sus aspectos más problemáticos, antes de publicarse muy extractado en el libro al que ya he aludido”.
 
Pozo de Serretes, jugar al escondite con las víctimas del comunismo
Juan E. Pflüger
/ 24 julio, 2017

(mensaje citado en revisión)
Es el Pouet de les Serretes, donde se acumulan casi un centenar de cuerpos de víctimas de la represión realizada por el Frente Popular en los municipios de la zona.

La Causa General reconoce la imposibilidad de cuantificar el número de cuerpos que fueron allí arrojados. Pero estudios posteriores elevan el número a más de noventa. En los documentos que hacen referencia a Traiguera podemos leer lo siguiente: “el número de las víctimas no se puede relacionar por ignorarse, siendo público que en dicho pozo fueron echados vivos o perecid en la cuneta lo menos sesenta”.

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Poco después esboza una primera lista de víctimas cuyos restos se encuentran en el pozo de Serretes: “sabemos que en el fondo yacen los siguientes: Ramón Compte Queralt vecino de La Jana. Miguel Vericat Meseguer, vecino de Canet lo Roig. Bautista Pedra Borrás, de Célig. Vicente Cifre Arnau, de San Jorge, Sacerdote. Magdalena Esteller Tolos, de San Jorge…”
El mismo documento también informa de lo siguiente: “No se ha practicado ninguna exhumación de los cadáveres echados al referido pozo, el cual tiene lo menos cuarenta metros de profundidad, no habiendo solicitado nadie la exhumación…”
Gracias a los trabajos realizados posteriormente, podemos saber algunos de los asesinados cuyos restos terminaron en ese pozo de Taiguera. Ninguno de ellos tenía responsabilidad política alguna, ni se habían posicionado a favor del alzamiento del 18 de julio. Allí fueron arrojados los cuerpos de aquellos cuyos credos -religiosos y políticos- pretendían ser borrados por los milicianos socialistas, comunistas y anarquistas.

(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

El primer cuerpo arrojado al pozo fue el de Bautista Pedra Borrás. Tenía 19 años y era carpintero mecánico. Militante carlista, se encontraba trabajando el 14 de agosto de 1936 intentando arreglar una trilladora en el municipio de Alcanar. Sin juicio, aquel día por la tarde fue llevado al kilómetro 13 de la carretera de Morella a Vinarós. Allí fue asesinado a disparos y su cuerpo quedó abandonado en la cuneta hasta que unas horas después decidieron tirarlo al pozo que había a unos metros.
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Era el comienzo del uso del pozo de Serretes para deshacerse de los cuerpos de la represión. Algo que ya hemos visto en Camuñas, en plena Mancha.Y que fue habitual en la España controlada por el terror rojo: Paracuellos, Vaciamadrid, Aravaca,….
Tras el asesinato del joven militante carlista, aquel mismo día, el sacerdote José Vicente Cifre Arnau y Magdalena Esteller Tolós -también carlista- fueron asesinados en las inmediaciones del pozo y sus cuerpos arrojados allí. Eran los primeros de una larga lista. Después vendrían Agustín Vilás Abás y Domingo Farnós Bel, ambos vecinos de Calaceite.
(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

Ya en octubre, cuando más de una docena de cuerpos habían sido arrojados al pozo, fue asesinado allí Ramón Compte Querol. Poco después ocurría lo mismo con el labrador de 75 años Miguel Vericat Meseguer.
El 20 de octubre fueron asesinados en el pozo cuatro vecinos de La Jana: Ramón Vallés Gargallo, Tomás Gilabert Vea, Juan Tomás Gargallo Vea y Roque Vea Balaguer.Dos días después, también de la misma localidad, fue arrojado Serretes Ramón María Compte Querol, al que dispararon a la barriga y fue arrojado vivo al pozo.
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Así siguieron asesinando a personas de la localidad. Tras la Guerra Civil se levantó un monumento en recuerdo a las decenas de víctimas asesinadas allí. Y en los municipios de los alrededores quedó claro que quienes habían sido arrojados al pozo de Serretes no eran ni responsables políticos, ni grandes propietarios. Eran víctimas de rencores personales a los que se había asesinado amparándose en los comités revolucionarios creados en todas las localidades.
El pozo no era, según los vecinos de la zona, sino un lugar en el que intentar deshacerse de los cadáveres para que fueran difíciles de encontrar por sus familiares mientras seguían con los asesinatos en la retaguardia republicana.
 
San Jorge, asesinatos y robos en la retaguardia republicana
Juan E. Pflüger
/ 21 julio, 2017(imagen visible para usuarios registrados)
Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos EstatalesMinisterio de Cultura.España

(mensaje citado en revisión)
San Jorge es un municipio e la provincia de Castellón, a 14 kilómetros de Vinaroz. Cuando la localidad fue tomada el 15 de abril de 1938 por las tropas nacionales se formó un ayuntamiento nuevo presidido por José Miñana que, ante las denuncias de los desmanes cometidos por los miembros de los partidos de izquierdas, ordenó la elaboración de un informe que fue remitido al auditor del Ejército con sede en Vinaroz el 29 de abril siguiente.

(imagen visible para usuarios registrados)

En ese informe recoge la mayoría de los crímenes cometidos por los miembros del Comité Ejecutivo –sustituto revolucionario del ayuntamiento-, controlado por Izquierda Republicana -el partido de Manuel Azaña- y la CNT.
Este Comité se organizó como una organización incivil, centrada en la obtención de dinero por medio de la extorsión, además de acabar con a religiosos y destacados representantes de la derecha local.
Su primera actuación en esta línea se produjo en la primeras semana de agosto. En esos días asaltaron la Iglesia Parroquial y, durante dos días, se dedicaron a saquear todos los objetos de culto, las imágenes y los elementos de valor que había en su interior. Para evitar que las imágenes y los objetos de culto fueran destruidos, se exigió a las personas consideradas de derecha que entregasen la cantidad de dos mil pesetas para que les fueran entregadas.
(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

Se aprovechó para realizar un censo de aquellas personas que se hacían responsables de cada uno de los objetos. Unos días después, el Comité ordenó que toda persona que tuviese en su casa objetos religiosos los trasladase a un punto del municipio, bajo pena de gloria de quién no lo hiciera. Una vez entregados, fueron destruidos. Se obligó a todos aquellos que hicieron entrega de los objetos religiosos a presenciar la destrucción de los mismos.
Poco después, miembros del Comité Ejecutivo se dirigieron a la residencia de Enrique Esteller Esteller, antiguo alcalde del municipio por las candidaturas de la derecha, y le exigieron la entrega en el acto de mil pesetas. Como no las tenía, tuvo que pedir un aplazamiento para poder reunir esa cantidad.
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Unas semanas después, Enrique Esteller Esteller y Luis Miralles fueron expulsados del municipio por su carácter de propietarios de tierras. A la vez que los miembros del Comité entraban en el domicilio de Guadalupe Esteller, a la que también exigieron el pago de mil pesetas para no ser asesinada.
(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N

El 15 de agosto comenzaron los asesinatos en San Jorge. Un municipio en la retaguardia profunda de la zona controlada por el Frente Popular. Y nuevamente el primero en caer fue un religioso. En este caso la primera víctima fue el sacerdote José Vicente Cife Arnau, natural del municipio pero que ejercía su ministerio en Salsadella. Junto a él fue asesinada Magdalena Esteller Tolos, de 59 años. Su delito, ser una conocida militante de la derecha católica de la localidad. Sus cuerpos fueron tirados a un pozo en las proximidades de San Jorge.

Ese mismo día, los miembros del Comité volvieron a hacer caja y entraron en el domicilio de Patrocinio Esteller, a la que sacaron mil pesetas a cambio de perdonarle la vida.
Durante los siguientes días de agosto, los milicianos del Frente Popular visitaron los asentamientos de los colonos en los alrededores del municipio exigiéndoles el pago de un impuesto revolucionario para no expulsarles de las fincas que habían ocupado y arrebatado a sus legítimos propietarios.
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El 30 de septiembre volvieron a presentarse en la casa de Guadalupe Esteller, esta vez para exigir que su marido, Francisco Esteller Esteller, antiguo alcalde del municipio, se presentase en la sede del Comité, que había ocupado las dependencias del Ayuntamiento. Éste se presentó a media mañana y las dos de la tarde fue asesinado.
Quince días después, dos vecinos –Francisco Vicente Esteller Esteller y Miguel Juan Esteller Agramunt- fueron citados en el Comité para ir a declarar al Comité Comarcal de Benicarló. La realidad fue que habían sido trasladados al municipio de Santa Magdalena de Pulpis, donde fueron asesinados pocas horas después.
También en aquel mes de octubre un vecino de la localidad, Pedro Ramón Esteller Puchal, que había ansioso a cazar para llevar comida a su casa, fue emboscado y asesinado por tres miembros del Comité.
Esta es la historia de la represión en un pequeño pueblo que contaba en 1930 con poco menos de 1.200 habitantes. Tras la Guerra Civil, se intentó localizar a los integrantes del Comité que habían participado en estos delitos. La lista era de 24 personas. Fueron localizados doce de ellos. Diez condenados a gloria, pero solamente se ejecutaron cuatro de las sentencias. Fueron las de Bautista Cañada, Antonio Lladser, Bautista Bort y Juan Folía.
 
La ‘memoria histórica’ reivindica ahora las checas por su ‘lucha contra los sublevados’
Juan E. Pflüger
/ 07 abril, 2017

Otra de las ocurrencias del Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, que preside la socialista Francisca Sauquillo, es la de colocar placas en los edificios madrileños en los que funcionaron las checas durante la Guerra Civil. Pero no lo hacen como recuerdo de las víctimas y para denunciar a los incivil, sus asesinatos y torturas. Lo hacen para recordar los “centros de detención de personas sospechosas de colaborar con los sublevados contra la República”.
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Hace unas semanas sabíamos que el presidente del actual Círculo de Bellas Artes, Juan Miguel Hernández León, conseguía que en la reaccionarioda del edificio municipal situado en la calle Alcalá 42, no se ponga la mencionada placa. Su argumento era que el actual edificio solamente fue sede de la checa durante unas semanas y que allí no se torturó ni se asesinó a nadie.

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El argumento, históricamente falso a todas luces, ha convencido a los responsables de la memoria histórica en el Ayuntamiento y la placa no será instalada. Todo ello a pesar de que la checa, que funcionó desde agosto de 1936 hasta noviembre del mismo año, cuando fue clausurada al integrarse sus responsables en el organigrama de las sacas y asesinatos de Paracuellos del Jarama, como queda acreditado en la Causa General.
La checa fue constituida en los primeros días de agosto de 1936 en el palacio de Bellas Artes, en la calle Alcalá 42 de Madrid. La reunión en la que quedó configurado el funcionamiento de este centro de torturas y asesinatos estaba presidida por el director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, fruta de Izquierda Republicana. En ese acto había representantes de todos los partidos políticos del Frente Popular y de las organizaciones sindicales relacionadas con ellos. Muñoz dejó claro que la misión de ese centro, dependiente de la Dirección General de Seguridad, era el ejercicio de la política represiva, y además tendrían amplias atribuciones que les eran conferidas directamente por el Gobierno. ¿No decía la historiografía marxista que la represión durante los primeros meses de la guerra en el bando republicano era fruto de exaltados e incontrolados y no tenía nada que ver con el Gobierno y las instituciones?
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El nombre oficial, aceptado por el Gobierno republicano, de lo que se creó en la checa de Bellas Artes-Fomentos fue el de Comité Provincial de Investigación Pública y, además de los representantes de todos los partidos y organizaciones sindicales frentepopulistas, contó siemprecon representantes de organismos oficiales. Entre ellos destacaban el representante del Gobierno del Frente Popular y el de la Dirección General de Seguridad.

La checa de Bellas Artes-Fomento fue una de las últimas en crearse, cuando ya funcionaban cerca de doscientas en Madrid. Cuando se planteó la creación del Comité Provincial de Investigación Pública alguno de los presentes, como es el caso del destacado miembro de Izquierda Republicana, Julio Diamante, se planteó que deberían cerrarse el resto de las checas. Sin embargo la de Bellas Artes-Fomento no quedó en exclusiva, es más, duró mucho menos que el resto de checas de Madrid.
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En esta checa se practicaban las mismas torturas que en el resto de las existentes, unas torturas que ya hemos explicado aquí,pero tenía una diferencia con el resto de estos centros. En Bellas Artes-Fomentos todos los presos obtenían la libertad. Se realizaba un juicio ante un tribunal popular en el que ninguno de sus miembros había visto jamás un libro de leyes. Y tras obtenerbajo tortura las declaraciones que deseaban, recibían una sentencia en la que se ponía siempre la letra “L”, o la palabra “Libertad”. Cuando la letra o la palabra iban seguidas de un punto, esa misma madrugada se cometía el asesinato de los presos. Si la letra o la palabra iban sin el signo de puntuación, volvían a ser detenidos y a sufrir torturas.
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Aunque se desconoce el número total de víctimas que fueron asesinadas en la checa de Bellas Artes-Fomento, los cálculos establecidos por los hsitoriadores que la han investigado coinciden en señalar que superan, con mucho, a los 450 crímenes que cuantifica la Causa General. Los datos más exhaustivos recogidos en los estudios de César Vidal, Javier Cervera o Stanley G. Payne dupican este número.
 

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